‘Comandante Teodoro’, el colectivo fantasma que aparecía en Barcelona.

El padre José Antonio Fortea es el exorcista más conocido de habla hispana. Experto en demonología, es un auténtico conocedor de la posesión diabólica y del milenario ritual con el que la Iglesia la combate. Y entre los factores que pueden invocarla, dice él, está la santería. Quien pone en práctica sus ritos, jura el padre, le abre la puerta al otro mundo, ese que es oscuro y está plagado de demonios, fantasmas y demás entes. Siendo así, pues, se entendería el por qué la Oficina 6A, del piso 6, del edificio número 6 de la Plaza Urquinaona de Barcelona está repleta –infestada, dicen los que saben– de fantasmas. Y es que allí, en el Consulado de Venezuela en Barcelona, estuvo de visita por un tiempo un hombre muy dado a estos ritos. Teodoro José Cortez Navarro es su nombre y tiene una trayectoria tan fantasmagórica como sus creencias. Ex Cabo Primero de la Policía Metropolitana, en 2010, según consta en el IVSS, ingresó a la nómina del Ministerio del Poder Popular para la Salud, donde trabajó como Seguridad Interna. Luego, su trayectoria se difumina, hasta octubre de 2016, cuando salta a la opinión pública por liderar la toma de la Asamblea Nacional y por participar activamente, en abril de 2017, en la agresión al diputado Juan Requesens, quien requirió 56 puntos. Es allí cuando se da a conocer como ‘Comandante Teodoro’, líder del “Colectivo Rebelión-Rebelión”, de oficio guardián del centro y agresor de opositores. Pero no siempre estuvo allí. No. Durante algún tiempo, el violento y fantasmagórico Comandante Teodoro estuvo en Barcelona. Y al parecer no por un ratico, porque hasta cambio de Registro Electoral hizo –para 2016 estaba inscrito como votante en el Consultado de Barcelona–. Ese mismo año subía a su cuenta de Facebook una propaganda de los Comandos UBCH en España y se fotografiaba en el RCDE Estadium –el popularmente llamado Corneprat– de Barcelona. Y, cómo no, visitaba el Consulado, donde lo recibían y presentaban como amigo. Que cobrara de alguna nómina paralela no nos consta. Pero que estuvo y fue bien recibido, sí. Luego de ello, no es de extrañar que se llenara de fantasmas.

Peligro en el Metro

El Metro que arrancó a las 7:30 am de este lunes de Artigas con dirección El Silencio realizó una parada repentina a escasos segundos de abandonar la estación bajo gritos aterrados de auxilio. La desesperación de los pasajeros se hizo notar cuando un señor de la tercera edad –que había sido el último en ingresar– fue brutalmente golpeado con las paredes del túnel debido a que la puerta no cerró, el operador emprendió la marcha sin percatarse y lo arrastró. En hora pico, con los vagones abarrotados y con la presión de llegar a tiempo, son muchas las personas que buscan ingresar al Metro entre empujones pese a que visualmente no se deslumbre espacio vacío para entrar. Al señor que realizó lo que cientos hacen –y seguirán haciendo– a diario, no lo acompañó el aventón final: la puerta no cerró y parte de su cuerpo quedó afuera cuando el tren continuó su ruta. El crujir de los huesos estremeció a los pasajeros, que fueron mandados a desalojar la estación tras el hecho, que no es primera vez que ocurre en el subterráneo: en febrero de 2017, Andrés Eloi Irrazabal, de 29 años, murió en un accidente similar, ocurrido también en la Línea 2 del Metro, pero en horas de la tarde y con dirección Las Adjuntas. En el caso de ayer, a pesar del fuerte golpe y de los rumores que corrieron en redes sociales, la víctima aún se encuentra con vida, según el periodista Bernardo Luzardo. El sistema de transporte más sofisticado de la Latinoamérica del siglo XX ha pasado de ser sauna (por falta de aire) a un hervidero de tragedias.

