Bolívar y los Súper Próceres

Por: Diego Alejandro Torres | @sr_mowgli

Mi primo se está graduando del colegio Simón Bolívar. Él quiere estudiar Ingeniería en la Universidad Simón Bolívar. Tiene interés en eso porque su papá trabajó en el Satélite Simón Bolívar y su mamá en la Planta Simón Bolívar. No obstante, también le gusta la música, pues él toca en la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, y se ha presentado en importantes sitios como El Teatro Simón Bolívar. Para aclarar sus ideas, hoy vamos a tener una conversación en la Plaza Bolívar (no la del Hatillo, ni la de Sucre, ni la de Baruta, ni la de Libertador, será en la de Chacao) y nos iremos caminando hasta el Parque Simón Bolívar… Cielos, eso es difícil de procesar.

Creo que cualquier persona que viva en Venezuela conocerá esa cualidad, un tanto desesperante, de que cualquier cosa puede llevar el nombre “Simón Bolívar”. Tenemos miles de plazas, una universidad, varias escuelas, centros culturales, un satélite, y un sinfín de instituciones. Además, por si fuera poco, hay una enorme abundancia de estatuas neoclásicas con su figura que tienden a estar en las plazas –unas en forma de bustos, otras ecuestres y otras de cuerpo completo-, siempre para recordarnos su gloria. Y no basta con eso, sino que también, para colmo, tenemos su imagen en toda la propaganda oficial del gobierno, con su supuesto rostro que ahora está en todas partes. Parece que al pobre Libertador no lo dejan descansar en paz.

Y no solo está en el caso de Bolívar, es algo que uno puede encontrar en menor medida con los demás próceres: Miranda, Sucre, Mariño, etc. Sé que es un fenómeno que también se da en el resto de Latinoamérica, aunque sinceramente ignoro si con la misma intensidad. Parece casi una necesidad, es como si hubiera una ansiedad que convirtiera en requisito hacer ese culto a los próceres.

En mi opinión, eso es algo que debemos superar. Está bien la pretensión de la conciencia histórica, pero creo que esto llega a la idolatría. Una presencia tan constante los convierte en dioses, lo cual dificulta una visión objetiva del pasado. E inclusive, se le ha distorsionado: hoy en día hasta se nos ha llegado a vender la imagen de un Bolívar socialista y de ascendencia africana, muy revolucionaria, y de dudosa veracidad.  Pero… ¿por qué tanta insistencia en “honrar a nuestros héroes”?

Un culto romántico

El origen del culto al prócer  latinoamericano tiene su origen, “para variar”, en el romanticismo. Al igual que una gran cantidad de nuestras concepciones culturales, el movimiento romántico que se gestó en la Europa de principios del Siglo XIX fue sumamente influyente en este lado del Atlántico y llegó a aportar ideas que serían tomadas por las personas que fundaron nuestras naciones.

Explicar con profundidad en qué consiste la compleja y subjetiva ideología romántica es una tarea que no corresponde hacer aquí, pero podemos hablar de algunos de sus postulados. El romanticismo se dio, principalmente, como una reacción contra el siglo de las Luces y contra la Modernidad en sí, contra el principio de la racionalidad como único medio de desarrollo para el ser humano. Los pensadores y artistas de ese movimiento buscaron en la emocionalidad y en la imaginación un vehículo de comunicación interior, una conexión con la espiritualidad.

El romanticismo estableció varios mitos –el artista como ser marginado, el culto a la naturaleza, la infancia, el hombre primitivo, etc-, pero uno que fue particularmente difundido en América es el del héroe. Ese y el de la nacionalidad. Porque aunque cueste creerlo, dicho movimiento fue sumamente político, solo que, a diferencia de los movimientos artísticos anteriores, su carácter fue reaccionario contra el poder tradicional y mostró su apoyo a las nuevas tendencias políticas. Fue la época de los grandes cambios que ocurrieron en los estados de Occidente.

La época del romanticismo ocurrió después de la Independencia de los EE.UU. y de la Revolución francesa. La primera mitad del siglo XIX fue de revoluciones. Muchos artistas de ese movimiento apoyaron los procesos políticos que se estaban llevando a cabo. Por ejemplo, William Blake (aunque este cuenta como un prerromántico) hablaba en varios de sus poemas de lo que se desarrollaba en Francia. Lord Byon,  Eugène Delacroix y Víctor Hugo también apoyaron las causas insurgentes. Hasta eso entonces, el Arte siempre había servido al poder tradicional, fue a partir de esa época que este empezó a manifestar su apoyo a las nuevas corrientes.

