Miguel Gutierrez: “Salir con una cámara es poner tu vida en riesgo”

FOTO: Julio Lovera

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

El acento bogotano lo perdió, pero las maneras no: habla de modo pausado, pronuncia perfectamente las palabras, no alza la voz y prácticamente no dice groserías. Cuando quiere hacer énfasis en algo, se desdobla y deja que salga una especie alter ego de expresiones cómicas y siempre correctas. De hecho, sería imposible hablar de él sin usar repetidamente palabras como ‘cortés’, ‘educado’ o ‘amable’. Por ello, aunque en ningún momento lo expresara, a este entrevistador no le quedó la más mínima duda de que para @miguelgutierrez (Bogotá, XXX) fue un suplicio tener que desayunar y responder preguntas al mismo tiempo. Y es que la conversación tuvo lugar a las 10 de la mañana, tras una pauta madrugadora, mientras el fotoperiodista de EFE se comía (o al menos eso intentaba) dos cachitos y una coca-cola.

Pero antes de llegar a ser este fotógrafo consagrado al que le piden entrevistas y cuyas fotos generan admiración incluso entre sus propios colegas, que no dudan ni un momento en mencionarlo en sus listas de referencia, Miguel Gutierrez fue, sencillamente, un estudiante de Comunicación Social de la UCSAR. Es allí, en los pasillos del que fuera el antiguo seminario de Caracas, donde hay que ubicar el nacimiento de este querer, más bien pasión, cuyo flechazo ocurrió en el IV semestre de la carrera cuando le tocó agarrar una cámara. “Fue amor a primera vista”, recordará de ese momento.

Su primera foto publicada cree que fue la de un zapato en el desaparecido semanario URBE (“había una sección llamada no-noticias, que eran noticias locas y absurdas, y había que ilustrar algo de un zapato. Recuerdo que me costó muchísimo fotografiarlo, porque lo querían iluminado”). Ese fue el Bautizo. Pero la Epifanía, o la Confirmación si se quiere, le llegaría por una mala dirección: buscando un cine colonial en El Conde terminaría en un ancianato destruido (“no tenían vidrios en las ventanas, cada vez que llovía se inundaban los cuartos, a los viejitos los bañaban con mangueras…”) en el que entonces realizaría un trabajo fotográfico que se publicaría un domingo en ‘Últimas Noticias’. La denuncia trajo consigo un escándalo pero también una solución: “no había pasado una semana cuando nos enteramos de que estaban trabajando en el ancianato y allí dije: ‘¡Guao esto sí funciona!’. Me di cuenta de que con la imagen podía decir más y podía ayudar y aportar”.

Y de aquellos polvos, estos lodos. Él no se considerará buen fotógrafo todavía (“siento que aún me falta”) y no cederá en esa postura aunque se le argumente lo que se le argumente (“mucha gente ha dicho que mi trabajo es bueno, sí, pero no me considero como bueno”). Solo al final hará la concesión de que puede ser que su vara de medida sea elevada (“no sé si es que tengo estándares muy altos”) y entonces hará una dicotomía entre el trabajo (“si mis fotos cumplen la función de informar, puede que esté haciendo un trabajo bueno”) y la persona (“pero para considerarme bueno como fotógrafo todavía me hace falta”). He aquí, pues, el diálogo con un hombre que va camino a la perfección:

Miguel, un fotoperiodista es alguien que… ve y observa.

-¿Qué se necesita para ello?

-Analizar, conocer, inmiscuirse. Una cosa es ver, que es lo que todo el mundo hace; y otra detenerse a observar: Qué está pasando, qué conlleva, cuál es el contexto, el trasfondo, hay un pasado, hay algo.

-¿Con qué equipo trabajas ahorita?

-Por exigencias del diarismo y de la realidad venezolana, me pidieron en la oficina que fuese más rápido a la hora de transmitir, y estoy trabajando con una 5D Mark IV, y una gama amplísima de lentes.

-¿Hay un lente que te guste en particular?

