¡Abajo el pesimismo!, por Hasler Iglesias

¿Cuántas veces en los últimos días nos hemos topado con personas que sólo hablan negativamente e incluso reclaman cuando se habla de cosas positivas -que aún subsisten- porque dicen que eso no es importante, que sólo hay que hablar de la crisis, de los problemas y del desorden?

Estamos viviendo una crisis, eso es indudable. Una crisis a todo nivel que se cierne sobre la economía y la política, pero también sobre nuestra dimensión humana y relacional. 

Sin embargo, no podemos lanzarnos al abandono. No podemos sumirnos en la desesperanza y el pesimismo que no sólo observan únicamente lo triste, sino que además se niegan a ver lo positivo.

Hoy en Venezuela hay millones de valientes que se despiertan con un sueño y salen a conquistarlo. Que entienden las dificultades, que sufren las crisis, que son víctimas de las injusticias, pero que eso no les impide alzar la frente, mirar a los ojos al vecino y encontrar en ellos un impulso, encontrar en ellos un grito de aliento que nos dice que no estamos solos.

Es altamente preocupante la proliferación de “pesimistas crónicos” en Venezuela. Esas personas que constantemente se quejan de la situación, y que dicen que “aquí no hay nada que hacer”. Esas personas que perdieron la esperanza, que tiraron la toalla y dejaron de creer que Venezuela tiene las capacidades de levantarse. Pero lo más preocupante es que aun cuando surge una noticia positiva, casi como el destello tímido de un faro en una costa lejana, quieren censurarla y que no se sepa lo bueno que está pasando en nuestro país.

Parece ilógico que en esta tremenda crisis alguien quiera hablar de lo positivo que se está haciendo. Pero es necesario que tengamos razones para tener esperanza, que sepamos que no estamos solos en nuestro empeño de rescatar a Venezuela. Es necesario que nos enteremos de la iniciativa de jóvenes en las regiones del país para promover la formación en valores, que sepamos que se están organizando actividades para fomentar la honestidad, la integridad y la tolerancia.

Es necesario que conozcamos a las miles de personas que se organizan por la defensa de sus derechos, contra los atropellos y las mezquindades, para mantener en pie la república y la democracia. Es necesario que conozcamos el trabajo incansable de los activistas deportivos y culturales en nuestros sectores populares, fomentando el desarrollo integral de los niños, manteniéndolos alejados de la delincuencia. Es necesario que pregonemos el trabajo arduo y desinteresado de los investigadores sociales y científicos para ofrecer soluciones a los profundos problemas del país.

Es necesario que nos demos cuenta de las miles de iniciativas ciudadanas que están surgiendo en Venezuela, a todo nivel. A pesar de un gobierno que quiere callar las voces que sueñan con un mejor futuro, crecen como plantas sobre las grietas de este aparataje vencido.

No es fácil lo que nos corresponde: Criticar y enfrentar una debacle que nos afecta, pero al mismo tiempo propiciar cambios y generar esperanza. Vacunémonos contra la desesperanza. No permitamos que nos quiten nuestros sueños ni nuestra alegría… Si eso llegara a pasar, en ese preciso instante, habríamos sido derrotados; pero mientras haya personas que luchemos, que arriesguemos y que entreguemos todo lo que somos para transformar este país, habrá esperanza y razones para seguir de pie, resistiendo y construyendo. ¡Abajo el pesimismo! Seamos catalizadores de esperanza y no permitamos que quieran nublar nuestra vista hacia el norte que nos hemos marcado: una sociedad justa, igualitaria, de oportunidades, que camine en conjunto hacia el desarrollo y el bienestar fuertemente arraigados en el amor, la tolerancia y el sentimiento profundo de ser hijos de esta Patria.

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