El nacionalismo, tal y como es entendido hoy en día, nació en ese momento. También fue la época de las guerras de independencia. Y no solo eso: el elemento regionalista que exalta la identidad de determinados grupos de habitantes de una región también data de esos tiempos. En el primer tomo de Literatura Hispanoamericana, de Oscar Sambrano Urdaneta y Domingo Miliani, se explican estos puntos:

La exploración del ayer lejano despierta en los románticos interés por los acontecimientos  más recientes. En la medida que el pasado sigue siendo un acicate para los espíritus imaginativos, la historia se hace narración viva, descripción minuciosa, resurrección emocionada de hechos memorables… y en la medida en que el ayer es raíz de nacionalidades y explicación del estado presente de la humanidad, la historia se hace especulativa… Y nace también la “biografía romántica”, reflejo del individualismo, del culto al héroe, de la preferencia de lo particular antes que lo general” (Página 173, El Romanticismo).

Y en otro párrafo del mismo capítulo dice:

El hallazgo romántico de esta vena popular tiene en la literatura hispanoamericana proyecciones importantísimas. Se descubren personajes populares característicos de cada región, y se transforman en arquetipos nacionales: el llanero, el gaucho, el cholo, el roto, el pelado, el mulato. Se revelan sus coplas y romances,  sus formas de habla, sus vestidos típicos, sus maneras de vida y de trabajo, su visión del mundo” (Página 175, El Romanticismo).

El Romanticismo, como movimiento cultural, influyó en América Latina más en el aspecto político que en el artístico o literario. Es lógico: las condiciones eran totalmente diferentes a las que había en Europa, tema del que se hablará en otra ocasión,

 En líneas generales, ese el origen de la obsesión latinoamericana con la historia y sus héroes o, mejor dicho, personajes que ha convertido en héroes. En lo personal, creo que es importante la conciencia histórica, tanto en lo político como en lo cultural, pero creo también que en Venezuela –y sospecho que en buena parte del resto de América Latina-, falta lo segundo. Todo el mundo sabe de la batalla de Carabobo o del Decreto de Guerra a Muerte, sin embargo: ¿cuántas personas saben del Romanticismo como motor del culto al patriotismo? Podemos memorizar algunos hechos y fechas, pero eso no es suficiente para entender nuestros tiempos.

Ese mismo problema se manifiesta a diario en Venezuela. Este gobierno (qué fastidio siempre tener que hablar de él) ha llevado el culto a Bolívar y al patriotismo hasta extremos inverosímiles. Ya la palabra “patria” la usamos con sarcasmo –“no hay medicinas para la hipertensión, pero hay patria”–. Y la imagen “oficial” de Bolívar está en todas partes, en todas las instituciones del régimen y forma parte de lo que en otro artículo llamé Imágenes Acosadoras.

En lo personal, no me parece una visión madura de la Historia. Yo sí me siento venezolano, pero no me considero nacionalista, o al menos no en el sentido clásico de la palabra. Soy más venezolano por las costumbres y las tradiciones con las que me han criado y con las que me identifico que por los acontecimientos políticos y militares que ocurrieron hace 200 años. Del Romanticismo prefiero heredar más la identificación –que no es lo mismo que el culto o el fanatismo- por lo regional, que por lo pseudohistórico. Y lo digo manteniendo el respeto por las figuras del pasado, pues, realmente, eso es lo que son. Si queremos aprender del ayer, debemos conocerlo e interpretarlo objetivamente.

