Karin Valecillos: “Hay que trabajar para algún día poder reencontrarnos en la alegría”

Trabajó siete años como guionista en RCTV, siguió en Televen, fue cabeza de equipo en la telenovela Niñas mal de MTV, hizo una especialización en Buenos Aires y volvió para constituir esa marca ineludible en las tablas venezolanas que es Tumbarrancho Teatro, una experiencia que suma cinco obras (de las 24 que tiene escritas) con una sensibilidad social muy marcada sobre la Venezuela de este tiempo. Actualmente se encuentra en el proceso de grabación de Sobrevivientes, su primera pieza llevada al cine

Por: Marcy Alejandra Rangel – @MarcyAlejandra

Foto: Edwin Corona

Karin Valecillos es esa simbiosis entre la televisión más comercial y quienes aman el teatro experimental por encima de cualquier cosa. Su vida profesional ha estado marcada por un tránsito de siete años como guionista de telenovelas en RCTV, dentro de las cuales están Estrambótica Anastasia (Martin Hahn, 2002) y Calle Luna, calle Sol (José Vicente Quintana, 2009), una brecha que define perfectamente esa generación de la televisión venezolana en la que se transmitían tres telenovelas diarias por canal y había, en simultáneo, dos o tres más en pre producción.

Pero, además de eso, la guionista es una talentosa escritora de obras de teatro que reflejan la situación del país. Está convencida de que el hecho artístico redimensiona cualquier situación con solo ponerle nombre y apellido a las víctimas, al punto de conmover al espectador. Esto sucedió con Jazmínes en el Lídice, una pieza inspirada en la historia de madres que han perdido a sus hijos a causa de la violencia y que se estrenó en 2013 como parte del Proyecto Esperanza.

Esta obra, además de obtener el primer Premio de Dramaturgia Isaac Chocrón, tres Premios Municipales de Teatro de Caracas (incluyendo el de Gladys Prince como Mejor Actriz) y dos de la Asociación Venezolana de Crítica Teatral, se hizo necesaria porque, desde el testimonio, demuestra lo importante que es para Venezuela cerrar ciclos para poder seguir adelante. Karin Valecillos, a través de su experiencia con estas madres, está segura de que la obra les hizo sentir que alguien quería volverlas a escuchar. “Si el dolor las hubiera consumido no estarían aquí. Ellas han tenido un valor, una fortaleza para seguir adelante y contrario a lo que uno pudiera pensar, ese es un ejemplo de esperanza, porque pueden sobrellevar el dolor más grande que puede existir. Si una persona pierde su pareja, dicen que es viudo; si pierde a su padre, dicen que es huérfano; pero no hay una palabra que defina cuando un padre o una madre pierden a un hijo. No hay un sustantivo que pueda definirlo. Entonces si ellas fueron capaces de seguir con sus vidas, si ellas son capaces de seguir como una forma de justicia, por qué uno no. Seguir es una manera de justicia”.

Años antes, Valecillos escribió 28.10.88, un guión que habla de la vida de los sobrevivientes de la masacre del Amparo y que ya tiene el presupuesto aprobado para grabar este año una película que será llevada al cine bajo el título Sobrevivientes. “Yo escribo teatro para que el espectador no se quede inmóvil, sino que le pase algo. Bueno, malo, le guste, no le guste. Nosotros presentamos Jazmines en San Martín y hubo gente que se salió en el momento en el que Meche dice que nadie hace nada, que aquí no pasa nada. Está bien que la obra le produzca esa necesidad de salirse, porque eso quiere decir que alguien está haciendo algo que está vivo y esa persona también”.

