Juan Barreto: “Para unos eres el peor y para otros la salvación”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Parece mentira, pero hubo una época en la que el nombre de Juan Barreto (ese que hoy se publica en los créditos de fotos que abren portadas de periódicos y revistas de todo el mundo) fue, simplemente, uno de los tantos que había en la nómina de obreros de la Bigott. Sí, luce inconcebible, pero días hubo en los que se dedicaba era a montar eventos para el departamento de Relaciones Públicasde la famosa cigarrera. ¿Tendrían sus compañeros idea de que entre ellos se encontraba el que terminaría siendo uno de los fotoperiodistas más talentosos de su generación?Seguramente no. Aunque quién sabe. Quizás entre jornada y jornada les contara que había trabajado en ‘El Diario de Caracas’; y puede, tal vez, que en la hora de almuerzo hiciera algún comentario sobre los suculentos manjares que alguna vez viera (¿y comiera?) en las fiestas que cubrió como fotógrafo de sociales del periódico de 1BC. Y es que aunque sueneincreíble, Juan Barreto es también otro de los improbables frutos periodísticos de aquel mítico tabloide fundado por el no menos mítico Tomás Eloy Martínez.

A ‘El Diario…’ llegó con 16 años y un permiso especial de trabajo para desempeñarse como auxiliar de archivo. “Me metía en las discusiones de redacción y veía cómo escogían la foto de la primera plana. Luego veía a los fotógrafos, que para mí eran unas estrellas, con sus equipos y con sus cámaras. Y me empezó a apasionar todo eso. Fue  allí donde dije: esto me gusta”. Entonces (otros tiempos, sin duda) ‘El Diario…’ abrió un curso de fotografía e inscribió a su archivista curioso. Y terminado el curso, lo puso a cubrir sociales. Pero todo tiene su final, nada dura para siempre, ‘El Diario…’ se acabó (lo acabaron) y con él, parecía, el sueño de vivir de las fotos. Tras algunos meses desempleado fue a parar a la cigarrera, donde estuvo tres años hasta que un buen día tomó la decisión de volver a la calle: “Estudié diseño gráfico. Y me fui como freelance, haciéndole vacaciones a todo el mundo”.

Y todo el mundo eran una serie de fotógrafos cuyos nombres puede que ya no le suenen a casi nadie, pero a los que Juan, hoy en la cúspide de su carrera y próximo a cumplir dos décadas en la AFP, no sólo no olvida sino que venera: “Tenían una voluntad tan grande para meterse donde fuera, para andar en sucesos. Y no contaban con las facilidades y los recursos que hay ahora: usaban equipos analógicos y con película, pero le ponían ganas. Mis primeros pasos me los marcaron ellos. Con ellos aprendí todo lo que sé”. Son Vicente Corrales (“el señor Vicente para mí es la cosa más extraordinaria que hay”), Cheo Pacheco (“él me vendió mi primera cámara: una nikkormat viejita, viejita, pero excelente, que nunca le pagué completa”), Jorge Tortoza (“mis primeras coberturas en sucesos fueron con él: siempre voy a recordar una vez que nos metimos en La Peste, en el Cementerio General del Sur”),  Nelson Castro, Luis Vallenilla, entre otros, de quienes jura que si estuvieran ahora “sería otra cosa”. Y es suficiente escuchar el respeto (pero sobre todo el cariño) con el que los nombra, para darse cuenta de que no está haciendo demagogia sentimental y de que, aun estando en la cumbre del Olimpo, Juan Barreto no olvida quién es ni de dónde viene.

A continuación nuestra conversación con un hombre agradecido.

-¿Tú te consideras buen fotógrafo, Juan?

-No, no. Yo todavía no soy bueno.

-¿Y si tú no eres bueno, entonces quién puede serlo?

-Este poco de señores viejos que te nombré antes, que eran increíbles. Desde Jorge Tortoza hasta Carlos Ramírez. Buenos eran ellos. Hay una lista gigante que me da mucha lástima que esta nueva generación no conozca. Yo siempre les he dicho a los compañeros, a los que están empezando: nunca se olviden de que antes de nosotros hubo personas mejores que nosotros.

-¿Y a ti qué te falta para ser buen fotógrafo?

-Mucha más cobertura y experiencia.

-¿Te falta calle?

-Siento que me falta hacer otras cosas. Aprender más. Sé de fotografía, tengo grandes conocimientos de fotografía, los he adquirido a través de la experiencia y del trabajo de años. He tenido también voluntad por aprender, he hecho cursos de fotografía en zona de riesgo, por ejemplo, y todo ello te da un conocimiento. Pero eso es como el cocinero, me imagino. Yo de cocina sé muy poco. Pero supongo que siempre quieres experimentar más, más y más, y sientes que no llegas al tope. Yo siento que no he llegado a mi tope. ¿Que quizás todos los años de experiencia me han permitido hacer un mejor trabajo? Sí. Pero siento que falta un poco más, que tengo todavía una carrera entera por delante.