La otra muerte de Óscar Pérez

Ezequiel Abdala | @eaa1717

Mientras era ejecutado por las fuerzas élites de la dictadura, Óscar Pérez era víctima de otro asesinato, éste de categoría moral, llevado a cabo, casi en su totalidad, por el pueblo opositor. Lo que se leía en redes sociales y grupos de WhatsApp al momento en el que sucedía la masacre de El Junquito -así quedará asentada en la historia-, se movía entre lo nauseabundo y vomitivo. Cada vídeo de Pérez era recibido no ya con la habitual desconfianza de los conspiranóicos -esos inteligentes que saben más que todo el mundo y que ven tras cada opositor a un esquirol de la dictadura que es parte de un plan siniestro de distracción de masas bobas-, sino con la burla cruel de los que ya perdieron todo vestigio de humanidad. Pérez, acorralado en medio de un demencial operativo en el que actuaron más de 1000 funcionarios y se usaron armas de guerra, consumía en el desespero sus últimos minutos de vida y la gente lo que hacía eran chistes sobre la marca de la salsa de tomate que se había echado “el actor” para “simular”. Ése fue el nivel de lo de ayer. Ése es el nivel de lo que va quedando en Venezuela. Que no fue mucho más alto, tampoco, que el de los medios nacionales: casi ninguno informó al momento, y varios de los que lo hicieron fue con bajeza y desprecio -“si se entrega o si lo matan, el país seguirá siendo el mismo”, twitteó una inmisericorde periodista de sucesos-. Y cuando ya todo estaba consumado y se sabía, el mutismo los invadió. La cautela extrema y los malabarismos por decir sin decir fueron la mejor evidencia de hasta dónde ha llegado la (auto)censura. Y cuando por fin dijeron algo, fue muchas veces desde la burla -“Óscar Pérez no era tan duro de atrapar”, tituló Contrapunto-, o el ufemismo -“dado de baja”, “abatido” y “muerto” fueron las palabras más repetidas en los tardíos y escasos titulares que informaron de la noticia, en los que no faltó el calificativo “terrorista”-.

De modo, pues, que cuando la bala que acabó con su vida fue disparada, ya Óscar Pérez era hombre muerto: antes de que la dictadura lo matara, ya lo había hecho, burlándose a mandíbula batiente, el pueblo que él pretendía liberar. Y luego, algunos medios se encargaron de darle el tiro de gracia.

¡Asesinado!

El ‘En este país va a pasar algo’ pareció volverse realidad la tarde de aquel martes 27 de junio, cuando los medios de comunicación y las redes sociales empezaron a reseñar que un miembro de la Brigada de Acciones Especiales y jefe de Operaciones Aéreas del CICPC, de nombre Óscar Pérez, se había sublevado en contra del gobierno de Nicolás Maduro. Desde un helicóptero robado del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Pérez había disparado y lanzado dos granadas hacia la sede del Tribunal Supremo de Justicia. Noticia en desarrollo, por las redes sociales, además de la famosa foto de la pancarta ‘Art. 350 Libertad’, empezaron a salir cualquier cantidad de teorías, análisis y suposiciones en torno al suceso. Ese mismo martes, Pérez publicó una serie de videos en los que explicaba el porqué de sus actos, quiénes eran sus compañeros de lucha y el camino que, según él, debía tomar el país. Luego de la algarabía del momento, del ‘por fin’ momentáneo, de la adrenalina recorriendo por el cuerpo, el hecho dejó mil interrogantes y se fue desvaneciendo con el paso de los días. ¿Montaje revolucionario? ¿Sublevación real? Lo cierto es que Pérez no volvió a aparecer hasta el 5 de julio –vía redes sociales– y luego, cosa rarísima, en plena Plaza Altamira, trece días después. Allí, incluso, pudo declarar a la televisión española antes de subirse a una moto y abandonar el lugar. Tiempo después, de Óscar Pérez fueron saliendo noticias cada tanto. Una entrevista con Telemundo por acá, un video en el que se atribuía un robo de armas de un comando de la Guardia por allá, una conversación con Fernando del Rincón por acullá y así hasta que ayer, en horas de la madrugada, la dictadura, las FAES y la GNB rodearon el lugar donde se encontraba el ex jefe de Operaciones Aéreas del CICPC junto a sus compañeros y un grupo de civiles. Según los periodistas Eligio Rojas (ÚN), Román Camacho y CNN, en el operativo, que contó con más de 1.000 funcionarios, unidades tácticas especiales, un tanqueta blindada del Ejército y una unidad aérea, Oscar Pérez, el hombre más buscado de Venezuela, pese a declarar que se entregaría, fue asesinado.

RESEÑA: Persona non grata – Jorge Edwards

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Persona non grata’, de Jorge Edwards, recientemente editado por El Estilete, es un libro que pasará a la historia por el enorme valor testimonial que tiene, y ya. En lo literario tiene poco, pero lo que cuenta no tiene desperdicio: los meses en los que Edwards estuvo en La Habana enviado por el gobierno de Salvador Allende como el primer Encargado de Negocios chileno (y uno de los primeros diplomáticos latinoamericanos en ir a la isla) tras la ruptura de relaciones que vino con la revolución y la posterior expulsión de Cuba de la OEA.

