Trópico de Cáncer – Henry Miller

Por: Ezequiel Abdala – @eaa17

Paris era un burdel. Ese, a modo de Hemingway –que indudablemente titulaba mejor–, bien pudiera haber sido el nombre de Trópico de Cáncer, primera novela de Henry Miller, a la que la censura, siempre inteligente, le dio ese aire mítico de obra prohibida –lo estuvo en EE.UU durante 27 años– que tanto mejora  y vende algunos libros.

Uno entiende que hablar tanto y tan seguido de sexo y además de forma tan desenfadada, como si cualquier cosa, y con un lenguaje descarnado –aunque sospecho que la traducción del Círculo de Lectores algo suavizó o perdió– haya podido generar revuelo en los puritanos años treinta de los USA; no obstante, visto con ojos de ahora, lo de novela porno habría que entrecomillarlo: tanto por lo de novela –Miller nunca la consideró tal, y razón, creo, no le faltaba– como por lo de porno. Porque Trópico de Cáncer no es sino el desordenado diario de un americano que huye de la Gran Depresión y se refugia en el París de la entre-guerra. Un americano pobre y muy aficionado a los burdeles, que se mueve en el París más sórdido. Un americano, otro más, con aspiraciones de escritor en la más literaria de las ciudades. Un americano inconforme, lleno de dudas y preguntas, que no se contiene y plasma el papel, sin delicadeza, pudor ni estructura, tal como le viene, todo lo que piensa y vive.

¿Obra cumbre de la literatura americana? Así la consideraron en su momento importantes escritores –George Orwell, T.S. Elliot–, que evidentemente sabían más que yo, pero de grandeza, lo que se dice grandeza, le encontré poco: un libro provocador, escrito por un rebelde sin cortapisas, con algunas anécdotas interesantes y uno que otro monólogo memorable. Prosa correcta, no muy deslumbrante. Eso y poco más. Imprescindible para quien quiera conocer a fondo la bohemia y el París de callejón.

Deja tu comentario

You May Also Like