Rafael Hernández, la vida por una foto

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

No es necesario llegar a la hora de conversación para darse cuenta de que Rafael Hernández (@sincepto) es un tipo que está hecho de otra madera. Y no porque sea desprendido y generoso, de sangre liviana y trato fácil, o porque suelte titulares prácticamente en cada respuesta. No. O no principalmente. Es que además goza de la rareza de una vocación llevada al límite. “A mí me dicen: ‘tu mejor foto por tu vida’; y yo digo: ‘dale, hago mi mejor foto’” soltará en alguna parte de la entrevista, que luego, ante el asombro y la fascinación del entrevistador, matizará (“no es la foto per se, sino estar en la calle, documentar y visibilizar lo que le está pasando a mí país”) pero no desmentirá. Y no lo hará porque la idea es absolutamente coherente con una frase de ese escritor y poeta maldito llamado Charles Bukowsky, que a Hernández le gusta citar: “Find what you love and let it kill you” (encuentra lo que amas y deja que te mate). “Y yo lo encontré”, apostillará, triunfador él.

Y sí, ciertamente lo encontró, pero ni tan fácil ni tan rápido. Ateniéndonos a su relato, la suya es la historia de un llamado claro que llegó con interferencia. “Todos corrían para huir y yo para acercarme”, recordará de sus primeros años. Pero no será hasta que sus padres, en algún momento que a falta de precisión hay que ubicar entre 2004 y 2006, le regalen una cámara (“una Sony de principiante”), que a él le caiga la locha. “Fui a una marcha al CNE con mi cámara, y allí me di cuenta de que el aporte más importante que podía realizar era documentar”. Y aun así, todavía se hará de oídos sordos otro rato: tras graduarse de Comunicador Social en la USM, trabajará algunos años como publicista. Tendrá que morirse Chávez y el país remecerse para que se dé cuenta (¡por fin!) “de que lo que quería era estar recogiendo y no viendo las noticias” y tome la decisión kamikaze de abandonar ese mundo de sloganes y reuniones para empezar de cero en la calle.

Y aunque escriba (que sí lo hace, y muchas veces con polémica incluida) y en algún momento haga la finta de decir que no puede vivir tampoco sin el texto (“siento que falta algo si está la una y no la otra”), sólo hay que oírlo hablar de la fotografía, escucharlo describir de memoria las mejores que ha tomado (“en mi vida sólo he hecho tres fotos buenas”) o que en el aire involuntariamente haga el gesto de disparar la cámara, para saber que Rafael Hernández es, básicamente, un fotógrafo de raza. He aquí el diálogo con él:

-Completa la frase: Un fotoperiodista es alguien que…

-…está en el momento correcto.

-¿Y cómo se hace para estarlo?

-Depende de la suerte, del instinto y del olfato. Muchas veces depende netamente es de la suerte y allí lo que tú aportas es lo bien preparado que estés para aprovechar ese momento: porque tienes un criterio, una idea de lo que se puede hacer, sabes operar tu equipo, tienes talento, y logras aprovechar el momento. Otras veces depende del olfato: a veces un gusanito te dice ‘métete por allí’,  sigues ese instinto y resulta que por ahí sucede algo.

-¿Con qué cámara trabajas?

-Canon 7D. Es una cámara profesional de gama media pero es súper cómoda. Yo siento que en fotoperiodismo la cámara no te hace. Yo sé que suena a cliché, pero los cliché son cliché porque son verdad. En el presente no tengo una cámara propia porque me han dañado dos en lo que va de protesta, pero con el celular he hecho fotos que yo siento que quiero mostrar, aunque con mi cámara hubiesen quedado más arrechas. Tú ves chamos con cámara amateurs, que no valen nada, y hacen trabajos impecables y tienen una búsqueda inquietante y curiosa. Creo que una de las cualidades es ser muy curioso y no conformarse con lo que se ve, sino ir más allá para encontrar el detalle o ese punto que no está a simple viste: tienes una escena, busca la manera de verla de una forma más creativa.

-¿Hay algún lente que te guste especialmente?

-Para mí sería el 35 mm o el 2.0. Creo que se acerca mucho a lo que el ojo humano ve, y tiene esa versatilidad de poder destacar bien los elementos y te permite agarrar un poco más la escena.

