Los fraudes electorales del chavismo

Más allá de algoritmos o búnkers secretos, para Ibsen Martínez el verdadero fraude electoral del chavismo está en no reconocer jamás un resultado adverso y convertir, por ello, en irrelevante el voto. En un lúcido texto publicado en ‘El País’, Martínez hace un repaso de la historia electoral reciente y muestra con claridad la cara más tramposa del chavismo. A continuación las líneas más reveladoras: “Con el referéndum revocatorio convocado en su contra en 2004, comenzó Chávez la serie de fraudes que prolongó hasta su muerte. En aquel momento, hizo públicas ilegalmente los millones de firmas que solicitaban se convocase el revocatorio, violando no solo el secreto del voto sino haciendo ulteriormente uso de esa lista para coaccionar el voto de millones de empleados públicos, instaurando un totalitario apartheid político que sigue en vigor hasta hoy (…) En 2007, Chávez fue derrotado por poco margen en un referéndum convocado por él mismo para hacer aprobar una reforma constitucional. En un primer momento, Chávez tascó el freno pero luego reaccionó diciendo que la victoria opositora era una ‘victoria de mierda’. Más tarde se las apañaría para hacer que su mayoría parlamentaria aprobase, entre gallos y media noche, todas las modificaciones que ordenó (…) En las elecciones de 2008, convocadas para elegir gobernadores estatales, Chávez recibió un verdadero varapalo: junto con la Alcaldía Mayor de Caracas, perdió los cinco estados más populosos y económicamente activos, entidades éstas que albergan la mitad de la población del país. Ante ese revés, Chávez abrogó ‘manu militari’ las potestades de la Alcaldía Mayor, negándole recursos presupuestarios. Luego nombró protectores para cada gobernación opositora, una dudosa figura política y administrativa impuesta arbitrariamente y a la carrera (…) Chávez instauró la práctica de encarcelar, inhabilitar políticamente u obligar a exilarse a sus adversarios electorales. Nicolás Maduro no ha hecho más que llevar al límite los alcances de una estrategia que ha sobrevivido a Chávez: convocar elecciones cuidando bien de hacer del todo irrelevante el voto”.

Murió Philip Roth, el gigante de la literatura norteamericana

 Si en el Nobel hubiera justicia, estas letras comenzarían diciendo que ha muerto un merecido ganador del premio. Como no la hay, al talentoso Phillip Roth habrá que despacharlo, simplemente, con la etiqueta de eterno candidato, que no lo demerita ni le quita un ápice de altura a su grandeza y genio. Para escribirlo rápido y pronto: ese escritor que anoche falleció de una insuficiencia cardíaca era ‘el gigante’ o ‘el último gigante’ de la literatura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX; un hombre que fue calificado como el novelista más dotado de su generación, y cuyo apellido no sólo no desentona sino que merece estar, con toda justicia, al lado de los de Dos Passos, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner o Bellow. Nacido en New Jersey en 1933, hijo de un matrimonio de emigrantes judíos de Europa del Este, Roth fue un hombre que vivió enteramente de la literatura: primero como profesor universitario y luego como escritor. De prosa sobria y elegante, poco dado al retuécano y a los giros retóricos, irónico cuando hacía falta, implacable todo el tiempo, Roth publicó en total 31 obras, la mayoría de ellas novelas, que fueron las que le dieron fama y premios: desde el Púlitzer hasta el National Book Award, pasando por el Príncipe de Asturias, sólo la Academia Sueca se resistió a su talento. Sus temas, lo resumió muy bien hoy ‘The New Yorker’ (donde publicó por primera vez y colaboró hasta el final), eran la familia judía, el sexo, los ideales americanos, la traición de los ideales americanos, el fanatismo político y la identidad persona. Pocos escritores como él para entender el alma norteamericana, que expuso, diseccionó y juzgó con ojos implacables. En 2012, en un acto de inusual lucidez, se retiró de la escritura: “[tuve] la fuerte sospecha de que había dado lo mejor de mi trabajo, y que cualquier otra cosa sería inferior (…) Todo talento tiene sus condiciones; su naturaleza, su finalidad, su fuerza; también su plazo, su ejercicio, su tiempo de vida. No todo el mundo puede ser productivo para siempre”, explicó, para luego hacer el balance de su obra y, quizás sin saberlo, su mejor epitafio: “Hice lo mejor que pude con lo que tenía”.

¿Cómo salir de Maduro?

