Tortura judicial

La tortura judicial sigue y no para. Hoy, viernes 15 de diciembre, la juez Angy Caneló volvió a diferir (ahora para el 10 de enero) la audiencia de los jóvenes detenidos el pasado 12 de junio en Chacao, prolongando así la agonía de éstos y sus familiares, que pasarán separados Navidad y Año Nuevo. El procedimiento ya se ha vuelto costumbre: negada a dictar sentencia, la juez, sencillamente, difiere y difiere las audiencias, jugando así, de un modo bastante retorcido, con las esperanzas los jóvenes y de sus cercanos. Y mientras tanto, la vida de ellos se deteriora. Ya Carlos Julio Velasco (18) no camina: el hidrocele testicular que padece –y que no han permitido que se le trate, aun teniendo orden de un tribunal para ello– y los cólicos nefríticos que sufre –producto de los cálculos en los riñones que tampoco le han dejado que se trate– le han impedido prácticamente cualquier movimiento. En la celda de al lado, la situación de Carlos Pereira –el escritor de las marchas– no es más alentadora: con menos de 20 años ya sufre de hipertensión arterial tipo II, una depresión severa con ataques recurrentes de pánico –que lo llevó a intentar suicidarse con un bolígrafo–, y un nefrona quístico que podría devenir en cáncer y que no han dejado que se le estudie. Fuera de las rejas, sus familias también viven un infierno: todos los días deben hacer malabares para llevarles las tres comidas hasta Macarao, donde están recluidos. Los padres de Carlos Julio –que viven en  Guarenas– recorren diariamente más de 15 kilómetros para hacerlo; en el caso de Carlos Pereira, cuya familia vive en otro estado, es su hermano Yoe quien ha tenido que hacerse cargo, lo que ha implicado para él tener que venirse a Caracas y separarse de su hijo pequeño, al que en días pasados le practicaron una cirugía de tórax en la que él no pudo estar presente. Y mientras tanto, la juez Canelón se ha negado a dictar sentencia. Tampoco a hacer efectivos los traslados médicos. No le importan ni la salud de los muchachos, a quienes ya condenó a pasar en la cárcel Navidad y Año Nuevo.

Desde este medio seguiremos atentos a su causa hasta que se les haga justicia.

 

-“Al escucharnos, saca la mano por los barrotes y nos pide la bendición” – Puedes leer la historia de Carlos Julio Velasco aquí.

-“Estaba en una camilla, amarrado y convulsionando” – Puedes leer la historia de Carlos Pereira aquí.

-“Extraño mi libertad y cada noche pido a Dios fuerzas para seguir vivo” – Puedes leer la carta que Carlos Pereira envió desde la cárcel aquí. 

 

NARCO-CONDENA

 El juicio inició en 2015 luego de que un testigo cooperante se comunicase con la DEA para informar que había sido contactado por Bladimir Flores, hermano de la primera dama Cilia e Inspector General Nacional del CICPC. Carlos Leva, el nombre detrás del testigo, era un narcotraficante que estaba colaborando con la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos en busca de rebajar su condena y obtener beneficios. Sin saberlo, Bladimir Flores lo llamó para pedirle que, por favor, recibiera en Honduras a un par de sobrinos que estaban interesados en hacer negocios con él. Los Flores habían caído en la trampa.

Ayer, 25 meses más tarde, el juez del Distrito Sur de Nueva York, Paul Crotty, leyó la sentencia que estipula 18 años de prisión para Efraín Antonio Campo Flores y Francisco Flores de Freitas, por conspirar para importar, traficar y distribuir 800 kilos de cocaína en EE.UU.

Cuenta Maibort Petit, periodista venezolana que ha seguido el caso en directo, que durante el juicio se comprobó que los sobrinos de la pareja presidencial dirigían una organización que tenía nexos con las FARC, estructura encargada de suministrarles los narcóticos que luego vendían a otras bandas criminales para ser, finalmente, introducidos en territorio norteamericano. Por ello, de poco sirvieron los escuetos argumentos de la defensa y las lágrimas de los Flores al escuchar la sentencia. En el juicio salieron al aire, además, implicaciones de los sobrinos en asesinatos, descuartizamientos, sobornos a magistrados del TSJ y lavados de dinero con PDVSA.

A pesar de estar íntimamente relacionado con los culpables, el presidente Maduro, tío político de los Flores, sólo se ha referido al caso en una oportunidad para decir (¡qué sorpresa!) que aquello era un montaje para atacar a su esposa. Efraín y Francisco, por su parte, no mencionaron a la pareja presidencial durante el caso, pero sí nombraron, según palabras de Joon Kim (fiscal de NY) reseñadas por Petit, al número dos del chavismo: Diosdado Cabello.

Se espera que el caso continúe salpicando a funcionarios del alto mando político del país y que sea el punto de partida para seguir destapando actividades criminales.

Nadia María: “Búrlate de ti primero y verás cómo nadie nunca se podrá burlar de ti”

Por Juan Sanoja | @JuanSanoja

La Nadia María  es aún más pana en persona de lo que parece en tarima… y pensar que todo ese sentido del humor, y todo ese talento para hacer reír a la gente, estuvo confinado, durante un tiempo, en una oficina del departamento de Recursos Humanos de una empresa de tecnología.