-¿Cómo es una buena foto para ti?

-Una buena foto debe hablar por sí misma. Nunca puedes prescindir de la fotoleyenda, pero la foto debe ser lo suficientemente poderosa como para trascender en el tiempo, y para eso tiene que estar bien compuesta, en el lugar correcto, y tener una carga de información importante y relevante. No puede ser una foto que no hable de nada, sino que los elementos se conjuguen para crear una historia. Una foto que no me cuente una historia no es una foto que valga la pena ver.

-¿Cómo es la relación entre calidad estética e información en el fotoperiodismo?

-Yo creo que debe haber un balance importante. Hay fotógrafos que hacen fotos preciosas, que son artísticamente muy bellas, pero la carga informativa y la historia pierden predominancia dentro de esa foto y esa foto se debilita en el tiempo. Puede ser un boom en el momento porque es muy bonita pero realmente más adelante se vuelve del montón. En cambio, cuando tiene esa carga de información, cuando sabe contar esa historia, esa foto siempre va a vivir.

-¿Puedes ponerlo en porcentaje?

-50/50.

-¿Tiene cabida el photoshop en el fotoperiodismo?

-No tiene cabida. A la imagen le puedes calibrar ciertos valores para destacar. Pero eso tiene que ser muy sutil, muy bien pensado. Hay medios que tienen a grandes fotógrafos y usan el foto montaje: eso me parece una falta de respeto con el espectador, con el fotógrafo y con el medio. Nada de photoshop.

-¿Existe el fotoperiodismo ciudadano?

-Yo creo que no existe. Para ser fotoperiodista tienes que tener cierta preparación, cierto talento y cierta responsabilidad. Existe el info-ciudadano que registra momentos importantes, los documenta, los difunde y tiene una importancia gigantesca, ya que sin ellos estaríamos más débiles de lo que estamos. Pero yo no los meto en el fotoperiodismo. Hay aspectos que no se cuidan allí: hay un aspecto editorial y uno estético que son importantes.

-¿Cómo ha sido la cobertura de estas protestas?

-Han sido días más violentos. En 2014 perdí una cámara y ya. Ahora he perdido dos. Y los daños físicos han sido mayores: ahora van contra ti, te disparan; llegas a tu casa, te quitas los pantalones y te encuentras con cinco morados de bombas que te han pegado y que por el calor del momento ni te enteras. Es mucho más salvaje. Las fuerzas de seguridad se declaran como tus enemigos. Y los manifestantes están más aguerridos y paranoicos a la hora de un infiltrado.

-¿El momento más difícil de esta cobertura?

-Fue en El Paraíso, uno de los primeros días. Llegaron los colectivos y los tuvimos muy cerca, armados hasta los dientes, con las armas afueras, pendientes de quebrarse a alguien. Mi asistente y yo logramos alejarnos un poco y vimos cómo a un fotoperiodista extranjero lo agarraron y le cayeron a golpes. Lo socorrimos después. Pero ese momento fue muy cagante. Tenerlos cerca, arrechos y con las armas afuera.

-¿Has llegado a sentir que tu vida ha estado en peligro?

-Tooodos los días. Pero se te olvida cuando se te dispara la adrenalina

-Y sin embargo sigues…

-Claro.

-¿Por qué?

-A mí me gusta citar una frase de Bukowsky: ‘Find what you love and let it kill you’. Y yo lo encontré. A mí me da mucho miedo, sé que mi vida, mis equipos y mi integridad están en peligro. Pero si estás cumpliendo el propósito de tu vida no puedes dejar de hacerlo.

-¿Una buena foto vale una vida?

-Sin dudarlo. Ni lo pienso. Claro. A mí me dicen: ‘tu mejor foto por tu vida’. Y yo digo: ‘dale, hago mi mejor foto’. Todos los días lo pienso: ‘hoy me puede costar la vida pero ojalá haga la mejor foto’.

-Pero ya va, tienes 32 años, ¿de verdad no te importaría morir por una foto?