-Depende de la pauta y del contexto. A mí me gusta muchísimo el 16-35 mm, de hecho es con el que más he fotografiado últimamente. Hay gente que lo aborrece porque es muy complicado y difícil de manejar, y aunque es efectista y tiende a deformar la imagen en los bordes, bien usado haces buenas fotos con él. Yo procuro llevarlo siempre al tope, al 35 mm,sin descartar el 16 mm: me ha pasado que de repente algo ocurre a centímetros de míy en esos casosaseguro el 16 mm, echo un poquito para atrás y listo. Hace unos mesesme llegó un lente 100-400mm. Y es un lente dinámico, con un tamaño súper práctico. Me enamoré de ese lente el día que del SAREM salió un tipo disparando. Yo estaba resguardado atrás y gracias a ese lente pude tomar a la persona que tenía el arma de fuego, y está muy bien detallada. Por eso digo: todo depende de la pauta, de lo que esté ocurriendo. También hago fotografía de estudio, y en esos casos uso otro tipo de lentes.

-¿Entre la fotografía de estudio y el fotoperiodismo con cuál te quedas?

-Son distintas. Es como que te comparen un brownie y una hamburguesa. ‘Ya va: ambas son buenas’. Algo así podría ser el símil. Me nutro con el fotoperiodismo, me alimento de la realidad, de conocer, de transmitir. En la fotografía de calle están todos los elementos y eres tú quien tiene que hallar la manera de componer, contextualizar e informar. Y en la fotografía de estudio, el postre, tienes todos los elementos a tu disposición, los puedes ordenar y dirigir.

-En el fotoperiodismo, a la hora de realizar una foto, ¿qué debe primar? ¿la calidad estética de la imagen o la información que contiene?

-Tiene que primar la información. Eso es lo primordial. Luego,a medida que estás en la calle vas desarrollando el ojo. Sabes dónde ubicarte, sabes anticiparte a ciertos momentos y espacios y puedes jugar con la estética de la imagen. Si conoces el lugar y sabes cómo se va a comportar tu cámara con relación a la luz del momento, dale: tienes toda la licencia para jugar con los elementos estéticos. Pero lo primero es la información.Por ejemplo, antes de que me llegara la 5D Mark IV, tenía una 1D Mark IV que tenía el sensor sucio. Con esa cámara pude hacer la foto de los escudos. Si la detallas, en la pierna del militar hay una mancha negra, y no es una mancha de su uniforme, sino de mi censor. Sé que es un elemento estético que afea la foto, y yo soy mañoso con eso, pero por respeto no lo quito, porque allí lo que prima es la información.

-Si pudiéramos ponerlo en porcentaje…

-70-30.

-¿Qué opinas de la manipulación digital de las imágenes? ¿Eso tiene cabida en el fotoperiodismo?

-Yo particularmente no retoco: lo que hago es revelar el archivo digital, porque yo disparo en raw, que es un archivo en crudo, que no tiene ningún tipo de contraste o nitidez, salvo lo que registres con la cámara y el lente que estés usando; entonces, yo tengo que procesar el trabajo, retocar luces, sombras, de modo que no puedo decir que no tiene cabida el retoque de una imagen. Pero de allí a manipular el archivo para poner, quitar, saturar, darle claritiy o ponerle un filtro, eso ya es algo con lo que no milito. Pero no me quedo solo con ello, porque la manipulación no es solamente digital. Me ha tocado presenciar compañeros que manipulan una escena antes de fotografiarla: ‘ponte así, mira para acá’. Y es como: ‘oh, no. Eso no se hace’. Nosotros, como periodistas, podemos decirle a un atravesado: ‘quítate’. Pero no podemos manipular la escena o montarla. Yo no milito con eso. Y he visto compañeros que recurren a esa práctica de montar olla. No sé si a nivel digital lo hacen.

-¿Qué ha sido lo más difícil de esta cobertura?

