#OJOconla25: Arte y conciencia en la animación de Max Hattler

Por Juan Pedro Cámara – @juanpecamara

Las banderas del mundo se encienden en llamas. El estruendo de los cañones acompaña su deconstrucción kaleidoscópica. Se juntan y se transforman con los sonidos de la guerra en el fondo. Es la obra “Stop the Show (aka WAR)”, del británico Max Hattler, un corto animado y abstracto encomendado por Amnistía Internacional. Su trabajo, basado en el manejo de software de imagen y sonido, juega con la abstracción y la figuración para encontrar un equilibrio en que la obra haga referencia clara a una realidad, sin proponer postulados lapidarios. Él prefiere dejar las preguntas abiertas al espectador. Estas son las que le hicimos nosotros:

¿Cómo crees que la emergencia de nuevas tecnologías ha afectado la creación artística?

El avance en la tecnología lleva a nuevas estéticas y a nuevas formas de expresión. La tecnología digital siempre ha jugado un rol primordial en mi desarrollo artístico. Cuando tuve mi primera computadora, temprano en los 90, vi a la tecnología con madurez porque yo mismo estaba creciendo. Juegos como Great Giana Sisters y Leisure Suit Larry fueron mi primera atracción, rápidamente complementados por imágenes de pornografía leve de 8 bits distribuidas en disquetes de 31/2 pulgadas por un compañero de clases sudado de mi primo mayor.

Pero rápidamente los programas de pintura y animación, los softwares de edición de sonido y paquetes de producción musical empezaron a llegar en esos disquetes también. Pronto, la computadora se había convertido en mi herramienta predilecta por sobre todas las otras búsquedas artísticas. Reemplazó el lápiz y el pincel; la pluma y el papel; la cámara; el violín, la guitarra y la batería.

Los softwares digitales tienden a estar basados en sus analógicos equivalentes. Los de edición de video se asemejan a la mesa de edición de Steenbeck; los paquetes de pintura emulan pinceles, papel; los programas de música imitan instrumentos análogos, sintetizadores y secuenciadores, etc. Sin embargo, los softwares están ordenados siempre por la lógica del código. La computadora, en sí misma, obviamente, no distingue entre medios. Ella procesa y aplica sus cálculos según su fuente de alimentación.

Es esta igualdad subyacente de los medios es lo que me emociona sobre trabajar en la era digital. Se relaciona directamente con mi propia práctica artística, enraizada en la experiencia de crecer entre computadoras, explorando diferentes paquetes de software, jugando con ellos, independientemente de su medio. Sonido, música, imágenes fijas y en movimiento; con todos esos medios se interactúa a través de una serie de interfaces y operaciones similares: herramientas para cortar y perforar, copy-paste, trabajo por capas, keyframing, efectos y transiciones, adiciones y multiplicaciones. Y todos pueden ser trabajados simultáneamente, porque son esencialmente reducidos a matemáticas. Hay una cualidad casi espiritual en ese proceso, ya que todo se transforma en ceros y unos. Data pura.

La naturaleza inmaterial del mundo digital permite la edición y experimentación sin fin, y de forma no lineal, sin señales de pérdidas o implicaciones en los costos. Por lo tanto lo digital, en el fondo, contiene un elemento de democratización. No estoy seguro si Marx estaría de acuerdo, pero pienso que es justo reconocer que a través de la computación el acceso a los medios de producción se ha abierto. Casi cualquier persona puede comprar una computadora y acceder a un software lo suficientemente poderoso para crear trabajos conmovedores con imágenes, cosa que en épocas precedentes hubiese requerido salas llenas de equipos de filmación prohibitivamente caros, asistentes y maquinaria.

Tus obras combinan expresiones figurativas con abstraccionismo. ¿Cómo piensas que esa realidad que plasmas se alimenta de elementos abstractos?

Me interesa la narrativa y el potencial sugestivo de la abstracción; la forma en que puede involucrar al espectador de formas diferentes, más abiertas que la producción tradicional. La manera en que la abstracción puede abrir un espacio para la reflexión, cómo puede ayudarnos a negociar nuevos significados, meditar y reflejarse en el mundo que nos rodea. De esa manera se abre un espacio que está alejado de la experiencia del día a día, pero que reflexiona al respecto y le da al espectador alimento para el pensamiento, en vez de historias completamente formadas.

Por ejemplo, mi film Collision trata sobre la relación del Islam y América. Quise contribuir al debate que se estaba dando, pero sin tomar partido. La abstracción de sonido, imagen y símbolos puede abrir un espacio suficientemente alejado de la realidad para crear distancia en la crítica y reflexión. Pero necesita ser lo suficientemente reconocible para crear significado. Se trata entonces de una negociación entre abstracción y figuración, entre reconocimiento y distancia crítica. Los trabajos que son completamente figurativos pueden ser demasiado narrativos y por tanto obligar a un significado específico, y al mismo tiempo es muy difícil que el trabajo completamente abstracto genere algún significado.

La guerra y el alto al fuego es un tema recurrente en tu obra. ¿Consideras que esos trabajos tienen impacto real en la conciencia política de la gente?

Es imposible cuantificar el impacto exacto de los productos culturales. Probablemente hay formas más efectivas de influenciar la conciencia política de la gente. Pero sí creo que la cultura en general tiene un impacto en la vida de los ciudadanos. Y si puedo poner mi grano de arena, por más pequeño que sea, eso hace que el trabajo valga la pena.

Activismo político: ¿es solo una puerta abierta para las expresiones artísticas o es un deber de los creadores?

De alguna forma, como artista —o, incluso, como ser humano— es imposible no ser político. Cada declaración puede verse como un acto político, eso depende desde la perspectiva desde la cual se lea. Pero claro que hay una diferencia entre ser implícita o explícitamente político. En mi trabajo, las piezas que se involucran más en ese tema son solo una parte de mi práctica. En ese sentido, no me veo a mí mismo como un artista político, y no esperaría que nadie más tuviera que serlo. Para mí, hacer un trabajo explícitamente político depende del tema, y qué tan cercano me sienta a él. Pero incluso en esos casos intento no ser polémico, y en cambio dar lugar a la interpretación. Abrir un espacio para el pensamiento reflexivo, más que presentar un mensaje cerrado y conclusivo. El arte no debería decirle a la gente qué pensar, sino más bien hacer preguntas y abrir el debate.

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