¿Son los gringos unos dementes populistas?

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Un montón de blancos ignorantes, retrógrados y fanatizados, seducidos por un caudillo populista. Ese es, con sus matices, el relato que una parte importante de la opinión pública está haciendo de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. Desde la madrugada, las redes sociales y unos cuantos medios se han visto inundados de mensajes entre apocalípticos y fatalistas en los que se señala y acusa a una legión de necios norteamericanos, resentidos y sin educación, que, idiotas ellos, se dejaron llevar a la ruina por un monstruo mitológico ante el que el propio Hitler palidecería. Pero puede que la realidad sea un poco diferente y que los norteamericanos lejos de ser masa embrutecida y enloquecida que hoy tantos pintan, sean incluso una gente que razonablemente eligió de acuerdo con sus intereses, que no necesariamente son los nuestros. A continuación, algunos puntos a considerar.

MÁS QUE UN PERSONAJE

Lo primero a considerar es que, aunque parezca increible e incluso imposible, Donald Trump era mucho más que el personaje altisonante que aparecía vociferando en los mítines, y que fuera de las consignas tenía una serie de propuestas. Evidentemente lo mediático, lo que se resaltaba y lo que nos llegaba eran sus exabruptos, insolencias y frases polémicas, pero decía y proponía muchas más cosas, de las que no solíamos estar ni ligeramente bien enterados.

DICE LO QUE PIENSA

Políticamente incorrecto, grosero, altanero, maleducado, descortés, insolente, tosco, irreverente, vulgar, ‘bully’. Sobran los adjetivos para describir al Trump de los mítines, y casi todos son negativos. Pero mientras desde afuera lo escuchábamos escandalizados, el votante norteamericano veía otra cosa: autenticidad. “Voté por Donald Trump. No sé mucho, no soy muy educado. Pero él dice lo que se le pasa por la cabeza. No le da miedo opinar cosas que pueden irritar a los demás”, le dijo AP un joven y dio con la clave: Mientras en la otra acera estaba una política de carrera, experta en caer de pie tras mil batallas, maestra del disimulo, que calibraba cada palabra, mesuraba todas sus frases y decía solo lo justo; en esta acera aparecía un hombre que no disimulaba, decía lo que le salía del forro, y con el que al menos se podía tener la certeza de saber con exactitud lo que pensaba. ¿Era eso populismo? Ojo a la diferencia porque vale y sirve para responder:  una cosa es decir lo que la gente quiere oír, lo que la gente quiere que se le diga, y otra decir lo que a uno le de la gana. Lo primero es manipulación, lo segundo es autenticidad, y a Trump, allá, se le percibía auténtico. A Hillary, no.

PRO-VIDA

Después de las nada pudibundas conversaciones que se revelaron durante la campaña y de sus menos castas opiniones sobre las mujeres, puede que Donald Trump no fuera ese modelo de virtud que atrajera al hombre religioso estadounidense (que existe, vota y tiene su peso, aunque todavía haya quien piense que EEUU es un país de ateos). Pero nuevamente tenía en frente una Hillary Clinton que lo hacía parecer un chico bueno: ella se identificó de lleno y de frente con los grupos abortistas, a los que incluso les ofreció fondos públicos de llegar a ganar. Y allí el votante religioso lo tuvo claro: no es que votaría a favor de Trump (quien se mostró pro-vida en los debates, aunque esto bien podría ser una impostura) sino en contra de que llegara a la Casa Blanca una señora que iba a financiar con el dinero de sus impuestos lo que para ellos era no sólo un pecado sino también un crimen.

MENOS IMPUESTOS – MÁS PROTECCIONISMO

Ha sido una de sus grandes promesas electorales y de las que más seducen al americano: la reducción impositiva. Aunque el plan de Trump beneficiaba de manera clara a los más ricos, también implicaba una considerable reducción para los ingresos medios. Luego está el tema del proteccionismo: defender lo hecho en casa, darles prioridad a los productos norteamericanos, gravar lo importado. En los últimos años no han sido pocas las empresas norteamericanas que se han sido de EEUU para otros países donde las condiciones son más favorables, y que generan puestos de trabajo y empleo en otras naciones. Una reducción de impuestos y la promesa de proteger lo hecho en casa hace que el retorno luzca viable, incentiva el crecimiento de las empresas que ya están e implica un aumento en la producción de los ‘made in USA’. Y para el americano ello es más que deseable porque significa más empleo. Así de sencillo.