Es el periódico favorito de la dictadura, en el que pauta constantemente. Pero el amor no es recíproco. ‘The New York Times’, la dama gris del periodismo, le publica los anuncios, se queda con los dólares e igualmente lo destroza. Así ha hecho en su hipercrítico editorial de hoy, titulado ‘La elección simulada de Venezuela’, en el que pone el acento en “cómo deshacerse del Sr. Maduro antes de que complete la destrucción de su país”. Destrucción que documentan en hechos y cifras: “Por cuarto año consecutivo, Venezuela ha sido clasificada como la economía más miserable del mundo por Bloomberg. La economía se ha reducido en más del 30 por ciento desde la caída de los precios del petróleo en 2014, y la industria del petróleo está colapsando; la tasa de inflación es con mucho la más alta del mundo, que alcanzará el 13,000 por ciento este año, según el Fondo Monetario Internacional. Más de un millón de personas han huido del país desde 2015; el sistema de salud se encuentra en una situación tan desesperada que la malaria, una vez casi aniquilada, reaparece y se dispara; aproximadamente tres cuartas partes de la población ha perdido involuntariamente casi 20 libras de peso y las personas que buscan comida en la basura se han convertido, según la Brookings Institution, en la nueva norma”. De allí, pues, que digan que que hay que salir de Nicolás. ¿Cómo? La pregunta del millón tiene para el matutino más famoso del planeta una respuesta que no es exactamente la de los Marines –“es difícil ver cómo un cambio de régimen violento conducido por la administración Trump mejoraría la suerte de Venezuela”–, sino la de las sanciones: “El mejor medio para derrocar al Sr. Maduro es la acción colectiva del Hemisferio Occidental, dirigida por América Latina, para sofocar aún más los fondos a su gobierno mientras apoya a la Asamblea Nacional, que ha sido dejada de lado por el Sr. Maduro desde que la oposición ganó la mayoría en 2015”. El mejor pero no el más rápido, ya que, como reconoce el diario: “Eso puede no tener resultados rápidamente, dada la disposición del Sr. Maduro de destruir a su país para mantenerse en el poder”.

La compasión hecha foto

Fue la imagen más triste de la campaña electoral y a su vez la que mejor la resumió. Un adolescente, más bien niña, con otro niño en el vientre. Pintorreteada y arreglada como una mujer adulta, vestida con una franela de Chávez y con el apellido Maduro pintado en el vientre, se encontraba en uno de sus actos de campaña en Apure. Aunque se le ve contenta y hasta diríase orgullosa, no es una foto alegre. Todo lo contrario: es trágica. En la edad de los juegos, el suyo será ser madre y su juguete un ser humano. Vidas desvalidas, con más pasado que futuro, maleadas -y condenadas- por una revolución socialista cuyo único plan ha sido el de degradar y empobrecer a las personas, despojarlas de su dignidad, para luego extorsionarlas con comida. Y todo, disfrazado bajo la apariencia de bondad, humanismo y caridad. Cinismo y maldad en grado sumo, de los que son víctimas niñas como ellas. Si a la compasión hubiera que ponerle estampa, no habría otra mejor que ésta.

Así reseñaron los medios las (f) elecciones del #20M

El evento acontecido ayer en Venezuela no fue otra cosa sino un parapeto electoral que reelige a un régimen bajo un barniz democrático que sólo se creen ellos mismos. Cuando la sempiterna presidenta del CNE inició su alocución, la única expectativa era si los resultados serían expresados con tres ceros o sin ellos. La reelección de Nicolás Maduro hizo eco en el mundo por su ilegitimidad, la cual impregnó los titulares de los principales diarios de Latinoamérica y Estados Unidos: “Maduro se reelige” tituló ‘El Comercio’ de Perú, el cual menciona la elección como una farsa y no tiene tapujos en decirle a Maduro dictador; “Maduro se declara ganador en elecciones desconocidas por el mundo y la oposición” escribió ‘La Nación’ de Buenos Aires; “Fuerte abstención y denuncias de fraude en la reelección de Maduro” publicó ‘Clarín’ de Argentina; “El presidente de Venezuela mantiene el control del poder con una reelección” se logró leer en ‘The Wall Street Journal’ de Nueva York; “Maduro se reelige como presidente en una farsa sin rivales” publicó ‘El País’ de Madrid; “Voto constreñido” fue la tapa de ‘O Globo’ de Río de Janeiro. La conclusión era la que se manejaba desde el primer momento en que el Gobierno anunció las adelantadas elecciones presidenciales. Sin garantías electoras, con presos políticos y partidos inhabilitados, la posición estaba más que definida: la reelección de Maduro no se reconoce porque en Venezuela no hubo elecciones.

