Hablaron las piedras: nadie quiere a Maduro

El desprecio popular por el dictador hambreador, antes silente y expresado apenas en susurros y en ausencia, anoche se hizo manifiesto en un monumental abucheo que estuvo acompañado con el lanzamiento de objetos a su persona. Todo sucedió al final de un acto en el que se conmemoraba el Bicentenario de la Batalla de San Félix, transmitido en cadena nacional. Soberbio como él solo (y muy mal aconsejado también), el dictador quiso darse un baño de pueblo (así de disociado de la realidad se encuentra) y se encontró fue bañado de abucheos, pitas, insultos y hasta objetos. En la transmisión en cadena se pudo ver cómo ante la descarga, era arropado por sus guardaespaldas, la toma se iba a negro y la transmisión salía del aire. El hecho, que inmediatamente fue la comidilla de las redes sociales y a falta de medios se difundió por WhatsApp y demás sistemas de mensajería, pretendió ser desmentido por los agentes de la dictadura. Para Villegas y compañía no fue más que el acto de amor de un pueblo que enloquece por su presidente. En realidad fue el acto de desprecio de un pueblo castigado por el hambre, la pobreza y la mala gestión, hacia el responsable de su miseria. No fue, sino un pequeño acto de justicia, la única forma de expresarse que le dejaron a un pueblo al que le quitaron los medios, las elecciones y cualquier posibilidad de opinar en contra y manifestar su descontento. Lo dijo Cristo hace dos mil años (y lo citó Chávez bastantes veces): cuando todos callen, hablarán las piedras. Anoche, Martes Santo casualmente, gritaron.

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