Se trata principios de los años setenta, en los que ya la revolución ha cumplido su primera década y todavía mantiene el favor de buena parte de la opinión pública y de la intelectualidad extranjera, sobre todo la latinoamericana y especialmente la literaria. Ha habido fusilamientos, ha habido censura, ha habido grandes fracasos económicos, pero la revolución sigue siendo mimada. En Chile, Salvador Allende se hace con la presidencia del país, encabeza un gobierno en el que convergen todas las fuerzas de la izquierda y decide no sólo reestablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, sino enviar allá como representante a Jorge Edwars, incipiente escritor y diplomático que cumplía funciones en Lima.

Edwards, perteneciente a una familia de larguísima tradición conservadora en Chile (uno de sus parientes fue el último embajador chileno en Cuba antes de la revolución) y amigo de escritores cubanos que ya en ese momento estaban empezando a tener serias diferencias con el régimen de Castro, es recibido en La Habana con una frialdad e indiferencia calculadas: no lo buscan en el aeropuerto, por despacho le dan una habitación casi en ruinas, y no atienden prácticamente ninguna de sus peticiones. Él al principio no lo entiende y ve con asombro que eso suceda, siendo él el primer diplomático chileno en muchos años y un símbolo que más bien la revolución debería festejar. Pero luego entenderá, y muy bien.

Su misión culmina tres meses después, cuando es declarado “persona non grata”. En este ínterin, Edwards pasará por una serie de experiencias, casi todas desagradables, y vivirá en carne propia lo que es estar en una dictadura comunista y cómo ella juega con la gente a su libre arbitrio. Son tres meses de infierno, de atmósfera enrarecida y tensa, de paranoia, de permanente estado de sospecha, de desconfianza perenne, de agobio y de desencanto. De hecho, este libro es también, en parte, la historia de un desencanto: el de Edwards con la revolución, tras experimentar su miseria y su autoritarismo en carne viva, y, sobre todo, tras convencerse de su inviabilidad.

Ese trimestre es narrado por Edwards de una manera, eso sí, bastante mejorable. El libro, por algún motivo, se hace bastante pesado. La prosa es correcta y ya. Pero le falta algo que emocione, que enganche, que cautive. Da la impresión de ser una gran historia contada de un modo gris. Aunque esto último es ya bastante subjetivo. En todo caso, vale –y mucho– por lo que cuenta, por cómo desnuda a la dictadura, por cómo deja en evidencia sus métodos de control y de psico terror. Este libro tuvo el mérito de ser prohibido tanto en Cuba como en Chile, de ganarle a Edwards la enemistad de alguna parte de la intelectualidad progre, pero también de abrirles los ojos a mucha gente. Fue una de las primeras obras críticas de peso contra la revolución castrista. Y ya sólo por eso merece ser leído, y mas ahora que gracias al esfuerzo de ‘El Estilete’ se puede conseguir, por lo menos en Caracas, con relativa facilidad.

Persona non grata

Autor: Jorge Edwards

Fecha: 1973

Páginas 478

Calificación: 6/10

RESEÑA: ‘Steve Jobs’