Allí era la encargada de reclutar personal hasta que alguien en Improvisto levantó el teléfono y le ofreció ser parte del elenco. Pero había una condición: tenía que dejarlo todo. Sin garantía de éxito, pero con la certeza de que su lugar en el mundo no estaba frente a un escritorio, Nadia tomó la decisión que, para ese momento, lucía más arriesgada: dejar de trabajar con sueldo fijo.

Todo cambió en aquel mes. Dejó la oficina, comenzó a vivir sola, terminó con su novio y empezó a dedicarse a la improvisación. Un período convulso que, sin embargo, tuvo un final feliz.

En la actualidad tiene la responsabilidad de dirigir, producir y actuar en el mismo show que años atrás veía desde público y con el que soñaba, algún día, formar parte para vivir la experiencia desde el otro lado del teatro.

Hace ya unas semanas tuvimos la oportunidad de conversar con ella y esto fue lo que nos dijo:

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Trabajaba en Recursos Humanos en IBM. Era el cliché de una persona de Recursos Humanos: o sea, era la gorda de la oficina que reclutaba personal. Eso era yo (risas), antes de llegar a Improvisto.

–¿Cuándo y por qué decidiste apostar por la comedia, por la improvisación?

–Yo comencé en la comedia con la técnica de clown, porque era voluntaria de Doctor Yaso. De ahí me fui conectando con la improvisación y comencé con el Impro Match.

Yo ya veía Improvisto porque Impro Match era como el equipo chiquito de Improvisto, como la liga B, y yo ya quería estar en Improvisto. Iba a todas las funciones. Siempre decía: quiero estar ahí. Justamente cuando estaba trabajando en IBM me llamaron y me preguntaron si quería estar en Improvisto, pero tenía que dejarlo todo.

–¿Y podías, económicamente, dejarlo todo?

–No, pero lo hice, porque yo sabía que mi lugar no era en una oficina, porque estaba sumamente frustrada y dije: ‘Mira, ya está, con la liquidación puede que viva un rato’. Fue un momento de cambio completamente. Yo dejé de trabajar con sueldo fijo, me vine a Improvisto, comencé a vivir sola y terminé con mi novio, con el que tenía como seis años. Todo me pasó en el mismo mes. Pero ya… Todo salió bien.

–¿Eras introvertida o extrovertida?

–Creo que soy las dos cosas, y siempre ha sido así. Ahora quizá soy mucho más extrovertida que introvertida, pero siempre fui las dos cosas. Según el contexto donde estuviera era una o la otra. En un contexto de confianza soy absurdamente extrovertida y cuando no, soy absurdamente lo opuesto. Es como un tema de lo que quiero en el momento. Es decir, si en el momento me da flojera hablar con la gente, soy la persona más introvertida del mundo entero

–¿Se puede aprender a ser cómico, a improvisar?

–Se puede aprender. Yo creo que existe la gente que nace con eso y esos ya tienen una ventaja. Tú puedes aprender a ser cómico y vas a ser un cómico de librito, como digo yo. Con trabajo, no se te va a notar. Pero tienes que trabajar el triple de lo que trabaja cualquier persona. Y también tienes que entender cuando no lo puedes hacer y ya. Es decir, ¿se puede aprender? Sí, pero no todo el mundo.

–¿Cómo es tu día a día y cómo es un día de función?

–Mi día a día es una corredera absurda. Yo siento que desde que estoy en el mundo de la comedia trabajo más que cuando estaba en una oficina. Yo produzco Improvisto, soy directora de Improvisto, soy actriz de Improvisto… Entonces estoy todo el día en este tema: reuniones con clientes, vendiendo funciones privadas. Hasta hace nada hacía radio, entonces también tenía que dedicarle su tiempo…

Un día normal mío es trabajar, es entrenar, porque entreno, ¡gracias! (risas)… hago ejercicios y ensayo con Improvisto.

Un día de función es: descansar todo el día hasta que tenga que venir al show.

–¿Tienes algún ritual prefunción?

–Creo que me paso el suiche cuando me estoy maquillando: en esos cinco minutos que me siento frente al espejo ya comienzo a meterme en el mood de actriz. Cuando me pongo la braga hago un par de estiramientos, siempre muy muy individual, y me empiezo a conectar con el juego yo con yo. Y luego hacemos nuestro ritual del grupo completo y vamos con todo. Pero no es taaaaan un ritual así que tenga. Es súper sencillo.

–¿Qué es lo más difícil a la hora de improvisar?

–Creo que estar pendiente de todo lo que pasa. Para mí un buen improvisador tiene el cerebro fracturado como en mil pedazos y tienes que hacer millones de cosas a la vez. Tienes que llevar la historia, tienes pensar en la propuesta que vas a hacer y escuchar las propuestas de tus compañeros, tienes que ver lo que está pasando en el público, tienes que ver qué hace falta o qué sobra en el escenario, tienes que ver cuándo puedes lanzar una buena propuesta… Hacer todo eso al mismo tiempo, sin que se te note, para mí es lo más difícil y creo que cuando un improvisador llega a ese nivel ya está consolidado.

–¿Qué haces para mejorar día tras día?

–Veo mucha comedia, trato de leer un montón, siempre estoy indagando. Cuando viajo, intento ver ideas del lugar al que voy, tanto de impro como de stand-up, que son las dos cosas que yo hago.