-No me hubiese importado morir a los 20 por una foto. Porque tú encuentras tu propósito en la vida y sabes que lo vas a cumplir hasta cierto punto, de ahí pa’lante es un regalo. Capaz ya lo cumplí. No sé. No lo creo. Pero capaz me toca hacer una foto relevante en el tiempo, inmortal, y bueno, ya, no importa: si vale mi vida yo la pago. Es lo de Bukowsky. Es una realidad. Cuando consigues el propósito te puedes morir en el proceso, y bueno, qué cagada morirte, pero nada: cumpliste tu propósito.

-¿Y no hay otro propósito mayor que una foto?

-Es que no es la foto per se. Es estar en la calle, documentar y visibilizar lo que le está pasando a mí país para que tenga la oportunidad de cambiar. Yo poder aportar, poner mi granito de arena. El mecanismo de ese propósito en este momento es la foto. Pero mañana puede ser una crónica o un twitt o cualquier cosa, pero ojalá sea la foto porque creo que es lo que más hago y lo que más me gusta.

-Ok. Pero a ver: la tomas, te matan y ni siquiera la viste publicada…¿entonces?

-¡Pero el primero que la vi fui yo! La vi aquí [se señala los ojos]. Y eso te queda. Mira: yo he hecho 3 fotos buenas en mi vida y me acuerdo del momento en el que las hice y las puedo recrear con los ojos cerrados elemento por elemento, sombra por sombra, rayito de luz por rayito de luz.

-Entonces, dale, a ver…

-La primera: en la Avenida Fuerzas Armadas. Estaban robando al equipo de prensa de Vivo Play. Los colectivos los tenían amenazados contra el suelo y la policía les pasó por al lado. Tuve la suerte de ser el único fotoperiodista que estaba allí. Había otros, pero esa escena sólo la vi yo y la retraté. En esa foto está el gesto de pánico de la reportera, la cara del camarógrafo sin entender lo que pasaba, el odio en la cara de los colectivos, la indiferencia en la pose de la policía. Todo, absolutamente todo. No tenía el lente que tenía que tener en ese momento, pero la foto me hace sentir muy orgulloso, y nos ganamos el Premio Nacional de Periodismo de Colombia.

La segunda: En el 2014, una foto en la que se ve a la policía y a la resistencia enfrentándose en la UCV. Es una foto con una estética arrechísima, en la que se plasma ese contraste de una manera que yo nunca había logrado. Cada expresión en el rostro te cuenta una historia de la persona que está allí. Todos los elementos están pintados.

La tercera: Un amor platónico que bailaba tango. Le hice un retrato que yo siento que exuda tango. Es una foto súper misteriosa, súper tango. Ella es hermosa y se ve hermosa.

-Tras tantos días de protesta, ¿cómo hacer una foto original?

-Ese es el gran reto que nos tiene a todos muy preocupados. Buscar la originalidad, el elemento diferenciador mucho más que antes. Hay que tener los ojos muy abiertos y respirar profundo.

-¿Cuál es tu mejor foto de esta cobertura?

-No la he hecho todavía. No he hecho una foto de la que me sienta orgulloso en estos días. Estoy esperando que se me presente. La estoy buscando todos los días. Estoy preparado cuando me llegue. Pero no me ha llegado.

-¿Vas a saber cuándo te llegue?

-Sí. Es una cuestión del momento. Esto era lo que esperaba. Y clap. La lanzas. Pero tienes que estar preparado, moverte, correr, respirar profundo, estar con los ojos abiertos y tener la cámara lista.

-¿Y después de esa foto qué?

-Después de eso mis compañeros me van a recordar que soy una mierda. Entonces ellos van a hacer una mejor que me mueva a mí a querer superarme.

-¿La foto que te hubiera gustado hacer?

-La foto más arrecha es la que se ve la GNB, los escudos y atrás el gentío. Esa era la foto: la resistencia protegiendo a una Venezuela que está siendo oprimida por la Guardia. Esa es una foto perfecta. Yo hubiese dado la vida por ella. Allí está el criterio periodístico al 100%. Miguel Gutiérrez hizo la foto que para mí define estos días, y es una foto limpia, sin mayor ingenio y es la más arrecha. Esa es la foto que van a ver mis hijos en los libros de historia. De eso estoy seguro.

You May Also Like