Ninguna sorpresa

 Ha estado todo tan dentro de guión, tan en lo previsto, que a uno lo que le queda es aburrirse. ¿Indignarse porque sucedió lo que se sabía que iba a suceder? ¿Darse mala vida porque finalmente hicieron lo que dijeron que no iban a hacer pero todos sabíamos que sí? ¿Escandalizase de lo que estaba previsto? ¿Fingir sorpresa de lo que estaba cantado? Sería demasiada impostura. Es una dictadura, no respeta ley ninguna, ha destruido la institución del voto y montado un sistema de control social y extorsión por hambre vía ‘Carnet de la Patria’. Hace lo que le da la gana y como le da la gana, pero hay una cosa que ya no puede: burlarse de nosotros. Esto lo vivimos y estamos curados y vacunados. Así que ninguna sorpresa con el anuncio del CNE. Tampoco decepción y engaño. Más bien aburrimiento y fastidio. Estamos y seguimos en dictadura, y no saldremos de ella con farsas electorales. Al hoy desengañado de Lara solo una cosa: no es el proceso [electoral], sino el sistema [totalitario]. Mientras su lucha no sea contra él, nos producirá el mismo sueño que esta farsa irrelevante hoy. Buenas noches.

Por respeto al voto

Pídale a un católico que vaya a una misa celebrada por un babalao. Invite a un periodista de verdad a trabajar en Globovisión, Venevisión o Televen. Conmine a un heredero a que convierta en casa de citas la casona materna. Invite a un extranjero a un show donde denigran a su país de origen. Intente hacer algunas de esas cosas y entenderá entonces por qué cuando a un demócrata se le pide participar en una farsa electoral como la de hoy se abstiene. Porque en la vida hay cosas que son sagradas, que deben ser honradas y respetadas, y con las que no es lícito jugar. Y el voto es una de ellas. Fue éste el instrumento que permitió que los cambios de regímenes se hicieran de modo pacífico, sin necesidad de estarse matando unos y otros; el que le dio a los ciudadanos el poder de elegir a quién ponían al frente; y el que trajo para las naciones la suficiente estabilidad y paz como para que pudieran desarrollarse, progresar y alcanzar el sinfín de logros que hemos visto en los últimos siglos. De allí, pues, que por respeto nos abstengamos de participar en la farsa de hoy, en la que una dictadura caprichosa quiere jugar un ratito a la democracia usando para ello un voto que no elige y que es incacapaz de generar un cambio de poder. Es la historia electoral de estos veinte años de revolución: procesos que a lo sumo han generado un cambio de nombres pero jamás de poder, porque aun en los heroicos casos en los que la voluntad del elector ha logrado vencer todas las irregularidades, trabas y obstáculos, y se ha impuesto en la urnas, al final ello no se ha traducido jamás en cambio de poder, que es lo primero que le quitan a los opositores que ganan, y allí está el ejemplo paradigmático de la AN. Ese voto que a lo sumo cambia los nombres pero deja el poder siempre en las mismas manos rojas es una parodia del verdadero, hecho precisamente -y de allí su grandeza- para que el poder cambiara de manos. Ése es en el que creemos. Ése es el que honramos. Y por respeto a él, de esta farsa de hoy nos abstendremos.

RESEÑA: ‘The Truman Show’

En el imaginario popular Jim Carrey es, por encima de todas las cosas, un actor de comedia top. Y es que sus gestos alocados y lenguaje corporal durante sus interpretaciones lo convierten en prácticamente un emblema del género en Hollywood; sin embargo, en un papel menos serio, más dramático y aleccionador, Carrey logró ganar un Globo de Oro al mejor actor dramático cuando interpretó a Truman Burbank en ‘The Truman Show’. La filmografía dirigida por el australiano Peter Weir y escrita por Andrew Niccol se convirtió así en el largometraje que le permitió a Carrey escuchar los aplausos de un público distinto. ‘The Truman Show’ es la película que cuenta la historia de un hombre inmerso en un reality show sin saberlo. Y es que absolutamente todo en el mundo de Truman Burbank es planificado y transmitido en tiempo real para los espectadores. En una realidad inventada, lo único real es el comportamiento de Truman, quien piensa que todo es normal. El largometraje –que tiene un ritmo lento, pero bien definido– tendrá como trama principal la disconformidad de Truman con su vida, pues él piensa que la monotonía del día a día puede cambiar con miles de aventuras motivadas por un amor inesperado para la planificada vida del protagonista de un reality show que tiene más de 10 mil días de transmisión continua. Tanto sus amigos como su esposa no son obras del azar sino que son introducidos por el director de esta telerealidad. Truman desea con ansias escapar, pero cada uno de las personas de su mundo son actores preparados para que él se mantenga irremediablemente estático. Que todo gire en torno a él y sentir la sensación de que un ser superior lo controla será la verdadera misión que tendrá Truman.