-Lidiar con la pasión de la gente. A mí me han atacado de lado y lado, pero no ha sido por imprudencia o porque yo haya cometido un error, sino porque las cosas se salen de control. La gente está muy apasionada y pierde visión. Queda como ciega por defender una posición. Me pasó con un GN, que por hacer una fotografía me disparó una bomba lacrimógena. Eso fue al comienzo: Freddy Guevara fue a defender a un manifestante que se estaban llevando detenido,el militar no se da cuenta de que es Freddy el que está allí, lo agarra por el cuello y se lo trata de llevar. En lo que veo eso voy y en lo que hago el primer disparo recibo yo uno en el brazo. Hubo saña en ese momento. Y por parte de los manifestantes: ‘eres infiltrado, eres infiltrado’. Con que alguien diga que eres infiltrado o eres un ladrón pasa. Y eso me ocurrió en La Castellana.

-¿Has perdido algún equipo?

-De seguridad, nada más. Que me han robado. Se me han dañado dos cámaras: una que se empapó y la pantalla del LED no le funciona, y otra que recibió un golpe de bomba en el pentaprisma, me arrojó 3 errores y tuve que darle de baja.

-¿Has llegado a sentir que tu vida está en peligro?

-Sí. Pero es que ya el hecho de salir a la calle con una cámara es poner tu vida en riesgo. Ahora, en el contexto de manifestaciones siempre hay un riesgo de que te pase algo. Yo creo que si sabes manejarte en la calle, si conoces los códigos, si respetas lo que está ocurriendo, puedes minimizar el riesgo. Yo particularmente salgo con miedo. Siempre. No voy a jugar al héroe, no voy a jugar al valiente, de hecho, el miedo es lo que me frena a cometer imprudencias o locuras, o ponerme en mucho más riesgo del que ya estoy. Pero siempre hay una constante de que se pueda perder la vida.

-¿Y una foto vale la vida?

-No.

¿Ni siquiera una buena foto?

-Hace unos días murió una fotoperiodista que pudo fotografiar su muerte en una explosión. Y es como ‘ah, qué bien por la foto’. Pero pregúntame como se llama ella. No lo recuerdo. Y eso lo sé yo que soy fotoperiodista, pero eso no lo sabe el vigilante, el conserje, el político o el profesor. Y a final de cuentas yo me debo no a la foto sino a informar a esta gente. Entonces de verdad no creo que valga la pena.

-Cuando estás en mitad del enfrentamiento, con riesgo para ti, ¿todavía tienes cabeza para pensar en si una foto es buena o mala?

-Me ocurrió el día delSAREM.Después de los disparos, cuando todo se calma, había un carro en llamas. Llegaron los bomberos. Y de repente miro y digo ‘oye, qué bonito como la luz está atravesando las ramas del árbol y con el humo hace como una cortina de líneas. Oye, sí, esto con F14, 1200 de ISO, queda perfecto’. Entonces, sí, creo que todavía tenemos en algún momento la cordura para pensar en una fotografía estética.

-¿Existe el fotoperiodismo ciudadano, Miguel?

-Creo es en la fotografía que informa. No consideraría a alguien fotoperiodista por el simple hecho de que hizo una fotografía y ya. Yo no sé cocinar y en alguna oportunidad me toca hacer algo para comer, y no por eso me considero cocinero o chef. Entonces llamarlo fotoperiodista ciudadano, no; creo que es un título muy ostentoso para la gran responsabilidad que conlleva. Los fotoperiodistas vemos y observamos. Un ciudadano solo ve y no observa. Hace tiempo se hizo viral un video de Altamira de unos militares que se comen la luz y los chocan. Y todos han delirado con el video. Y como fotoperiodista a esa imagen le hace falta algo muy importante: ‘¿qué pasó con el conductor?’. Esta persona registra el choque, registra las detonaciones y se va. Y uno se queda con la interrogante de qué pasó con esa persona. El fotoperiodista se queda para ver qué va a pasar con la persona. Esa es nuestra labor. Por eso digo: bien, genial que esa persona tuvo la astucia para estar en el momento adecuado, pero eso no hace que sea fotoperiodista ciudadano. El fotoperiodismo informa. A mí ese video, por ejemplo, me contó parte de lo que pasó pero no qué ocurrió con el conductor.