De vez en cuando, muy esporádicamente, dicto un taller para nutrirme de la gente que lo cursa, porque no hay nada más bueno para enriquecerte que la pureza con la que entran las personas a hacer un taller, porque entran sin vicios. Entonces ahí tú ves qué se está viendo en el momento, sales del cajón de Improvisto, porque somos una secta y todos pensamos y hablamos igual. Ahí ves un montón de cosas y todo eso te va nutriendo.

Y, obviamente, estudiar muchísimo. El Internet ayuda mucho, cuando hay (risas).

–¿En qué te estás fijando ahorita?

–Por ejemplo: ahorita llegué súper fiebrúa porque estuve recientemente en Los Ángeles (Estados Unidos) y fui al UCB, que es una escuela de improvisación allá, de donde salió Chelsea Peretti. Estuve como en cuatro shows y vine loca del nivel de impro que estaban haciendo.

Me compré el libro de técnicas de improvisación de ellos y ahorita estoy como descubriendo… O sea, hay como un paso por encimo del clásico “Yes I do” de la improvisación. Entonces es como ‘Wow, esto es como un reload de lo que ya sabemos de la impro’. A parte de que nosotros conocimos la improvisación por un argentino que lo trajo para acá y lo fuimos puliendo.

–¿Qué viste que nos pudieses contar?

–Vi dos shows que me encantaron. El más pro de ellos, que justamente es de donde viene Chelsea Peretti y toda esta gente, es un long-form clásico, pero el nivel de impro que ellos estaban haciendo ahí era increíble. ¡Ver cómo la capa de chiste no era la primera! Hubo una cosa que me resultó demasiado significativa, porque a mí en Improvisto me chalequean… es decir, yo soy un chiste fácil para todos los actores de Improvisto: yo salgo a escena y con meterse con mi gordura ya tienen y hay un chiste en el público y eso es así. Ya tengo experiencia con eso y no me molesta. Pero en el show que vi había una improvisadora que es increíble, que es una gordita que siempre tiene como una matica de coco en el pelo, y ella sale al escenario y lo primero que yo pienso cuando ella sale es justamente en el chiste que me hubiesen hecho a mí si hubiese sido yo la que hubiese salido en Improvisto y eso pasó desapercibido y vino una capa superior a ese chiste y fue y que: ‘Okay, es aquí donde deberíamos estar nosotros en este momento’. Me encantó ese.

Y me gustó otro de Impro que los disparadores eran música que la gente tenía en el celular. Le pedían el celular al público y había como un DJ que iba mezclando, entonces esos eran los disparadores para hacer las improvisaciones y me pareció increíble lo que pasaba con esa música.

–¿Cúales han sido tu mejor y tu peor momento en el escenario?

–Yo creo que los buenos momentos son muchos. Evidentemente, la primera vez que jugué fue mi mejor momento en escena porque yo deseaba estar en este show desde que tengo uso de razón. Estaba súper nerviosa, pero tienes un equipo que no te deja morir y eso es una tranquilidad que no te da el stand-up. En el stand-up te mueres ahí de un infarto y ya (risas).

Otra, sin duda, fue la primera vez que tocamos suelo en Miami y agotamos esa función. Fue increíble sentir el público. La primera vez que agotamos el Aula Magna en la central fue otro momento en el que se te aguan los ojos en la tarima… Hay un montón así.

Y malos momentos… creo que cuando no estás conectado con el juego, que es como que le ves la costura a todo. Es como: ‘Dios mío, esta puede ser, lejos, la peor función que hemos tenido en la vida’. Para mí, ese momento fue en Costa Rica: era un público que no hacía click con nosotros, o yo no sé si eran otro tipo de persona…

–Ese es el riesgo de hacer giras, ¿no?

–Claro, porque aparte nosotros estábamos invitados en un festival y había mucha gente de Costa Rica, entonces había que buscar la manera de adaptar este idioma para la gente de Costa Rica y ellos no son eufóricos como el venezolano, sino que son mucho más pasivos. De hecho salimos y fue y que: ‘Buen show, buen show’. Y nosotros y que: ‘Pero no demostraron que era bueno (risas)’. Ese, creo, fue uno de los peores shows de mi vida. Al menos el que más me costó.

–¿Tu género favorito de Improvisto y uno que no te guste tanto?

–Mi género favorito es ‘Contrarreloj’, que es uno que se hace en tres tiempos: se hace una presentación de cuatro minutos, luego de dos minutos y luego de un minuto. Y el otro es ‘Musical’. A pesar de que no canto, me gusta mucho porque yo soy una rapera frustrada. Entonces cada vez que tengo oportunidad de lanzarme una lírica (risas), lo hago.

–¿Vives de esto?

–Vivo de esto absurdamente. Completamente vivo del humor gracias a Dios. Vivo de Improvisto y del stand-up. Esas son las dos cosas que hago y espero vivir de eso hasta que me muera, porque no pienso regresar a una oficina por ahora.

–¿Improvisto en una palabra o en una frase?

–Trabajo.

–¿Un hobby?

–Comer.

–¿Una canción?

–No Rain, de Blind Melon.

–¿Artista?

–Pharrell.

–¿Película?

–Uff. Creo que la saga de Harry Potter siempre será mi película, pero estoy demasiado con La la land ahorita. Es que vengo de Los Ángeles, entonces todo es La la land allá. A parte de que descubrí por qué la película se llama La la land.

