Reseña: “It Follows”, nueva película de Robert Mitchell

Por Humberto González – @hypediario

Lo primero que se tiene al ver uno de los dos films de David Robert Mitchell es la sensación de estar viendo a un realizador que tiene claro su estilo y su técnica para contar historias. Su forma de dirigir es una sustancia palpable que no pasa desapercibida, y que, con facilidad, llega a ser reconocible. Desde los movimiento de cámara, el uso de la luz, la posición de los objetos y la rigurosidad en el estudio de sus personajes.

En el año 2011 lanzó ‘The Myth of the American Sleepover’, ese coming-of-age que sigue las vidas de varios jóvenes en la ciudad de Detroit en busca del amor, la exploración de su adolescencia y el cómo la vida es lo que es. Mitchell comprobó, a través de una simple fórmula, que contar historias llamativas no necesita de fuegos artificiales, impresionantes efectos visuales o grandilocuencia en el guión; y así, sin más, cuenta a través de esa sencilla premisa la historia de su primer largometraje que, hasta día de hoy, sigue recibiendo aplausos en forma de crítica.

Aquel drama ahora parece que toma una nueva forma: el terror. Mitchell usa la misma fórmula: un estudio de personajes en la ciudad del motor. Acá seguiremos la historia de Jay (Maika Monroe), una chica de Detroit que, después de una cita con Hugh (Jake Weary), termina teniendo sexo en su auto en lugares deshabitados de la ciudad. Un cliché de películas de terror clásicas, en el que no es difícil identificar los elementos que Mitchell toma prestados de las películas de John Carpenter o hasta del mismo Wes Craven. Posteriormente, Hugh explica a Jay que le ha pasado una especie de maldición, representada en forma de una persona, que puede tomar la apariencia de aquella que ama o de otras cosas que le aterrorizan, y que le seguirá, paso a paso, hasta matarla. Sólo hay una manera para deshacerse -y parcialmente- de esta maldición: tener sexo con otra persona. Durante el resto del film, Jay debe encontrar la manera de lidiar con todo esto, y lograr deshacerse de esta entidad.

De buenas a primeras, ‘It Follows’ funciona como una metáfora del sexo, o, si se quiere, del pasado, también. La primera -y por qué no, la segunda- representan algo que te sigue. Que te persigue, y que, hagas lo que hagas, no puedes dejar de tener presente. Es algo de lo que no te puedes deshacer. Es una forma muy interesante de representar el conflicto interno del adolescente, en este caso, y su condición y forma de ser ante lo que representa tener relaciones sexuales. O lo que representa ser un adolescente, sin más. Es una forma delicada de ponerlo, porque a pesar de que el sexo es lo que da de comer a esta especie de muerte andante, el acto en sí no forma parte de la película como un elemento provocativo.

El film abre con un magnífico paneo de 360 grados que no se queda estático, y que en ocasiones sigue a una chica que es perseguida por esta entidad, que en un principio desconocemos, aunque no falla en decirle al espectador que algo retorcido está pasando en ese momento. Con una atmósfera terroríficamente contemplativa, Mitchell logra formar lazos incorruptibles entre el estilo y el género. Sus movimientos de cámara son insistentes en el estudio de cada una de las situaciones, con dollys y travellings que generan una sensación de presencia sobrenatural y acechante en cada plano. Son, además, los usos de cámara en mano y el tracking los que hacen a Mitchell un erudito en la ejecución del lenguaje cinematográfico, desenfundando una narrativa más que apetecible durante todo el film.

Los sintetizadores de Rich Vreeland acompañan a los visuales como si se tratara de gemelos. La composición, tecla por tecla, funciona como una máquina del tiempo, que no solo nos lleva a los sonidos de títulos como ‘Videodrome’, de David Cronenberg, cuya música fue compuesta por Howard Shore, sino que también opera hasta años más cercanos, afincándose en estilos parecidos a Mica Levi en la música de ‘Under the Skin’, de Jonathan Glazer. Estos dos hacen un trío efectivo junto con la fotografía de Mike Gioulakis, que desentona en comparación con otras películas del cine de horror y se parece mucho más a un experimento propio, con carisma envidiable.

David Robert Mitchell ya se encuentra en el ojo de los grandes estudios, aunque nosotros preferimos que se quede como está. Con el presupuesto necesario y un poco más para darle vida a sus originales guiones, eso sí, para que pueda seguir llevando a las pantallas pequeñas películas que son grandes. Muy grandes.

Desde luego, no es una casualidad que la película tenga un metascore de 83 en Metacritic y, en general, una aceptación y fascinación envidiables. ‘It Follows’ es, desde ya, una de las mejores películas de terror de la última década.

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