El genio que habló sin palabras

Genio versátil del cine, primera estrella “todera” de la gran pantalla, Charles Spencer Chaplin (nacido un día como hoy, pero hace 129 años en Londres), en cuanto al séptimo arte se refiere, lo hacía todo y todo bien bien: director, guionista, actor, escritor, humorista y productor. Sus películas son referencias de cualquier estudiante de cine. Empezó su vida artística con apenas cinco años y no paró hasta ser reconocido mundialmente como símbolo tanto del cine mudo como del humor. Su infancia estuvo marcada por el infortunio: de padre alcohólico que partió de casa al poco tiempo de su nacimiento, y madre que terminó en un manicomio, a Charles las dificultades le abrirían los ojos para transmitir desde su obra mensajes a favor del valor humano y en contra de la miseria. Maestro del lenguaje corporal, fue un mimo experto en comunicarse sin emitir palabra alguna. Los espectadores lograron a hacer tanto feeling con los personajes interpretados por él que sentirían una cercanía más que familiar. Cuando el audio arribó a las filmografías, Chaplin se resistió debido a que sentía que todas las expresiones de sus personajes –hasta entonces– se podían dar a entender sin palabras. Cansado de trabajar para los demás, e incomprendido porque no entendían el perfeccionismo que quería alcanzar, el londinense trabajó duro hasta tener la independencia económica y creativa que buscaba para tener su propia productora: United Artists. Fue con ella con quien rodó sus masterpieces imperdibles: ‘La quimera del oro’ (1925), ‘Luces de la ciudad’ (1931), ‘Tiempos modernos’ (1936) y ‘El gran dictador’. Más allá de premios y reconocimientos (Óscar honorífico, caballero de la Orden del Imperio Británico, candidato al premio Nobel de la paz, estrella en el paseo de la fama de Hollywod), Chaplin dejó un legado irremplazable en la historia del cine mundial.

“Venezuela es una dictadura”

Sospechoso de todo menos de reaccionario. Ex ministro de Allende. Preso y exiliado de Pinochet. Admirador irredento de Chávez. Y embajador del gobierno izquierdista de Bachelet. Pedro Felipe Ramírez es el arquetipo del socialista latinoamericano. Y está horrorizado con lo que pasa en Venezuela. Tanto, que se quiebra cuando recuerda el espeluznante estado en que se encuentra el país que alguna vez lo acogió cuando escapó del suyo. Tras cuatro años en Caracas como embajador de Chile, Ramírez volvió a su país y concedió una reveladora entrevista al diario ‘La Tercera’ en la que narra su desencanto con el devenir de la revolución. Para él ya no hay duda: “Venezuela hoy es una dictadura”. Diferente a la que tuvo Chile –“[no tiene] la crueldad ni la fuerza de la que tuvimos acá”–, pero dictadura, con presos políticos –“hay cientos”– y ladrones –“la corrupción del gobierno de Maduro está desatada y es a todo nivel”–. Para Ramírez, el punto de inflexión fue “cuando se desconoció la Asamblea Nacional. Y cuando se impuso la Constituyente, se le puso la lápida [a la democracia]”. Sin embargo, lo que más lo espantó fue la crisis humanitaria: “Tal vez es peor [de lo que informan los medios extranjeros]. Como yo la vi, la sentí, tengo una percepción que me afecta mucho en mi interior (…) hay niños que mueren por desnutrición o están afectados de manera irreversible en su desarrollo, y no sólo ellos, sino también los hijos y nietos de ellos, porque ese déficit lo van a traspasar a las generaciones. Son niños que parece que han salido de un campo de concentración nazi. Un enfermo crónico me decía ‘estamos trasplantados de riñón y sabemos que en seis meses más estamos muertos, porque no tenemos los remedios’”. De hecho, su peor recuerdo de Venezuela lo fija en ello: “Fui a una farmacia a buscar un medicamento y había mucha gente. De repente sale el químico y dice ‘señores, para ahorrar problemas, quiero decirles que antibiótico para niños no hay nada’. Y sale una mujer gritando y dice ‘¡qué voy a hacer! ¡Se me muere mi hijo!’. Yo lloré… (llora unos segundos), fue muy duro”. La entrevista completa aquí:

http://www.latercera.com/reportajes/noticia/la-conversion-del-ex-embajador-bachelet-pedro-felipe-ramirez-vision-cambio-venezuela-hoy-una-dictadura/132564/#

RESEÑA: ‘Al este del Edén’ – John Steinbeck

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

De ella dijo el mismo John Steinbeck que era la mejor de sus novelas y que toda su producción anterior –entre las que estaba una ganadora del Púlitzer como ‘Las uvas de la ira’– había sido apenas un mero ensayo, un “entrenamiento”, para llegar, por fin, ‘Al este del Edén’, una novela total, larga y voluminosa (casi 800 páginas) en la que por medio de la historia de tres generaciones de dos familias americanas se invita al lector a reflexionar sobre temas universales como el bien, el mal y el libre albedrío, teniendo como fondo la historia de Caín y Abel. Proyecto ambicioso, típico de novelista consumado que quiere echar el resto escribiendo algo grande, inmortal, que pase a la historia como un clásico, pero que, para infortunio de Steinbeck, quedó en mero proyecto ya que el resultado final no llega –es más: ni se le acerca– a la ‘opus magnan’ que él pretendió. Nada grave tampoco teniendo él firmada ‘Las uvas de la ira’, esa sí una señora novela y un clásico imprescindible de las letras americanas.