El soldado más rico de Maduro

Al genio del fútbol mundial y autor del “Gol del Siglo” los adjetivos positivos le quedan cortos si se empieza a hablar de su rol como futbolista; sin embargo, a quien se convirtió en ídolo tras su trayecto en Boca Juniors, Barcelona, Napoli y la selección Argentina la vida fuera del  campo le ha servido más para aumentar sus finanzas gracias al proselitismo político que para seguir agigantando su leyenda.  Como no pudo anotar más goles con su zurda privilegiada, decidió alistarse en la izquierda latinoamericana. No sólo llamó a Fidel Castro como su segundo padre sino que también decidió ser un soldado de Maduro. La relación de Maradona con el socialismo no es nueva, sino que se gestó a partir de 1987 cuando conoció a Castro. Pese a que su amistad tenía vieja data, esta se intensificó en el peor momento de El Pelusa: luego de someterse a un análisis de sangre, fueron encontrados restos de cocaína en su organismo. En La Habana curó su adicción, se acercó al dictador y también se convirtió en embajador de Cuba. Su relación estrecha con la cúpula cubana lo acercó a su vez con el único inmortal que no se murió: “Lo que me dejó Hugo fue una gran amistad, una sabiduría política increíble. Hugo Chávez ha cambiado la forma de pensar del latinoamericano, nosotros estábamos entregados a Estados Unidos y él nos metió en la cabeza que podíamos caminar solos”, comentó en 2013. Antiimperialista, comunista y revolucionario declarado, el quizás mejor jugador de fútbol de todos los tiempos tiene la polémica atada como tenía la pelota a sus pies. Y es que el defensor de la revolución y la emancipación de los pueblos le encanta gritar a favor de la clase obrera desde una casa en Dubai.

La abstención y el cáncer

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Dice un twittero anónimo y furibundo que la abstención “es como si alguien tiene cáncer y no se hace radioterapias y quimioterapias porque de todos modos morirá”; a lo que habría que responder, siguiendo su misma lógica y sintaxis, que ir a votar el domingo es como si alguien tiene cáncer y decide tomar agua de hojas de mango porque tiene fe en que así se curará. Pero no entremos en eso todavía. Vamos primero a lo fundamental de la metáfora: que tenemos cáncer, uno bastante devastador y agresivo llamado dictadura, que está acabando violentamente con nosotros. El diagnóstico llega tarde (tardísimo) y el daño es tremendo. Pasamos (perdimos) años preciosos dando tumbos sin aciertos con políticos (curanderos) que diagnosticaban (y trataban) como una ‘democracia sui géneris’, un ‘autoritarismo caribeño’, un ‘caudillismo tropical’ o una ‘dictablanda’ a lo que no era ni ha dejado de ser una dictadura. Pero ya hay diagnóstico certero, y es terrible. ¿Qué se hace entonces? Buscar la cura, de haberla. Y aplicarla, de tenerla a nuestro alcance. Y he allí el detalle de lo que nos pasa: que en este momento la cura no está a nuestro alcance. Es triste escribirlo y más duro aceptarlo. Pero la vida es así y no la he inventado yo, que diría el salsero. Sin embargo, hay que ser honesto. Y más uno que es periodista. El oficio obliga. Y entre la mentira que te haga feliz o la verdad que te amargue la vida, la alternativa no es la de Arjona. Entre el simulacro de elección que parodia una democracia que no existe o la aceptación lúcida de que se está en una dictadura en la que no hay cambio posible por la vía electoral, lo sano es lo segundo. ¿Es eso dejarse morir y negarse a la quimioterapia? No. Es decirle al curandero que no gracias, que por favor deje de jugar con nosotros, que lo que tenemos se llama cáncer y no se cura hirviendo hojas de mango, sino con algo llamado quimio y radioterapia, a veces con cirugía, y que si bien ahorita no hay médico, clínica, ni seguro que lo aplique, ya veremos cómo hacemos para encontrarlo, esperando no morir en el intento.