Una conversación radical (I)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Carlitos está indignado con la MUD y la paga conmigo. “Háblame, genio, ¿ya liberaron a Leopoldo?”, me dice a modo de saludo. “¿Qué?”, le pregunto dudando de si era una pregunta o una afirmación. “Que si ya tu MUD con su diálogo logró la liberación de todos los presos políticos incluyendo a Leopoldo”. Capto la ironía y le respondo con otra: que no he abierto el twitter todavía para saber. “Qué bolas, de pana. Una dictadura que usa a los presos como rehenes, como barajitas de intercambio, y ustedes apoyando eso”. “¿Ustedes quiénes? ¿Avalando qué?”, le cuestiono. “Tú y tu MUD. Sentándose con ellos, legitimándolos, haciéndolos ver ante el mundo como si fueran demócratas”. “Primero, la MUD no es mía; segundo…”. “Pero la apoyas”. “Sí”. “Por ahí vi una vaina tuya en OJO, llamando a la gente a calmarse en vez de rebelarse”. “Pues no la entendiste”. “Es que no la leí”. “Ah”. “Estaba muy larga, bro, ¿a quién se le ocurre escribir tanto?”. “Sí, bueno, pero se viralizó”. “Sería que lo confundieron con un meme”. “Capaz”. “De pana parecía”. “Ok”. “Tas claro que lo mejor de tus textos son las imágenes”. “Ajá”. “Y que todo el mundo comparte cosas que nunca lee”. Cara de emoticon chino. Se ríe. “¿A ti es imposible hacerte arrechar, verdad?”. “Hay que ponerle un poquito más, pess”. “Pero de pana ustedes se pasaron, bro. Eso no se hace”. “¿Nos pasamos quiénes y en qué?”. “Tú y tu MUD”. “Que no es mía”. “Tú y la MUD, entonces. Se pasaron. Estaba caído, caído; lo que quedaba era el golpe final, y le dieron ese plazo para que se recuperara. Son un chiste, de pana”. “¿Estaba caído cómo? A ver”. “Bro, caído, como caen los gobiernos”. “Los gobiernos caen por un golpe”. “O por una rebelión de la gente. Y a eso íbamos en Miraflores”. “A que nos mataran”. “Con la Iglesia aquí no nos iban a matar, se iban a cuidar”. “Ajá, seguro, ¿y en Miraflores qué íbamos a hacer? Llegábamos ¿y qué?”. Abre los ojos como dos platos. “A Miraflores llegábamos y se iba”. Ahora soy yo el que los abre. “¿Se iba?”. “De bolas, bro”. “Porque tú llegabas a la puerta, decías un, dos, tres, libre por toda Venezuela y ya, ¿no? Como en el escondite”. “El 11 de abril llegamos y se fue”. “Mentira”. “¿Ah, no?”. “Bro, se fue porque hubo unos militares que a media noche le pidieron la renuncia. Por más nada. La marcha había sido en la tarde y no lo tumbó”. “Pero ayudó”. “Claro”. “¿Entonces?”. “Entonces hay que entender que las marchas son un medio de protesta para manifestar descontento y hacer presión, pero no tumban gobierno, es muy raro que lo hagan; y que por no entender eso e ir a cada marcha creyendo que iban a tumbar el gobierno es que hay un montón de gente frustrada”. “Porque sí lo tumba una mesita de diálogo, ¿no? Eso sí, ¿verdad?”. Respiro. “Yo no he dicho eso”. “¿Entonces por qué apoyas esa mierda?”. “Porque estamos metidos en un peo tan arrecho, pero tan arrecho, que cualquier alternativa para salir de él del modo menos traumático posible hay que probarla”. “Y mientras tú pruebas tu metodito de diálogo, que no va a funcionar, y tú en el fondo sabes que no, el gobierno gana tiempo y se oxigena”. “¿Gana tiempo para qué? El gobierno está limpio, no tiene real, no puede llenar los anaqueles, de vaina y puede montar un Mercal cada dos semanas, es imposible que contente a nadie, que gane nada”. “Pero mientras tanto siguen los asesinatos, siguen los secuestros, siguen las colas, sigue el hambre. Ve y dile a alguien a quien no le alcanzan los reales y se acuesta sin comer, que no, que ya va, que se aguante porque ustedes tienen que probar su diálogo primero”. Pienso unos segundos. “Eso es manipulación”. “Ah, manipulación”. “El hambre, las colas y los asesinatos son culpa del gobierno, que no sirve para nada, no de la oposición”. “Claro, pero mientras ustedes más demoren el cambio de gobierno, más se van a prolongar esos problemas”. “No siempre lo inmediato es lo mejor”. “Ah, plomo, entonces esperemos a 2019 y hagamos las elecciones ese año porque lo inmediato no es lo mejor”. “¿Pero quién está hablando de 2019?”. “Estoy siguiendo tu razonamiento”. “Para deformarlo”. “Ajá, genio”. “Yo no estoy hablando de años, yo estoy hablando de un plazo breve”. “¡En el que va a seguir muriendo gente, coño! El hambre no conoce de plazos breves, el hampa no conoce de plazos breves, las enfermedades para las que no hay medicamentos no conocen de plazos breves, los presos políticos no conocen de plazos breves”. “Pero es que tú hablas como si la salida del gobierno hubiera estado en nuestras manos y por mero capricho la hubiésemos demorado”. “Exacto”. “Y eso no es así, bro. Primero porque no está todavía en nuestra manos. Entiende eso. Somos mayoría, sí. Pero desgraciadamente el mundo no es así de perfecto y eso no basta para sacar a un gobierno. Aquí hay militares, hay dinero, hay intereses, hay hasta narcotráfico, hay más factores de poder que solo el pueblo”. “Ah, cool, entonces pa’nuestras casas porque no hay nada que hacer”. “No es eso”. “A sentarnos a dialogar juntos como hermanos mientras la gente se muere”. “Pero déjame hablar”. “Ajá, ¿qué?”. “A buscar la salida menos traumática, ya te lo dije. De nuevo, bro, es el mundo, es la vida, es la política, no hay solución perfecta; a veces, casi siempre, hay que escoger entre lo malo y lo peor: y entre irnos a matar o darle chance a una alternativa que se abre como la del diálogo se puede escoger la segunda”. “Bro, eso lo entiendo. Razonamiento perfecto. Veinte puntos. Pero el problema es que el diálogo es una falsa alternativa. Eso no va a funcionar”. “¿Cómo lo sabes?”. “Marico, es obvio. Se los están caribeando demasiado a todos”. “Ah, claro, porque todos en la MUD son imbéciles, todos en el gobierno son genios, y todos los mediadores son ciegos”. “Algo así”. “No, bro”. “¿O sea que tú de pana crees que el diálogo va a funcionar?”. “Yo qué sé, pero creo que no es lo mismo ir a Miraflores con El Vaticano diciendo ‘esta gente nos hizo venir, llegamos, y ahora no nos reciben y se están matando por allí’, que ir con El Vaticano diciendo ‘hicimos todo lo que pudimos, este gobierno no cumplió, y les tocó rebelarse’”. “Hmmm”. “De pana busca el artículo y léelo, porque siento que me estoy repitiendo”. “Pase lo que pase el Papa no va a decir nada de eso”. “A mí no me culpes”. “Claro que te culpo, si eres el único católico que conozco”. “Con más razón. Este Papa les gusta más a los ateos que a los católicos”. “Si hablas paja. Igual, la marcha a Miraflores ya no va a ir nunca”. “Ellos se comprometieron a que si no funcionaba”. “Y tú les creíste”. “¿Por qué no?”.

Continuará…

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