¿Qué le falló al buen John, premio Nobel de Literatura 1962, en ‘Al este del Edén’? En primer lugar, el narrador: que en un momento es omnisciente, en otro testigo, en otro protagonista y en otro no se sabe qué. Y no puede decirse que se trate de algo deliberado, de uno de esos juegos ‘faulknerianos’ de perspectivas. No. Nada que ver. Aquí simplemente el narrador arranca en tercera, se pasa a primera sin ser exactamente un personaje de peso dentro de la novela, de repente vuelve a la tercera, entra, sale, opina, reflexiona, se calla y así. La segunda falla es la de los personajes: invariables. No mudan. Los buenos lo son siempre y los malos también. Los buenos rozan, casi, la santidad y los malos el infierno. Y con esas dos cosas es imposible hacer una obra maestra.

“Una novela pésimamente construida que, sin embargo, se lee con avidez”, escribió de ella Vargas Llosa, que le dedica un capítulo en ‘La verdad de las mentiras’. Y habría que hacer un matiz en lo de la avidez: si se lee con tanto interés es por la truculencia de la historia, llena de episodios dramáticos e improbables, muchos de ellos inverosímiles, casi todos extremos, hiperbólicos, con los que Steinbeck sorprende (y espanta) al descreído lector, que no puede dejarse de preguntar qué pasará con este o aquel personaje, y qué giro rocambolesco habrá en la siguiente página. Pero sólo por eso.

¿Y qué tiene de bueno entonces ‘Al este del Edén’ para que, empezando por su propio autor, haya sido tan elogiada y leída a lo largo del tiempo? El análisis psicológico de los personajes, interesante y profundo; y, sobre todo, las reflexiones, en su mayoría de corte existencial – filosófico – teológico, y casi todas en boca de dos grandes personajes: Samuel Hamilton (un campesino irlandés lleno de la sabiduría llana que dan el amanecer, el trabajo y la tierra) y Lee (un criado chino, enigmático, que tiene todas las respuestas del mundo). A través de ellos, Steinbeck –que se pasó buena parte de su vida preocupado por el hombre y su destino– hace al lector detenerse a reflexionar sobre temas que nos son inherentes a todos –la naturaleza del mal, la condición humana, la capacidad de hacer el bien, la voluntad, el destino, la envidia, los celos, los afectos– y que por ello tienen interés.

¿Bastan para hacer una buena novela?

No. Basta apenas para salvarla de la categoría de folletín –que es, en rigor, la que por los personajes y situaciones le correspondería–, pero no para elevarla a esa cima a la que Steinbeck pretendió llevar esa ambiciosa idea que tuvo y no supo concretar.

‘Al este del Edén’

Autor: John Steinbeck

Año: 1952

Páginas: 770

Calificación: 5/10

RESEÑA: ‘Shutter Island’

Shutter Island es una película que tiene la capacidad de hacer que el espectador se cuestione, una y otra vez, hacia dónde se dirige, y cuál es la trama realmente. Protagonizada por Leonardo Di Caprio y Mark Ruffalo, pero con actuaciones sensacionales del resto del elenco (Ben Kingsley y Michelle Williams, por ejemplo), el film de Martin Scorsese proyecta un profundo juego psicológico que tiene como idea principal poner en duda la verdadera razón de ser de su protagonista, quien para salvarse a sí mismo –y darle sentido a su vida– se inventará, y le inventarán, una realidad que pretende ayudarlo. El film de suspenso del director italoamericano empieza con el arribo de los agentes federales de los EE.UU., Teddy Daniels (Di Caprio) y Chuck Aule (Ruffalo), a una isla en donde se recluyen pacientes con enfermedades mentales y antecedentes criminales. El sanatorio –ubicado en una isla siniestra, como se titula la película en español– será un hervidero de preguntas que mantendrá en suspenso por 2h 18m al público. Lo que empieza como un común film policiaco (en donde las pistas y testigos no sólo serán tangibles, sino que también habrá revelaciones en sueños y memorias) termina siendo una genialidad de Scorsese para que empiecen los juegos mentales: la migraña que experimenta el protagonista, Teddy Daniels, también será experimentada por todos los espectadores. Vendida como una película de terror, con escenas en las que parece necesario taparse los ojos con las manos, Scorsese invita a todos a concentrarse y dar el veredicto final: quién está cuerdo.