AISLACIONISMO

“Estados Unidos ante todo”. Esa frase resume la que podría ser la línea maestra de la política internacional de Trump, quien durante la campaña se mostró reacio a seguir participando en guerras que no le supongan ningún beneficio a EEUU; y esto, para el americano promedio, que suele ser aislacionista, es algo más que tentador: las guerras se financian con sus impuestos y los soldados que las libran son sus hijos, por lo que tienen poco o ningún interés en continuar siendo parte de conflictos en los que no tienen arte ni parte, que suceden en países que ni siquiera pueden ubicar en el mapa. Frente a ello, aparecía en la otra acera una Hillary Clinton que como Secretaria de Estado fue agresivamente intervencionista, sobre todo en los países árabes, donde sus incursiones terminaron siendo un desastre (en vidas y dinero) que fortalecieron a un Estado Islámico que ahora es toda una amenaza.

INMIGRACIÓN

Sus palabras contra los inmigrantes fueron duras y sus propuestas peores. Sobre todo al inicio, ya que luego las fue suavizando. Pero el punto es que hay casi 11 millones de inmigrantes ilegales en EE.UU y eso es un problema que tienen que resolver, y al que incluso Obama, tan querido, le ha puesto manos a la obra: su administración ha sido la que más inmigrantes ha deportado. El Trump radical le dio al americano la esperanza de arreglarlo con prontitud y además la seguridad (y esto es importante) de que allá no va a pasar lo de Francia, país al que una política de frontera abierta terminó por convertir en caldo de cultivo para reclutar y formar terroristas que han terminado cometiendo atentados allí. Eso los aterra y allí la mano dura de Trump parece más que deseable.

ANTI-PODER

Se le ha tildado de anti-sistema, pero sería más preciso hablar de un hombre anti-poder. No iba contra el sistema americano como tal, sino contra los grupos de poder que lo han manejado. Y la diferencia es importante: al americano le gusta su sistema y su democracia, y hasta se enorgullece de ella, pero cada vez más siente que se encuentra tomada por una serie de grupos de poder o lobbys, a los cuales Hillary Clinton representaba muy bien. Olvidemos su carrera política (ex primera dama, ex senadora, ex Secretaria de Estado) y centrémonos en sus apoyos: Wall Street (aunque parezca sorprendente Trump quiere aumentarles los impuestos a los gestores de fondo de la bolsa), Hollywood, la casi totalidad de los medios de comunicación, el lobby sionista (los multmillonarios judíos aportaron $154 millones a su campaña, siendo sus principales financistas), los lobbys feminista y gay, entre otros. Ante ello, votar a Trump significaba, por paradójico que suene siendo él lo que es, darles una patada a esos grupos de poder, decirles que ese país fundado por la gente (we the people) sigue siendo de la gente y que será la gente, la voluntad de la gente, la que lo gobierne, y no la opinión ni el gusto ni los intereses de unos grupos que tienen mucho dinero, poder e incluso influencia pero que no representan ni al 10% de la población. Nuevamente: no era un voto anti-sistema, sino un voto anti stablishment, anti grupos de poder. Y eso, para un país con tanta épica ciudadana, es siempre tentador.

Son apenas algunos aspectos poco conocidos de la campaña, de los que casi nadie habla (es más fácil explicarlo todo desde los prejuicios y reducir el resultado a la simple victoria del odio, el racismo, etc) tras los cuales se puede evaluar con más base si los gringos son entonces esa masa embrutecida y loca seducida por un demagogo populista que pintan hoy tantos, o una gente que votó razonablemente por lo que parecía que les convenía.

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