–¿Por qué?

–Se llama La la land porque a la gente de LA (Los Ángeles) le dicen que anda en las nubes y todos son “La la land”. O sea, el ‘La’ es de LA (Los Ángeles). Lo usan cuando, por ejemplo, te preguntan algo y tú respondes y que: “No, es que yo prefiero el café de la esquina (voz de sifrina)”. Entonces te dicen: “Tú y tu La la land”.

–¿Serie?

–Game of Thrones.

–¿Actor?

–Leonardo Di Caprio. Y actriz: Susan Sarandon.

–¿Frase?

–Búrlate de ti primero y verás cómo nadie nunca se podrá burlar de ti.

–¿Comida?

–Papitas fritas.

–¿Ídolo?

–Creo que Jerry Seinfeld es uno a juro, por todo lo que significa, y de acá, Emilio Lovera, porque trabaja incansablemente.

–¿Alter ego?

–Una asesina (risas).

–¿Un libro?

–El último libro que me compré es el de Técnica de Improvisación de UCB y el último que me leí fue Una Vacante Disponible, de J.K. Rowling, que también es bueno. Una novela para adultos que está buena, buena, buena.

 

María Corina recargada

La cola y la franela manga larga quedaron atrás. El outfit de las marchas fue sustituido por uno más ejecutivo, de pantalón y chaqueta crema. El cabello también varió: ahora lo lleva suelto y un poco más corto. Sin embargo, en María Corina Machado se mantienen intactos el firme apretón de manos, una cierta severidad en el semblante, y, sobre todo, esa capacidad narrativa de la que hace gala al tomar la palabra. María Corina, preciso es repetirlo, parece haber bebido a fondo de las fuentes de la épica grecolatina, y al hablar eleva los hechos a categorías de gesta civil y hazaña ciudadana, de empresa siempre gigante y heroica. Ayer, en la UCAB, en un conversatorio organizado por el Centro de Estudiantes de Letras –que tuvo mil y un trabas para ser llevado a cabo, arrancada de volantes incluida–, en el que estuvo escoltada por un Onechot que no se cansó de repetir que estaba dispuesto a dar la vida por Venezuela, y un Germán Carrera damas que a sus ochenta y dele fue el trol de los troles, María Corina disparó artillería pesada y gruesa contra tirios y troyanos. Para ella, en el poder lo que hay es una “narco-dictadura” que no se va a entregar sino que hay que desalojar. “El poder hay que tomarlo. El único propósito frente a una dictadura es removerla. La única política legítima es la que lucha para debilitar y socavar las bases que la sostienen, y todo lo que le da legitimidad, plata o tiempo está prohibido”, dijo para referirse a los diálogos y acciones similares. La experiencia de la MUD la resumió en una frase: “nos hicieron subordinar la efectividad a la Unidad, y caímos en una dinámica que nos hizo avanzar a la velocidad del más lento y en la dirección del más débil”. A las elecciones las llamó “farsas que pretenden convertir en épica una simulación de lucha”, no sin dejar claro que cree en el voto “pero en el voto que elige y no el que crea una ilusión de participación”. El gran error actual, en su opinión, es subestimar el poder de la gente: “Tenemos la fuerza y la mayoría, y el deber de confiar en ello”. ¿Su ruta? “Aglutinar todas las fuerzas en una sola dirección: la remoción de la dictadura”. María Corina, no quepa duda, ha vuelto recargada.

Selfie: la atención por la atención

Por: Diego Alejandro Torres Pantin

Tengo la impresión de que hoy en día se hacen selfies sin saber por qué, de que todos lo hacen casi mecánicamente. Cada vez que lo pienso me viene a la mente una anécdota universitaria: Mientras una profesora daba su clase, tres chicas se hacían una foto para colgar en  sus redes. Lo chistoso no fue eso, sino que  cuando ella les llamó la atención con un “¿Disculpen?” una de ellas le respondió “Profe, ¿quiere tomarse una foto con nosotras?”. Supongo que es fácil adivinar cómo reaccionó la docente.

Esa anécdota divierte, pero no extraña: el selfie ahora es omnipotente. Para muchos jóvenes, es un requisito obligatorio cuando van al cine, a comer, a la playa, a la Universidad… Hay chicas que sienten la necesidad de hacerse uno en cada sitio al que van, y también varios varones. Y claro, sin su público esto no tendría razón de ser, porque su objetivo es obtener todo el prestigio digital posible (es un secreto a gritos ensordecedores). Es una especie de ritual que amerita hacerse en todos lados. Está bien sacarse una foto para recordar un momento especial pero… ¿por qué en el baño? ¿Y por qué tantas? ¿Y por qué todo el tiempo?

Quizás sea posible comprender el porqué. Erich Fromm, famoso psicólogo del siglo XX, sostiene en el tercer capítulo de su libro El miedo a la libertad que el fenómeno de la búsqueda de reconocimiento apareció en la época del Renacimiento debido al naciente capitalismo que surgía en las ciudades estado italianas tras las cruzadas. El movimiento social y económico se hizo más intenso,  y apareció también el ideal de producción, lo cual originó lo que hoy se conoce como competencia. Nació la necesidad de la trascendencia y el hombre empezó a buscar el prestigio social. Según sostiene Fromm:

Esta inseguridad, subyacente, consecuencia de la posición del individuo aislado en un mundo hostil, fue (…) peculiar en el individuo del Renacimiento, y no se haya presente, (…)  en el miembro de la estructura social del Medioevo: su apasionado  anhelo de fama. Si el significado de la vida se ha tornado dudoso, si las relaciones con los otros ya no ofrecen seguridad, entonces la fama es un medio acallar las propias dudas”.