La escritora se planteó desde el primer momento plasmar un trasfondo social y político que hablara de la ciudad, de quienes la habitan, y así elaborar una postura, ante el mundo y la injusticia, desde el teatro. Así nacieron Cuentos de guerra para dormir en paz (2008) y Lo que Kurt Cobain se llevó (2009), dos guiones que fijaron una postura crítica ante el país “porque no se trata de aceptar cualquier cosa, porque lo que está de este lado es bueno o a la inversa, sino tener la capacidad de sentarte a ver el país desde lo fuerte, lo doloroso, desde lo que nos afecta, desde lo que somos sin tenernos miedo, sin sentir vergüenza, y creo que esa es la única manera de mirarnos en un espejo y empezar a transformar las cosas”.

Con esta afirmación, Valecillos pone la intención en una obra que entretenga a la vez que incomode al espectador. “Un drama te entretiene, pero entretenerte no significa adormecerte, no tocarte, no conmoverte. Incluso hablo desde la risa. En ese sentido Cabrujas es grandioso, que te puede conmover desde el humor, puede hablar desde la risa y te está hablando del país”.

De MTV a Televen

Valecillos escribió los capítulos finales de la trama de Calle Luna, calle Sol estando en Buenos Aires mientras empezaba a hacer una especialización en guión en el Centro Profesional de Formación del Sindicato de Cine Argentino. Fue entonces cuando la llamaron de Sony para hacer la telenovela Niñas mal, una coproducción con MTV, en la que el equipo estaba repartido en Buenos Aires, Miami y Bogotá.

“Con todo lo que pasó en RCTV, por lo que hemos pasado políticamente en el país, hemos abandonado y hemos dejado de comprender el poder de la televisión, incluso como figura de entretenimiento. Se puede hacer excelente entretenimiento y todavía no lo terminamos de comprender”.

Dos años después, Karin llegó a Venezuela y gracias a su experiencia en RCTV empezó a trabajar en la primera novela que Televen hizo, Nacer contigo (2012), para luego seguir en Dulce Amargo (2012) y Nora la emprendedora, que todavía no se ha estrenado en la pantalla.

“Yo lo que hago es dar lo mejor que puedo de mí para que lo que está allí tenga sentido y no pensar que como es un negocio y es para otra gente puedo hacerlo a media máquina. En la medida que puedo pelearme para que algo quede bien, en la medida en que pueda pelearme y discutir profundamente, sí se logran cosas”.

Se queda en Venezuela

Rómulo Gallegos dijo una vez que hay momentos en un país en los que con hacer el trabajo es suficiente y hay momentos en donde el mismo país exige que se haga algo más. “Y yo creo que este es el momento en el que el país me está pidiendo que haga algo más”.

“Antes la gente tenía que decir por qué se iba. Ahora tiene que defender por qué se queda”. La licenciada en Letras de la UCAB dice que el teatro y el cine que quiere hacer están aquí, porque las historias que quiere contar están en su país. “Y siento en este momento esa necesidad de entablar esa conversación con este interlocutor porque, aunque suene idealista, solo aquí uno puede ser parte de la transformación y el cambio. Y no sé si yo veré ese cambio, pero puedo sentir que mi trabajo como ser humano ayudó a que algo sucediera para poder encontrarnos en algún lugar”.

Durante el proceso de Jazmines en el Lídice, la guionista descubrió que en todo el tiempo de divisiones, a los venezolanos los une la tristeza. “Si hay que trabajar es para algún día poder encontrarnos en la alegría. Por eso siento que me tengo que quedar en este momento. Es posible que uno salga, vuelva, pero creo que es aquí donde hay que construir”.

“Yo sería incapaz de pedirle a alguien que haga un sacrificio, solo le pediría a cada quien que haga lo que le hace feliz. Porque también se construye el país desde afuera. Si tú afuera puedes ser mejor de lo que puedes ser aquí, entonces afuera te van a conocer y van a saber que eres venezolano. Tú llevas el lugar de donde eres como una marca. Yo salí de Nora y no tengo perspectiva de decir que voy a entrar en otra novela, pero también es el riesgo de quedarse. A uno le tocó esta equivocación de la historia, como dice Cabrujas y, nada, hay que vivirla”.

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