Por momentos abrumadora, de ritmo vertiginoso, guion denso, diálogos avasallantes y escenas que marean. Al mismo tiempo, original, arriesgada, artística y bien actuada. Así es ‘Steve Jobs’ (2015), el largometraje que dirigió Danny Boyle –‘Trainspotting’, ‘Slumdog Millionaire’ y ‘127 hours’– y escribió Aaron Sorkin –‘The Social Network’–. No hecha para ser taquillera, la cinta se aleja de las típicas biopics de librito que buscan resumir, de forma cronológica, sesenta o setenta años en apenas dos horas de película. Por el contrario, ‘Steve Jobs’ escoge tres momentos de la vida de su protagonista y busca sintetizar en ellos el lado oscuro del genio de San Francisco. Desmitificador, el largometraje muestra al Jobs más cruel, el que reniega de su hija y trata a sus empleados de forma inhumana. El que en busca del tan anhelado perfeccionismo puede llegar a ser un patán sin parangón. El que consigue llevársela mal con toda su compañía y ser botado de su propia empresa. Con el ritmo agobiante y los diálogos sobrecargados, Boyle y Sorkin intentaron hacer una película que reflejara la mente de su protagonista. Una película que se pareciese a Jobs más allá de la similitud que pudiese tener el actor encargado de interpretar el papel. Fassbender no tenía la cara de Kutcher (‘Jobs’, 2013), pero sí supo construir un personaje más profundo, que con la suma de pequeños gestos pudiese transmitir cómo era el Steve de la vida real. “La actuación fue muy realista. En algunas películas anteriores vi a los actores simulando a Steve Jobs, pero realmente no me hicieron sentir como si estuviera en su cabeza para entender lo que estaba pasando dentro de él, su personalidad”, comentó el otro Steve, Wozniak, sobre la película. “Mucha gente piensa que la cara de Steve Jobs importa, pero es su cerebro, la cabeza, la forma en que trabajó, cómo pensaba él, cómo actuaba con la gente”, dijo Woz y nosotros le creemos. A pesar de su particular estructura, su ritmo inusual y la cantidad enorme de diálogo, ‘Steve Jobs’ es una buena película para acercarse al hombre que revolucionó, entre otras cosas, las computadoras, las películas de animación, la telefonía y la música.

Patria, socialismo o muerte

Es una de las tantas postales que ha dejado la Revolución Cubana: la de personas teniendo que escapar de su propio país para buscar ya no calidad de vida, sino la forma de darle de comer a los suyos. Los rojos, fidelistas por siempre, han venido copiando el modelo y, a razón de lo que vivimos hoy en día, podemos decir que mal no les ha ido. A veces, la única opción es patria, socialismo o muerte. Ya había pasado algo similar en 2015 y esta semana ocurrió de nuevo: un grupo de venezolanos zarpó ilegalmente desde las costas de Falcón con la intención de llegar a Curazao para buscar trabajo y su embarcación terminó destrozada a orillas de la isla caribeña. Los cadáveres de Joselyn y Danny Sánchez (24 y 33), Oliver Cuahuromatt (33) y Janaury Guadalupe (17) fueron encontrados en la zona de Koraal Tabak por las autoridades locales. Luego de notificar el hallazgo de los cuerpos, Reginald Huggins, representante de la policía de Curazao, informó que fueron detenidos dos venezolanos que estaban por la zona con actitud sospechosa. Tras encontrar a los fallecidos, las autoridades comenzaron a hacer allanamientos por la isla en busca del resto de tripulantes de una lancha que salió con, al menos, 30 personas a bordo. Ciudadanos que pagaron $ 100 para atravesar los kilómetros que separan a Venezuela del territorio perteneciente a los Países Bajos. Esta mañana confirmaron desde la isla el hallazgo de un quinto cuerpo. The Associated Press, por su parte, indicó que al menos 16 personas lograron sobrevivir al naufragio. José Gregorio Montaño, director de Protección Civil de Curazao, le dijo a la agencia que, gracias a la información suministrada por familiares, pudo conocer que 11 miembros de la tripulación se encuentran a salvo, aunque permanecen escondidos por haber entrado de forma ilegal al territorio neerlandés. Otros cinco venezolanos se encuentran detenidos y dos de ellos están en un centro de salud tratándose las lesiones sufridas. Los sobrevivientes serán deportados a nuestro país vía aérea. El cuerpo policial de Curazao afirmó que en 2016 interceptaron 60 embarcaciones provenientes de Venezuela y que en 2017 la cifra se quintuplicó (300).

OJO Con los fotógrafos 2017

Detrás de cada una de las impactantes, desgarradoras y valiosas fotografías que durante las protestas colmaron los medios de comunicación y las redes sociales había una persona arriesgando su integridad física, e incluso su vida, para tomarla. En tiempos de medios comprados, censuras, amenazas y represión, un grupo de venezolanos salió a contar, cámara en mano, cientos de historias a las que la pluma no había podido llegar.

Las armas de fuego detonadas en las manifestaciones, las escopetas de lacrimógenas siendo accionadas de frente, las escandalosas violaciones de los Derechos Humanos, el coraje de la mujer de la tanqueta, la nobleza del joven desnudo, las lágrimas del violinista, el ingenio de los escuderos, la valentía de los paramédicos y el arrojo de los manifestantes fueron momentos que quedaron inmortalizados gracias a su trabajo. Fueron los ojos de un país que durante cuatro meses pudo ver lo mejor y lo peor de su tierra, sus luces y sus sombras, sus efímeras alegrías y sus innumerables tristezas.