Retratarse a sí mismo como arte

El selfie nunca ha pretendido tener valor estético. Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre el acto de hacerse un selfie y hacerse un autorretrato. Para empezar, podemos comentar que éste tiene años de tradición en Occidente: desde la época del Renacimiento, los pintores –y a partir del siglo XX, también los fotógrafos- han dejado al mundo la imagen de su rostro en algunas de sus obras. Aquí en Venezuela tenemos un caso muy particular: el archiconocido Vasco Szinetar.

Szinetar empezó su proyecto en 1982, cuando se realizó un autorretrato en el espejo junto a Jorge Luis Borges en Caracas. Entonces se percató de que la fotografía tiene la posibilidad de expresar la identidad individual de las personas, incluyendo también la suya. Desde ese momento, se ha dedicado a hacer instantáneas a escritores, artistas y personalidades de toda índole, en una serie que continúa hasta nuestros días, y que le ha convertido en una figura de referencia, tanto por el público como por la crítica.

Vasco Szinetar y Jorge Luis Borges

Cada una de sus fotos tiene lugar en la intimidad, ya que busca lo primigenio de toda persona. Casi siempre está presente el propio fotógrafo, debido a que el compañerismo acentúa el ambiente de sinceridad. Y además, están sus interesantes juegos compositivos: algunas de sus fotos están inclinadas -cualidad de lo dinámico-; a veces la propia carne se usa como un encuadre natural; y su co-protagonismo a veces le deja a él desde un ángulo más pequeño, dándole una apariencia fantasmal, que vela por el bienestar del resultado. Vasco ha logrado crear su sello distintivo valiéndose de métodos sencillos, pero eficaces. No necesita un gran despliegue técnico para crear una obra de arte.

Szinetar comentaba en una entrevista que le realizó Andrea Tosta para El Estímulo que la foto con Borges le hizo ver el intenso peso que una personalidad semejante conllevaba. Se percató de que una persona no solo es un sujeto, sino también un símbolo, una carga de significados creada por su propia obra, y, en parte, es ese el origen de su trabajo: hacer visible el estado natural de los seres que han triunfado gracias a su intelecto. Es por ello que este artista ha diseñado una poética de la espontaneidad. Él mismo afirma que su propia imagen es central en su obra -pese a que muchas veces ésta no es el principal foco visual-, ya que es, en sí, una expresión de su propio ímpetu cosmopolita, un registro artístico del pasó de sus años disfrutando de la cultura que diseñan los modelos de sus fotografías. Podemos apreciar así su historia personal, y, al mismo tiempo, la historia reciente de nuestra cultura.

Vasco Szinetar y Emil Cioran

¿Quién dijo que el autorretrato no puede ser arte? El problema no es el género. El caso de Szinetar es muy emblemático actualmente, pero, de hecho, la historia del arte está plagada de casos. Tiziano, Caravaggio, Rembrant, Vang Gogh, Dalí, todos ellos mostraron su imagen en algunas sus pinturas, cada uno siguiendo la tendencia a la que pertenecía. Generalmente, el artista ha pretendido usar ese recurso para representarse de forma serena, con ojos penetrantes que miran al espectador. Y sea cual sea el motivo que les llevó a realizarlos, todos ellos han tenido su técnica bien pensada, la marca de sus estilos característicos, y una múltiple posibilidad de lectura, a diferencia de los simples selfies que se realizan sin ton ni son hoy en día.

¿Cuáles son los límites del narcisismo?

El selfie no persigue ningún objetivo artístico -lo cual no tiene nada de  malo-, pero es un ejemplo masificado de la vanidad de toda una generación. Su discurso se centra grotescamente en el Yo, y siempre dice exactamente lo mismo: “Soy hermosa”, “soy genial”, “soy muy interesante e inteligente”, “simplemente deja tu like”. Su objetivo es la aprobación social, recibe mucha atención y expresa poco, y es una manifestación del gusto de la fama por la fama.  Erich Fromm, en el segundo capítulo de El Arte de Amar, dedica unas palabras muy pertinentes para hablar de esto:

La persona egoísta solo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar sino únicamente en tomar (…). El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos. El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cariño y cuidado por sí mismo, que no es sino la expresión de su falta de productividad, lo deja vacío y frustrado (…). Parece preocuparse demasiado por sí mismo, pero en realidad, solo realiza un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar su propio ser”.

Pareciera que el selfie surge de una necesidad casi similar a la de las drogas. Tiene sentido. Si el anhelo de fama apareció en el Renacimiento, cuando el movimiento dinámico del mundo apenas estaba naciendo, ¿qué se puede esperar de una época en la que la moda cambia de un día para otro? ¿Qué se puede esperar de una época en la que una noticia que ocurre en Japón puede llegar  a Noruega al instante? Es esa una respuesta a la angustiante demanda de velocidad de estos tiempos.

