¡La calle es libre!: estatus sobre el espacio público

Del espacio público se habla mucho, pero ¿es –realmente– pensado? Y aún más importante, al ciudadano y a la ciudad, ¿se les estudia en conjunto? ¿Qué pasa con la mirada en la calle?

Claudia Aguirre – @Clau2812 

Corrado Beguinot, urbanista italiano, sostiene que hay tres formas para enfrentarse –estudiar– a la ciudad: de piedra, que es construida con ideas y luego cemento; de las relaciones, que guarda toda la interacción del ciudadano con el otro y el espacio; y de lo simbólico o subjetivo, que encierra un imaginario del lugar. Sin embargo, cuando se asoma una idea de ciudad, la primera imagen es una edificación. Pareciera que no importa el tipo de construcción, sino lo netamente arquitectónico –“las obras maestras”– y la utilidad inmediata del proyecto. 

“No basta con la recuperación física de Caracas, es vital recuperar nuestras maneras de comportarnos en lo público y en el espacio público”, afirmó Nelson De Freitas en la última sesión de tertulias del colectivo Una Sampablera por Caracas, en la que trataron la naturaleza de la ciudad de las relaciones.

Urbanita significa “ciudadano” o “persona que vive acomodada a los usos y costumbres de la ciudad”, según la RAE. Tulio Hernández, sociólogo y ducho en temas de cultura y comunicación, diría que la urbanidad “define a la ciudad y define al espacio público”, y. como lo explicó en el diálogo, una forma de comprender cómo se resuelven los problemas de la ciudad de piedra es entendiendo que “calidad de vida” no sólo tiene que ver con servicios óptimos, sino con el mantenimiento y cuidado de “buenas relaciones con los diferentes”.

Eduardo Paes también habla de “calidad de vida”. Su charla para la plataforma TED, Los cuatro mandamientos para las ciudades, da indicios importantes de lo que puede ser una ciudad del futuro, vista desde un ente gubernamental. El político brasileño señaló que los modos para poder gobernar o hacer vivible al territorio son “invertir en infraestructura, invertir en verde, abrir parques, abrir espacios, integrar socialmente y usar tecnología”.

 Asimismo, indicó que ya no se debería hablar de un “problema en la ciudad”, porque ella es una reunión de personas, sino más bien de la democratización de los espacios, y la función primordial del Estado como elemento propulsor del éxito. Ejemplos latinoamericanos sobran, como los barrios rescatados –entre comunidad y gobierno– en la ciudad de Medellín, Colombia, o las intervenciones en el asfalto de Santiago de Chile, que apoyan  la movilidad. Y un caso un poco más lejano pero revelador, la demolición de elevados para automóviles de Les Glòries, para convertirlo en un parque, en Barcelona, España.

 Democratizar los espacios

No sólo es tener espacios públicos, sino habitarlos. El ciudadano debe ser lector, productor y receptor de textos –mensajes, de cualquier tipo o forma– que desencadenen posibilidades de diálogo y promuevan la experiencia de convivir en la ciudad. Cualquier espacio puede ser ocupado por cualquier tipo de lector, por eso la necesidad de entender el papel de la ciudadanía, que Hernández reclama como algo que “se aprende y se enseña”, porque es “la relación entre un sujeto que defiende sus derechos y que cumple con sus deberes”.

En el cuento ¡La calle es libre!, de Ediciones Ekaré, se ilustra un pequeño ejemplo de lo que significa para el espacio público que la comunidad del Barrio San José, en La Urbina, se haga cargo de un terreno baldío.

–¿Qué pasó con nuestro parque? –preguntaron los niños.

Los adultos tenían una sola explicación:

–El gobierno no cumple.

–Siempre prometen y después no hacen nada.

Carlitos, Camila y Cheo no se conformaron.

Desde lo alto, miraban el terreno vacío y pensaban. Una tarde, Carlitos dijo:

–¿Y no podemos hacer el parque nosotros mismos?

–Estás loco, eso es muy difícil.

–Pero si todos ayudan, tal vez…

  Arquitectura de protesta

 El término aún parece ajeno a la conversación, sin embargo, su premisa es tachar la idea de construir más edificios. Paes lo mencionó en su charla: “Si no tienes espacios abiertos, tienes que abrirlos, para que la gente pueda adentrarse. Una ciudad del futuro tiene que ser verde”, y de eso se trata. La arquitectura de protesta reta a los conocedores del oficio, pero también ofrece una opción a quien esté interesado en hacer el ejercicio: pensar y reflexionar lo habitable y hacerlo vivible.

 “Caracas a pie”, del diario El Nacional, pudo ser el primer medio de divulgación para el Programa Arquitectónico de Recuperación, PARque. La crisis del papel eliminó la página del periódico impreso y el El proyecto quedó para las redes sociales y páginas web.

 La experiencia va de intervenir el terreno de la CAF, que está frente la Plaza Francia de Altamira, y hacer de este un parque con acceso a una sede del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. “Parece que al ciudadano no le importa el espacio público, aunque también es difícil explicarle a la gente que un parque puede mejorar su condición de vida, es complicado si no ven la respuesta, por eso la única manera de contar de qué iba esto era haciendo un proyecto”, contó Criollo.

 Hernández Bueno señaló que lo grave del ejercicio fue llevar el mensaje correcto: “Hay factores que influyen en nuestras vidas, esta especie de campaña o resultado del análisis busca que la gente piense un poco más sobre la carencia de espacios privilegiados, y de cómo esto afecta sus vidas”. Del mismo modo resultó curioso que colegas de los dos jóvenes criticaran el proyecto, hasta tildarlo de plagio. Criollo explicó que “muchos compararon la idea con un concurso que se realizó en el año 2008, para la nueva sede de la CAF. Nadie planteó un parque ni mucho menos. La mayoría postuló centros empresariales, y eso que en uno de los muros que rodeaba el espacio ya alguien había ofrecido una idea, dibujaron un graffiti que decía ‘¡PARQUE!’”, y Cruz y Andrea le tomaron la palabra.

 Los dos arquitectos aseguran que el PARque no es una idea definitiva. Si bien fue concebida como un proyecto completo de obra pública, su función no tiene que ver necesariamente con la implementación específica de lo que proponen, sino con la oportunidad de hacer reflexión en el otro y despertar la mirada, tan ausente, del individual venezolano. El tiempo no sobra y ahora solo pueden considerar la participación del Colectivo .AC en concursos de diseño, no obstante, sigue rondando el planteamiento de cambiar a la ciudad subjetiva o simbólica, a una más consciente que aprenda a pensarse, a través de la arquitectura de protesta.

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