La estremecedora frase de Rafael Hernández (@sincepto) –“A mí me dicen: ‘tu mejor foto por tu vida’; y yo digo: ‘dale, hago mi mejor foto’”– abrió una sección que contó con Leo Álvarez (@oelzer), Rayner Peña (@RaynerPenaR), Cristian Hernández (@fortunecris), Horacio Siciliano (@hsiciliano), Miguel Gutiérrez (@miguelgutierrezphoto) y Juan Barreto (@jbarreto1974).

¿Qué es lo que se necesita para ser un fotoperiodista? En ese ámbito, qué es lo principal: ¿la estética o la información? ¿Se pueden manipular digitalmente las imágenes? ¿Qué es una buena foto? ¿Existe el fotoperiodismo ciudadano? ¿En qué se diferenciaron las protestas de 2014 con las del 2017? ¿Cuál fue la situación más ruda que tuvieron que enfrentar? ¿Y el mayor riesgo que tomaron? ¿Sintieron miedo? Esas y otras preguntas fueron respondidas por cada uno ellos durante una sección de la que aprendimos muchísimo.  Puedes leerlas de nuevo aquí:

Leo Álvarez: “El silencio no es opción”

Rayner Peña, el Benjamín de las fotos

Cristian Hernández: “El miedo ayuda a hacer buenas fotos”

Horacio Siciliano: “Todos los días arriesgas la vida”

Miguel Gutierrez: “Salir con una cámara es poner tu vida en riesgo”

-Juan Barreto: “Para unos eres el peor y para otros la salvación”

 

Reseñas del 2017

El año pasado adoptamos el hábito de escribir todas las semanas sobre una película diferente. La sección, que pudo tener forma de crítica, terminó siendo, básicamente, una recomendación cinéfila. Sábado tras sábado fuimos reseñando cintas que, en gran parte, podían entrar en la categoría de imprescindibles, films que por una u otra razón se ganaron un espacio dentro de la memoria colectiva de Occidente.

Por la sección pasaron Russell haciendo de John Nash (‘A Beautiful Mind’: mejor película del 2002 según la Academia); una enorme Marion Cotillard interpretando el papel de su vida en la biopic de Edith Piaf (‘La Vie en Rose‘); Kate Winslet en el largometraje que le dio el Oscar (‘The Reader’) y en el film que hará que la recordemos por siempre (‘Eternal Sunshine of The Spotless Mind’); Robin Williams en la película que le permitió ganar el premio a mejor actor de reparto (‘Good Will Hunting’); el único e inigualable Robert De Niro en la que, para muchos, es su mejor actuación (‘Taxi Driver’); y producciones de habla hispana de la talla de ‘El Secreto de sus Ojos’ y ‘Relatos Salvajes’.

Del cine italiano reseñamos ‘Perfetti sconosciuti –la cinta en la que un grupo de amigos decide en plena cena empezar a leer cada nuevo mensaje de Whatsapp en voz alta– y ‘La prima cosa bella’, el largometraje que abrió la XVII Semana de la Lengua Italiana en Trasnocho Cultural. Películas como ‘Elsa y Fred’, ‘Nightcrawler’ y ‘The One I Love’ completaron una sección que tuvo en ‘Más vivos que nunca’ un pedacito de la cinematografía venezolana.

‘¿Por qué no cayó?’ 2017

Tras más de cien días de protestas y 135 asesinados, un día la calle se apagó, la vida en Venezuela volvió a su normal anormalidad y la dictadura siguió allí. La pregunta, entonces, se hizo inevitable: ‘¿Por qué no cayó?’. Con la premisa de que el periodismo no solo consiste en contar lo que pasa, sino también en ayudar a darle sentido y comprenderlo, el equipo de @RevistaOJO decidió buscar a un grupo de expertos para responder la inquietud sembrada en gran parte de la población.

Unos hablaron de las Fuerzas Armadas y el poder que le concedían al gobierno, otros afirmaron que las protestas habían carecido de un liderazgo certero por parte de la oposición y hubo quienes sostuvieron, convencidos, que la raíz del problema estaba en la pregunta: aunque muchos dirigentes hicieron creer que las manifestaciones podían remover al presidente de Miraflores, lo cierto era que las concentraciones multitudinarias ni tenían ese objetivo, ni estaban en la capacidad de derrocar al gobierno.