Sorprende ver lo que son capaces de hacer algunas personas por un selfie. A veces agregan en el anunciado de la foto frases “profundas” para dar una apariencia de intelectualidad y de espíritu poético (pero es solo eso, una apariencia); otras, buscan afanadamente hacerse una foto junto a un famoso, pero no con la misma intención que Vasco Szinetar;  y en otras oportunidades llegan a extremos insospechados.

En un artículo de la BBC se habla del caso del ruso Andrey Retrovky, el adolescente que falleció tras caerse de un edificio mientras lo escalaba para hacerse un selfie, hecho que motivó al gobierno de Rusia a hacer una campaña online al respecto. Y como ése, están también los casos de David González López, corneado por un toro en España; y de Anna Ursu, electrocutada por subirse al techo de un tren en Rumania.  Según otro reporte del mismo portal, en el 2014 se registraron quince casos de muertes por selfie, en el 2015 treinta y nueve, en el 2016 setenta y tres. ¿Y en el 2017? No es necesario buscar fuentes para tener una certeza, y solo basta decir que este fenómeno está mucho más documentado de lo que aquí expongo. Ahora yo pregunto: ¿realmente es tan importante arriesgar la vida para eso?

No diré que el selfie es “una degradación cultural”, o que pondrá fin al arte fotográfico, porque obviamente eso no va a pasar. Muchas muestras de egocentrismo se han dado a lo largo de la historia. Pero me parece alarmante la masividad de una práctica tan vacía como ésta, en especial al tener en cuenta que hay gente que ha fallecido por ella.

Si te has sentido identificado/a con lo escrito, no te alarmes, reflexiona. La cantidad tiende a hablar de cuán grave o minúsculo es cada caso. Solo date cuenta de que no es lo mismo tener conciencia del momento, del lugar y del motivo de una determinada acción, a hacerla irreflexivamente por simple moda. Vasco Szinetar sabe por qué se hace autorretratos juntos a escritores e intelectuales, sabe que no cualquiera puede hacerse una foto junto  a él, y, a decir verdad, dudo que sus modelos hayan llegado a donde están buscando halagos en redes sociales con labios de pez. Piénsalo.

Sacándole punta al pueblo

Por Juan Sanoja | @JuanSanoja

Más allá de que el caso Smartmatic haya marcado un antes y un después en la historia electoral del país –resulta imposible confiar en cualquier cifra dada por el CNE–, hay dos elementos que han pasado por debajo de la mesa en esto del análisis:

El primero tiene que ver con la respuesta de la oposición tras las regionales de octubre: afirmaron que la trampa no estaba en las actas (totalización de votos), sino en lo viciado del proceso (comicios retrasados a conveniencia, reubicación de centros y manipulación del registro electoral, inhabilitación de candidatos y de la tarjeta unitaria de la MUD, prohibición de las sustituciones, CNE rojo rojito y observadores internacionales elegidos a conveniencia, compañas con recursos públicos, centros de votación con el nombre de Chávez y pare usted de contar).

El segundo está relacionado con la subestimación de la maquinaria del PSUV y del chavismo en general, tema que merece una serie de artículos aparte y del que pocos dirigentes de la oposición se han atrevido a hablar. Quizá Henrique Capriles, con las palabras pronunciadas en aquel evento de la UCAB («En defensa de la Constitución») que reunió a tirios y troyanos a principio de agosto, ha sido el que más se ha acercado a la génesis del problema: “aquí se trató de invisibilizar la mayoría que tuvo el presidente Chávez”. En pocas palabras, Radonski resumía la estrategia aplicada por la oposición durante tanto tiempo: hacerle creer a sus electores que en el otro bando no había gente, jugada que trajo una serie de consecuencias que usted puede leer en «El laberinto de la oposición».

Lo cierto es que el chavismo fue mayoría durante años hasta que en 2015, con la derrota en la AN, se dio cuenta de que tenía que empezar a hacer las cosas de otra manera y jugar más sucio que nunca (asunto que también abordamos en su momento, bajo el título «El chavismo contra el voto»).

Ahora bien, en la actualidad el PSUV no cuenta con los millones de votantes religiosos de antaño, ni está en la capacidad de dar pelas electorales, pero ha diseñado un aparato de dominación tal (Carnet de la Patria, UBCh, empleados públicos, comunas, colectivos y demás) que, si se le pone la lupa y se dejan las pasiones a un lado, puede explicar cómo un gobierno tan nefasto, y en medio de una crisis como la que vivimos, puede sacar una cantidad de votos a priori incomprensible.

El propio Nicolás Maduro, gráfica en mano y sin tapujos, expuso en el programa de Mario Silva, a una semana para la Constituyente, en qué consistía el fulano 4×4 del chavismo, una maquinaria electoral de la que otros líderes, como Diosdado Cabello, se habían cansado ya de hablar.

Ese día Maduro explicó que la estrategia se sostenía en cuatro columnas: las UBCh (Unidades de Batalla Bolívar – Chávez del PSUV); la estructura de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción); los movimientos sociales (Congreso de la Patria, Gran Polo Patriótico y colectivos, más las nóminas de las empresas públicas y privadas, ministerios, gobernaciones y alcaldías); y, por último, el Carnet de la Patria.