¿Y los Derechos Humanos, Tarek?

La detención del dueño de Dólar Pro, anunciada ayer por el (f) Fiscal, no fue tan normal como la quiso hacer parecer, sino que siguió el guion de unos ejecutantes con máster en criminalidad. Carlos Eduardo Marrón Colmenares, presidente de una de las tantas páginas que tasaba el precio del dólar paralelo, residía en Estados Unidos y desde allí había registrado el portal web. Alejado de la (in)justicia venezolana, parecía fuera de peligro, pero se equivocaba. Según relató el periodista Alberto Rodríguez, la detención de Marrón Colmenares, abogado de 40 años, fue ejecutada bajo los cánones de la mafia: la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) secuestró a su padre simulando ser hampa común. Todo sucedió mientras el señor caminaba por el sector Valle Arriba, en Caracas, y un hombre se bajó de un carro y lo raptó. Lo siguiente fueron tácticas premeditadas que funcionaron a la perfección. Los secuestradores del DGCIM –que se hacían pasar por hampa común– llamaron al presidente de Dólar Pro y lo amenazaron: si no regresaba al país “para gestionar la liberación”, su padre sería asesinado. Estremecido por la noticia, compró rápidamente un asiento en el vuelo de Laser con ruta Miami-Caracas. Apenas llegó a Maiquetía, “fue capturado inmediatamente por funcionarios del DGCIM”. La detención, anunciada por el (f) Fiscal Tarek William Saab –que salió en plan de protector de la economía venezolana–, fue, en rigor, un proceso criminal de secuestro y extorsión. Quien será imputado por “delito de legitimación de capitales, difusión de información falsa con el tipo de tasa cambiaria y asociación para delinquir” nunca imagino hasta en donde es capaz de llegar la revolución. La radicalización es un hecho, ésta es la realidad: ¡Señores, estamos en dictadura!

De cuando Díaz Rangel apoyó a Carmona en abril de 2002

Vaca sagrada del periodismo izquierdista, profesor estrella de la UCV, director de su Escuela de Comunicación Social, autor de una infinidad de libros, hacedor de periódicos moderados y también de panfletos vomitivos. De joven rebelde y de mayor servil. Hombre de un solo peinado y mil caras, Eleazar Díaz Rangel ha sabido, como el camaleón, cambiar de color y camuflarse cuando la situación lo amerita. Y en eso no le gana nadie. Siempre guabinoso y resbaladizo, nunca categórico, prudente hasta el aburrimiento, afable y dialogante en todo momento, de los que dicen ‘sí pero no’ y que son leales hasta que dejan de serlo, fue uno de los primeros en saltar la talanquera en abril de 2002. Suya es la  frase más entusiasta de apoyo al gobierno de Carmona de todas las que se pronunciaron tras su toma de posesión: “La mayoría del país recibió complacida la formación de un nuevo gobierno presidido por Pedro Carmona Estanga”. Con ella arrancaba el editorial de ‘Últimas Noticias’ del 13 de abril de 2002, firmado por él. Es un texto revelador, que lo retrata de cuerpo entero. Chavista y revolucionario hasta el día anterior, aquella mañana ya llamaba presidente a Carmona, criticaba al Comandante Eterno –“una de las justas críticas formuladas al gobierno de Chávez fue precisamente su poca voluntad de diálogo no obstante las promesas hechas”–, describía de modo nada bonito la situación de Venezuela durante su gobierno –“un país que ha estado lleno de pugnacidades, que se ha caracterizado por la confrontación en todos los campos, que ha estado dividido, lleno de angustias e incertidumbres”–, objetaba apenas con guantes de seda el decreto de Carmona –“¿Era necesario tanto poder? ¿No fue ésa otra de las críticas que se hicieron al gobierno de Chávez?”– y con la misma blandura se refería a las detenciones de Tarek William Saab y Rodríguez Chacín –“quiero suponer que se trata de excesos y que serán erradicados (…) ojo con hacer una práctica común estas extralimitaciones”. A los dos días, el 15 de abril, con Chávez de regreso, titulaba su editorial “El golpe de Estado” y describía al-que-según-él-había-sido un-gobierno-recibido-por-una-mayoría-complacida como “una pesadilla, afortunadamente por sólo 24 horas”. Las mismas que él tardó, tal día como hoy, en cambiar de opinión.