-¿Tras más de cien días de protesta se podía todavía hacer una foto original?

-Sí. Había que reinventarse. Era difícil. Pero creo que la educación visual juegaun papel muy importante. Está bien que tengas ojo, la técnica y tu equipo, pero si no tienes cultura visual te quedas corto y va a ocurrir el fenómeno de repetirse. Yo hasta el momento no sentí que me hubiera repetido. Ya sea porque me obligué a usar un lente u otro,que me obligaba a cambiarme de posición. Ya sea el olfato periodístico: saber dónde está la noticia para registrar la fotografía que va a ser diferente al resto.

-¿Cuáles han sido los momentos más difíciles?

-Ha habido dos momentos: primero, documentar los entierros. Eso me ha afectado mucho. Es como: ‘ah, qué triste’. Ninguna muerte es justificada. Ni de un lado ni del otro. Pero ver frustrada una vida por un contexto que tú dices: tiene una solución tan fácil, una salida democrática, es doloroso. Ver madres y padres de gente talentosa, de gente joven, de capital humano, eso es muy triste. Para mí ha sido lo más triste.

Y lo segundo: la pérdida de valores. Cuando hubo la marcha de adultos mayores, yo ni el chaleco me llevé. Dije: no les van a disparar. Mentira: igual les echaron gas en la cara. Y era como: ‘pana, este señor puede ser tu abuelo, puede ser tu mamá. ¿En qué mente cabe qué tú vas a dispararle a una persona mayor, que tiene muchísimas más experiencia que tú, que tiene historia, que tiene anécdotas?’ Y ahí dices:‘ya va, ¿qué pasa con los valores de la sociedad venezolana? ¿Qué está pasando por tu cabeza para que arbitrariamente decidas atacar a una persona mayor? ¿Qué daño puede causarte un señor de setenta años? ¿Tirarte un bastonazo? Cuidado y tú le partes el bastón, porque tienes escudo, chaleco, casco’. Eso me afectó mucho: ese respeto sencillamente no está.

-Hay una foto tuya, Miguel, que muchos coinciden en que es, si no la mejor, sí por lo menos una de las mejores de las protestas: la de los escudos. ¿Cómo llegas tú a esa foto?

-Yo venía de fotografiar a una señora que decidió irse solita con una bandera a parársele en frente a los militares. Ella llega y un grupo de militares la retiran. Me quedé fotografiándola y de repente caigo en cuenta de dónde estoy y veo a los militares adelante, entoncescorro, llego, yme quedo en la mitad de la autopista. Veo que los escuderos se organizan, se forman, y empiezan a atacar. Me resguardo. Los militares se organizan. La veo y digo: este es el momento. ¡Llegué a ese momento por otra fotografía!

-¿Es esa tu mejor foto?

-No.

-¿Y cuál es?

-Mira, no sé. No podría decírtelo.

-Bueno, ¿cuál es la que más te gusta?

-Mira. No sé. Me gusta jugar con la ironía del momento, y si esta ironía tiene muchos elementos a contar es fantástico. Cuando los chicos usan cascos de la GN. O van a jugar Golf con las lacrimógenas. Es como muy irónico. Las fotos que muestran un detalle irónico son las que más me han gustado.

-¿Cuál es la foto que te hubiera gustado hacer?

-Las fotografías que me hubiese gustado, por registro gráfico, son la del muchacho que se quemó por una moto que explotó en Altamira y la del muchacho que le prendieron fuego allí también. No las hice por no haber podido estar en el lugar.

-¿Cuál es la foto que te gustaría hacer?

-Yo tengo clara la foto pero está muy lejos de lograrse: un abrazo de parte y parte. Y de verdad está muy lejos. El contexto político-social está, digo yo, en un momento muy crítico.

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