Todas estas columnas, decía Maduro, debían registrar un 1 x 10 o un 1 x 10 x 10. Es decir, cada miembro de cada uno de esos cuatro bloques debía llevar, mínimo, a diez personas a votar. ¿Cómo el PSUV medía esto? Porque una semana antes de las elecciones estaba previsto registrar a esos potenciales electores en un sistema computarizado. “La maquinaria, la logística, la movilización, el transporte… En eso nosotros somos expertos”, soltó con orgullo Nicolás durante el programa.

“El 4×4 es vital. Nadie tiene excusas para no incorporarse. Todo el mundo debe movilizar”, fueron las palabras del número uno del PSUV antes de detallar cada una de las fases del proceso antes descrito.

Revelar cuántas personas conforman cada bloque es una tarea complicada –al igual que pasa con el CNE, resulta imposible dar por bueno los números del gobierno–, pero, más o menos, estas son algunas de las cifras: las UBCh están conformadas por 40 mil militantes (2013), los CLAP pueden haber llegado, mínimo, a más de 10 millones de personas, el Carnet de la Patria lo tienen, también, más de 10 millones de venezolanos (y si a usted le parece mucho, salga a caminar y vea las colas que se hacen para sacarlo) y el PSUV tiene más de 7 millones de militantes.

El objetivo de estas líneas no es hacer una disección milimétrica para saber de dónde viene cada voto, ni dar por buenos los números del CNE, sino transmitir que el chavismo tiene un proyecto de dominación en el que la estrategia electoral es todo menos improvisada. Dominan, controlan y coaccionan, entre otros medios, a través de la comida (CLAP) y del dinero (bonos del Carnet de la Patria). Aunado a eso cuentan con un voto duro que todavía puede pasar los 3.5 millones de electores (entre chavistas devotos, miembros del partido, familiares, etcétera) y tienen una maquinaria que, palabras más, palabras menos, está en la capacidad de tocar la puerta de millones de venezolanos para obligarlos a votar (volvemos al principio del artículo: la oposición no pudo afirmar que la trampa estuviese en la totalización).

Uno de los episodios más oscuro de esta estrategia se vivió el pasado domingo, cuando la candidata del PSUV a la alcaldía del municipio Libertador, Erika Farías, tuiteó lo siguiente: “Vamos al remate perfecto. Nuestro Presidente @NicolasMaduro en sus declaraciones habló de un regalo a través del carnet de la Patria a los que voten. Sáquenle punta a eso. Vamos todas y todos después de votar al punto rojo”.

El chavismo, que criticó a adecos y copeyanos por regalar lavadores y neveras, ahora, en pleno 2017, compra votos por 500 mil bolívares, que no alcanzan para mucho más que tres cartones de huevo. Todo sea por su proyecto de dominación y por quedarse por siempre en el poder.

El orgullo de ser robado

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Puede que sea producto de la normalización del hampa  en Venezuela. Quién sabe. Esas convivencias crónicas suelen generar patologías igual de crónicas, como la que ha comenzado a asolar a ciertos electores que hoy, tras los resultados, se pavonean, orondos y orgullosos, diciendo que sí, que a ellos sí los robaron, y que por eso pueden quejarse de algo. La exaltación viene seguida, luego, por una frase de superioridad moral hacia aquellos que se abstuvieron, que no fueron robados y que, por lo tanto, no se pueden quejar de nada. Repito que no sé a qué se debe, pero que indudablemente es una patología: entre salvaguardar la integridad o exponerse voluntariamente a que la violen para luego quejarse con orgullo, la opción es (tiene que ser) la primera, porque a fin de cuentas el resultado es el mismo. Aunque duela, hay que entenderlo y asumirlo de una vez (y mientras más rápido mejor): el chavismo acabó con el poder del voto. Esa cosa preciosa, plausible y encomiable, que le dio desde el siglo pasado capacidad de elección y poder a cada ciudadano, que permitió que los cambios de regímenes se pudieran hacer civilizadamente, sin tener que andarse matando en batallas, eso, sencillamente, no existe. Lo que hay algunos domingos en Venezuela es un esperpento, una astracanada montada por un sistema totalitario que simula (parodia) las elecciones, pero sin ninguna incidencia en la realidad. Ni siquiera cuando se ganan (o se hace que): la Reforma rechazada en 2007 fue metida a cuentagotas vía Habilitante; a los gobernadores y alcaldes electos en 2013, cuando no les rebajaron funciones, los destituyeron; y a la AN electa en 2015 la dejó sin poder un TSJ de pranes. Eso, por más entusiasmo e ilusiones, es y ha sido todo. Y lo seguirá siendo hasta que algún poder real obligue a que haya elecciones justas y de verdad. Mientras no lo haya (ni las haya), las opciones (reales) son dos: acudir a dejarse robar voluntariamente, o no acudir. En ambas, cierto, el resultado es el mismo. Pero en una, la dignidad se desvaloriza; en la otra, no. Y eso vale. Por respeto: al voto y a uno mismo. Porque no hay (no puede haber) orgullo alguno en ser robado.

¿Votar o no votar?