La fotografía de Schemidt jamás será olvidada

Ronaldo Schemidt (@rschemidt) lo logró. Su nombre fue grabado con letras doradas en la historia de la fotografía mundial. El World Press Photo (una suerte de Nobel en la rama) le fue otorgado al venezolano que trabaja en la agencia France Press y que el 03 de mayo del año pasado, en Altamira, en pleno auge de protestas en contra de Nicolás Maduro, capturó con su cámara una foto para la posteridad, en la que retrata a un manifestante en llamas debido a la explosión del tanque de gasolina de una moto que él y su grupo le habían quitado a la GNB y trataban de destruir. El encontrarse prácticamente al lado del manifestante le permitió a Schemidt captar en toda su magnitud el drama de aquel hecho terrible. Su fotografía se impuso ante las otras cinco nominadas a las categoría ‘Photo of the Year’ que retrataban, entre otras cosas, los cuerpos ahogados de unos refugiados, a una niña secuestrada por el grupo terrorista Boko Haram, a una socorrista que ayuda a una víctima del atropello masivo en Londres, a un niño desnudo evacuado de una zona en conflicto con el Estado Islámico (EI), y a un grupo de civiles que se quedaron en un campo de batalla que pretendía recuperar una ciudad tomada por el EI. Las voraces llamas que envolvieron al joven manifestante (inmortalizadas para todos por Schemidt, y galardonada por ‘World Press Photo’) son una alegoría de cómo la dictadura nos va quemando poco a poco. Aquellos días duros y trágicos de 2017, en los que el pueblo pagó con perdigonazos, asfixias y vidas, no podrán ser olvidados jamás, ni por Venezuela, ni el mundo. ¡Felicitaciones, @rschmedit!

#12A: el día que pudo terminarse la revolución

Caracas. 12 de abril de 2002. Horas de la mañana. En los pasillos de la Asamblea Nacional todo son susurros. Los diputados opositores y chavistas, horas antes enconados enemigos, ahora charlan. La batuta la llevan los primeros, pero la decisión es de los segundos. ¿La propuesta? Que la Asamblea Nacional acuerde juramentar a Carmona como presidente interino, dado que, como ya se sabía, “se le solicitó al señor Presidente de la República la renuncia de su cargo…la cual aceptó”. Para el mediodía ya 23 diputados del todavía existente MVR han dicho que sí, que aceptan, y que si Carmona va al Hemiciclo lo juramentarán en sesión solemne como presidente interino para encabezar una transición que, en el lapso de un mes, convocará elecciones generales y culminará con la renovación de los poderes. Pero no hay manera de llegarle a Carmona. Don Pedro, en Miraflores, no recibe a nadie. Los parlamentarios van a la Conferencia Episcopal a pedirle al hoy Cardenal Porras que funja de emisario y le dé el mensaje. Éste va a Miraflores. “Apenas si pudimos saludar al Dr. Carmona –cuenta Porras en sus memorias– y decirle que un grupo de parlamentarios quería conversar con él para plantearle una salida constitucional y rápida al vacío de poder. Nos dijo que no nos preocupáramos, que todo estaba en marcha y que en la tarde habría anuncios importantes en un acto público que estaban convocando”. Los parlamentarios acuden entonces a López Mendoza, presidente de Conindustria, y cercano a Carmona. “López Mendoza –escribe Patricia Poleo en sus famosas crónicas sobre el 11A– se comunica entonces con Carlos Molina Tamayo, Jefe de la Casa Militar de Carmona, y le transmite la necesidad que tienen los diputados de reunirse con él, antes de la juramentación (…) La respuesta de parte de Carmona, en boca de Molina Tamayo, dejó perplejos a los parlamentarios: ‘El Presidente les manda a decir que sólo podrá recibirlos después de la juramentación’”. Y el resto –autojuramentación, decretazo eliminando los poderes, escándalo internacional, revuelta militar y regreso de Chávez– es una historia que pudo haberse terminado ese día y que desgraciadamente se ha prolongado hasta hoy.