Desde el Periodismo, la Historia, el Derecho Internacional, las Ciencias Políticas, la Psicología Social, la perspectiva de los últimos dos Secretarios Ejecutivos de la MUD, la dirigencia estudiantil y aquellos que vivieron en primera persona las manifestaciones, obtuvimos una gama de respuestas que, al unirlas y contrastarlas, nos hizo llegar a la conclusión de que no había una, sino muchas razones por las que el movimiento de calle no tuvo el desenlace que muchos esperaban. Las FANB eran revolucionarias, sí. Faltó un liderazgo coherente, también. Y eso, sin duda, había afectado en la percepción y los anhelos de los millones de ciudadanos que desde abril habían tenido como rutina resistir en el pavimento ante un sol inclemente, unas bombas asfixiantes y una represión criminal.

Elías Pino Iturrieta, Mariano de Alba, Pedro Pedrosa, Nicmer Evans, Ramón Guillermo Aveledo, Luz Mely Reyes, Carlos Benucci, María Verónica Torres, Nehomar Hernández, Rafael Araujo (el señor del papagayo) y ‘Chúo Torrealba’ estuvieron presentes en esta sección y sus respuestas, todavía vigentes, las puedes leer aquí en nuestra web.

Las mejores entrevistas del 2017

Cuando el país todavía estaba dormido, por allá a principios de marzo, en OJO recordamos una entrevista que, a día de hoy, nos sigue inflando el pecho: esa que le hicimos a Sofía Imber cuando el primer número de la revista iba a salir a la calle, en el ya lejano 2008. La señora Imber, toda una eminencia, nos hizo el honor de acompañarnos en nuestro inicio y nueve años después, tras su lamentable fallecimiento, le dijimos una vez más lo agradecidos que estábamos.

A partir de abril todo cambió. Las protestas comenzaron y el país fue dictándonos la agenda. En mayo conversamos con Capriles, quien apostaba por un desenlace que finalmente nunca llegó. En julio entrevistamos a un miembro de la Resistencia que nos explicó cómo un grupo de muchachos decidió organizarse para luchar por Venezuela. En agosto, ya con la (f) ANC aprobada, publicamos una exclusiva con María Corina Machado, quien trazó la ruta que debía seguir la oposición para cambiar de gobierno.

La calle se había apagado, la vorágine noticiosa había desaparecido, pero todavía quedaban muchas historias por contar. No podíamos olvidar las detenciones, abusos y amenazas por parte de los cuerpos policiales del Estado: Marcos Aponte nos confesó que no sabía si lo iban a desaparecer, Gabriel Figueroa nos detalló cómo había sido su paso por la cárcel y Reynaldo Riobueno nos narró el día en que unas camionetas negras sin placa llegaron a su edificio y tuvo que hacer magia para escapar del país.

En el camino le hicimos preguntas a ‘Chúo’ Torrealba para tratar de vislumbrar lo que pasaría en las regionales y el polémico Pedro Pedrosa le dijo a la revista que ser oposición en este país se había convertido en un gran negocio. Con Erik del Búfalo, otro controvertido, hablamos tanto que tuvimos que publicar la entrevista en dos partes. Henkel García nos dio una clase de economía y Asdrúbal Oliveros dejó claro que ni el narcotráfico es tan rentable como el dólar a 10. De La Nadia María aprendimos que teníamos que burlarnos de nosotros primero y cerramos el año recordando a uno de los tantos escudos de una Resistencia que dio hasta la vida por Venezuela.

Entrevistas que puedes leer nuevamente a continuación:

–  “Si mintió, le vamos a meter un rifle por el culo”

– La historia que los nietos de Reynaldo Riobueno no se cansarán de escuchar

Marcos Aponte: “No sabía si me iban a desaparecer”

– Conversando con la resistencia

“Ser oposición en este país se ha convertido en un gran negocio”

Erik del Búfalo: “El chavismo es crimen organizado en el poder” (I)

Asdrúbal Oliveros: “Ni el narcotráfico es tan rentable como el dólar a 10”

Henkel García: “Estamos en la parte final del cuento y no va a ser bonita”

La ruta de María Corina Machado

Nadia María: “Búrlate de ti primero y verás cómo nadie nunca se podrá burlar de ti”

Luis Eduardo González: “Yo sentía que protegía a la gente”