La final de los papas

Por: Ezequiel Abdala – @eaa17

Alfredo Di Stefano nunca le rogó a Dios en el campo. Y su razón era tan sencilla como lógica: “Si el contrario hace lo mismo, empate seguro”. Con esa deliciosa genialidad, la mítica saeta rubia despachó y cerró pronto la controvertida cuestión sobre Dios y el deporte, que ha vuelto a estar en boga con la ahora llamada final de los papas católicos.

Este domingo, por primera vez en la historia, habrá en El Vaticano dos papas, uno titular y otro emérito, viendo a sus selecciones disputar la final de la Copa del Mundo. En la Casa Santa Marta estará Francisco hinchando a Argentina, y a unos pocos metros, en el Monasterio Mater Ecclesiae, estará Benedicto XVI haciendo lo propio con Alemania. Al menos eso dice la lógica.

Aunque la imaginación de algunos ha volado hasta fantasear una cumbre vaticana con los dos papas reunidos frente a un televisor viendo la final, Francisco Lombardi, spokeman de El Vaticano, descartó ayer toda posibilidad, tanto de cumbre como de enfrentamiento: “Los Papas son superiores y siempre dicen que debe ganar el mejor”, explicó.

De hecho, no hay certeza de que la vean. Aunque algún meme haga pensar lo contrario, hasta ahora todo parece indicar que Francisco no ha seguido en directo ningún juego del Mundial. Como indica la vaticanista del diario La Nación de Buenos Aires, Elizzabetta Piqué, el actual Papa está bastante ocupado, no suele ver televisión, se acuesta temprano (máximo a las 10) y se despierta antes de las 5 de la mañana. Lo mismo Ratzinger, que es mucho mayor aunque tiene un ritmo de vida más tranquilo. Sin embargo, la ocasión lo amerita.

En la cancha

¿Fueron buenos jugadores? De Ratzinger se sabe que no: “Jugaba mal, era flaco, pequeño y apenas tenía fuerzas. Lógicamente sufría por eso y porque se convertía en una rémora para el equipo al que le tocaba en suerte su aportación”, cuenta el periodista José Manuel Vidal en un libro sobre Benedicto XVI.

De Francisco no hay certeza de cómo lo hacía, aunque Di Stefano creía que habían podido jugar juntos: “A lo mejor el Papa fue alguno de los chicos con los que yo jugaba a la pelota en la calle”, especuló en Marca. “Fuimos a la misma escuela. Él vivía en una Iglesia a dos calles de la casa de mi familia. En el barrio se armaban verdaderos encuentros de fútbol de todos contra todos hasta que oscurecía”. En aquellos años todavía no le habían extirpado a Bergogglio parte del pulmón derecho, por lo que la hipótesis tiene sentido, aunque Di Stefano le llevaba una ventaja de 10 años.

En la grada

Fuera de la cancha, ya como hinchas, la historia ha sido distinta. De Benedicto XVI se sabe que es fan del Bayern de Münich, equipo del que es socio honorario –carnet número 1000-, y al que ha seguido de cerca, tanto, que Giovanni Tappatoni contaba que cuando entrenó al club alemán, entre 1994 y 1997, recibía llamadas del entonces Cardenal Ratzinger para preguntarle por los rojos: “Hablábamos frecuentemente por teléfono, pues seguía con gran interés al equipo del que es hincha”; y no falta quien lo recuerde en El Vaticano viendo la final Bayern-Chelsea de 2012.

En el caso de Francisco, su pasión por el San Lorenzo de Almagro es archiconocida, al punto de que es capaz de recitar de memoria las alineaciones completas que han quedado campeonas de los “matadores”. Siendo Arzobispo de Buenos Aires ofició la misa por el centenario del club y recibió el carnet honorífico de membrecía, y ahora como Papa no desperdicia la oportunidad para fotografiarse con camisetas del equipo.

En la prédica

En el pensamiento de ambos, también el tema ha estado presente. En la vasta obra teológica de Ratzinger consta al menos una reflexión sobre el fútbol, en la que esboza un argumento para defenderlo de la acusación de ser solo pan y circo: “ayuda al hombre a autodisciplinarse y le enseña a colaborar con los demás dentro de un equipo, mostrándole como puede enfrentarse con los otros de una forma noble.”, dilucida en el libro Buscar las cosas de arriba.

Francisco, por su parte, suele usar imágenes y metáforas futboleras en sus prédicas y homilías. “¡Jueguen para adelante! ¡Pateen adelante!”, “¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo!”, “recen por mí, para que también yo, en el ‘campo’ en el que Dios me puso, pueda jugar un partido honrado y valiente para el bien de todos nosotros.”, se le ha escuchado.

En la historia

Hasta el momento, solo un Papa ha visto ganar a su selección el Mundial. Fue Pío XI, al que le tocaron tantas crisis –I Guerra Mundial incluida- que quizás por eso fue recompensado con las dos copas de Italia en 1934 y 1938. Entre los tantos títulos que ostentó –“el Papa de las encíclicas”, “el Papa de los concordatos”, “el Papa de las misiones”, “el Papa de las canonizaciones”- debería estar también “el Papa de los Mundiales”, por ser el único en la historia que pudo celebrar que su país natal alzara la copa. Eso hasta este domingo, cuando Benedicto XVI o Francisco comiencen a hacerle compañía en tan singular panteón.

Deja tu comentario

You May Also Like