El dilema que enfrentamos hoy los venezolanos es un poco menos existencial que el de Hamlet pero igual de complicado: ¿Votar o no votar? Posturas y argumentos hay -y de sobra- para cada posición, lo que dificulta aún más la toma de decisión. En el caso de nuestra redacción, nuevamente se encuentra dividida entre los que sí votarán y los que no, de modo que mal podríamos pretender señalar camino alguno. Por ello, nos limitaremos a hacer, sencillamente, algo que nos es más propio como medio: preguntar. Así que aquí les dejamos, a ustedes que seguramente sufren del mismo dilema, una serie de preguntas que quizás puedan ayudarles a resolverlo:

¿Sigue siendo electoral la salida? ¿Tiene el voto poder en Venezuela? ¿Ha mejorado el sistema electoral desde las elecciones pasadas? ¿Ha habido algún cambio al respecto? ¿Es votar convalidar el sistema? ¿Votar te hace necesariamente cómplice? ¿Participar en elecciones viciadas no es faltarle el respeto al voto? ¿Es prestarse a ser parte de un show? ¿Se pierde algo votando? ¿Se gana algo absteniéndose? ¿Es abstenerse una forma efectiva de lucha? ¿Pueden los cambios surgir de no hacer nada? ¿No equivale abstenerse a entregar todo en bandeja de plata? ¿Hay en verdad algún espacio que defender? ¿Hay candidatos dispuestos a ello? ¿Tiene sentido participar en unas elecciones que irremediablemente desembocan en la (f) Constituyente? ¿Lo tiene votar por candidatos que no aclaran si se van a juramentar ante la (f) Constituyente? ¿No es ilógico abstenerse en estas elecciones y participar después, en iguales condiciones, en las presidenciales? ¿No obliga, por mera coherencia, la abstención de hoy a hacer lo mismo luego en las presidenciales? ¿Es un acto ‘kamikaze’ o de extrema lucidez? ¿Quién gana, quién pierde y quién se beneficia con tu voto o con tu abstención hoy?

RESEÑA: ‘Relatos Salvajes’

#Cine: Seguimos con peliculones, con Ricardo Darín y con el cine argentino. ‘Relatos salvajes’ (2014) es un film con un formato particular, un largometraje que presenta seis historias inconexas cuyo único elemento en común es que cada una de ellas explora hasta dónde puede llegar el ser humano cuando lo hacen explotar.

Crítica social, sátira subversiva, valoración negativa del mundo actual, la cinta dirigida por Damián Szifron y producida, entre otros, por el maestro Pedro Almodóvar, es una brillante antología de cuentos que son relatados a través del cine. Una compilación de seis pequeñas obras de arte que se exponen en pantalla durante 120 minutos, en la que Szifron cuida cada escena, cada toma y cada color con el objetivo de que el film sea un deleite para la vista.

Estamos ante una película acerca de seres humanos en su máxima expresión. Un largometraje que trata sobre personas que, como cualquiera de nosotros, pueden llegar a perder el control en momentos de desesperación y locura. ‘Relatos salvajes’ lleva a sus personajes a perder la estabilidad, los empuja hacia la incomodidad, los hace dialogar con sus demonios internos y, al final de cada relato, muestra al público los funestos desenlaces de ese coctel dinamita.

Una infidelidad descubierta en plena boda; un adinerado padre de familia que soborna a las autoridades luego de que su hijo, ebrio, atropellase y dejara sin vida a una madre y su bebé; un señor que se tiene que enfrentar contra la siempre molesta burocracia estatal porque le remolcaron el carro en una zona donde el rayado amarillo no estaba pintado; son algunas de las historias que se encuentran en la película.

Entretenida de pies a cabeza, ‘Relatos salvajes’ fue nominada a mejor film extranjero en los Oscar del 2015 y superó al ‘Secreto de sus ojos’ como el largometraje argentino más taquillero de la historia.

Desgracia en Bolívar

Una verdadera desgracia tuvo lugar ayer a las 9 la noche en el estado Bolívar, cuando una camioneta embistió a toda velocidad contra la multitud que participaba en un concierto mariano a las afueras de la iglesia de la Inmaculada Concepción, cuya fiesta se celebra hoy. El conductor, que responde al nombre de Daniel Alejandro Rojas, de 34 años, estaba en estado de ebriedad y manejaba una  Ford SuperDuty 250 blanca, e intentó darse a la fuga luego de cometer el crimen; sin embargo, efectivos de la Policía del Estado Bolívar (PEB) lograron capturarlo luego de una breve persecución. Según se pudo conocer, Rojas venía del cierre de campaña del candidato del PSUV al municipio Heres, Sergio Hernández, que se llevaba a cabo en el mismo sector donde está ubicado del templo. El atropellamiento masivo dejó un saldo de ocho fallecidos, entre los que se encuentran una bebé de 06 meses, una niña de 08 años, un oficial de la PEB que se estaba de permiso y una anciana de 71 años; hay también varios heridos de gravedad –entre ellos un sacerdote–, cuyo número todavía no se tiene claro: la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar habla de 09, mientras algunos medios reportan solo 07. En todo caso, se trata de una de las peores tragedias que se ha vivido nunca en la capital del Estado Bolívar, y que se ha visto, además, agravada por el precario estado de los servicios de salud públicos: ayer en la noche se vivieron auténticas escenas de caos en el Hospital Universitario Ruíz y Páez, adonde fueron trasladados la mayoría de los heridos. Según reporte del ‘Correo del Caroní’ los médicos se quejaban de no tener la cantidad de insumos suficientes para atender una tragedia de ese tipo y, aunque estaban haciendo todo lo que podían, se veían desbordados. Cáritas Ciudad Bolívar es el organismo que se ha habilitado para gestionar cualquier tipo de ayuda y colaboración que se quiera dar a los heridos.