-Con toda tu experiencia encima, dime una cosa: un fotoperiodista es alguien que…

-…le apasiona  y arriesga su vida por esto.

-¿Y qué se necesita para serlo?

-Ganas. Saber que en el momento en el que tomas una cámara y tienes un carnet pegado en el pecho, eso tiene sus riesgos. Mucho riesgo. Para unos eres el peor y para otros puedes ser la salvación. Yo siempre se lo he dicho a la gente: tiene muchísimo riesgo. No es fácil.

-¿Con qué equipo trabajas ahorita?

-Con Nikon. Antes usaban Canon, pero ahora nos lo cambiaron en la agencia.

-¿Hay algún lente que te guste en particular?

-Fíjate que no. Yo en eso no soy como los otros compañeros: no me enamoro de los lentes ni tampoco de los equipos. Hoy puedo tener una cámara increíble y mañana trabajar con el celular. Si tengo un angular, trabajo con él; si tengo un télex, trabajo con él. Yo tengo desde una cámara Sony, que me la dio Sony para que se la probara, hasta una Fuji con la que he hecho todas las fotos que están en mi casa: de hecho, todas las fotos que he mandado a montar son con Fuji, nada de Nikon o Canon.

-Eso me lleva a preguntarte, ¿para ti cuánto es la cámara y cuánto es el fotógrafo?

-80% el fotógrafo y 20% la cámara.

-¿Qué debe tener una foto para que tú la consideres buena?

-Un buen encuadre, armonía visual. Que sea noticiosa, que informe lo que en realidad está pasando, que tenga contexto, que cuando la persona la vaya a ver sepa qué está pasando: solo con verla, sin necesidad de leer lo que pasa. El texto tiene que ser complemento de la foto, no la foto del texto. Esa es una buena foto.

-En el fotoperiodismo, ¿cuánto es la estética y cuanto la información?

-Para mí, primero es la información. Nosotros vendemos información, noticia. Lo estético depende. Si en una gráfica yo tengo la información y lo estético no está muy bien, la publico igual. Pero si tengo algo muy bonito, muy armonioso, pero nada informativo, entonces no. Lo bueno de ahora es que ese tipo de fotos se pueden usar pero para otro tipo de medio. Pero primero es la noticia. Yo vendo noticia. Si tengo lo estético, bien. Pero vendo noticia: me preparé para eso.

-Si pudiéramos ponerlo en porcentaje…

-60% la información y 40% la estética.

-¿Tiene lugar en el fotoperiodismo la manipulación digital de la imagen?

-A ver, hay dos cosas. Una es que el lector está obligando a los medios a ser surrealista. Entonces ellos nos obligan a usar esas herramientas para resaltar los colores, los cielos. Y se está volviendo todo muy surrealista. Te paras y miras el cielo y dices: yo nunca he visto un cielo así. Pero bueno, dar contraste, aclarar una sombra, eso me parece válido. Y eso lo puedes hacer. Con lo que no estoy de acuerdo es con montar o manipular personajes dentro de un fotograma. Si eso no existió, tú no tienes por qué inventarlo. No puedes. Allí estás jugando con tu propia realidad, y te estás mintiendo a ti.

-¿Qué opinas del fotoperiodismo ciudadano?

-Me encanta.

-¿Sí?

-Claro, porque gracias a él ya prácticamente no se puede ocultar nada. Antes era difícil, porque simplemente existía una sola imagen. Ahora hay miles. Y mientras tu estés informando de lo que esté pasando, bien. La calidad es otra cosa. Pero mientras estés informando de lo que está pasando, claro que eres fotoperiodista.

-¿Cómo describirías la cobertura de estas protestas?

-Mira, en un momento empezó muy suave y luego comenzó a subir de nivel. Nosotros pensábamos que los gases eran algo fuerte y resulta que luego se puso peor. Y siempre podía ser peor.

-En la cobertura de las protestas, ¿cuál fue el momento más difícil?

-Creo que todos los días hubo momentos difíciles. Cuando venía la GNB en moto, allí yo decía: ‘listo, aquí fue, voy a caer como presa’. En esos momentos yo, primero, trataba de no correrles. Segundo: mostrarles que yo no me metía en su trabajo ni ellos tenían que meterse en el mío. Pero siempre intentando mantener un margen: si me señalaban y me decían que no tomara fotos, yo no era quien para sacar la cámara y ser agresivo. Si me decían que no tomara una foto, no la tomaba. Si me decían que me fuera, me iba. A menos que yo viera que me iban a violentar algo. Ya allí cambiaban las cosas.

-¿Cuánto es lo más que has arriesgado por una foto?

-Cuando estaba más joven cometí más estupideces, creyendo que una fotografía podía salvar o ser lo más grande, y luego me di cuenta de que no. En el año 2003 recibí un tiro cubriendo las protestas y el tiro pegó en el chaleco. Allí entendí que primero está mi vida.

-¿Una foto no vale la vida?

-No. Mira. En 2010 me tocó cubrir el terremoto de Haití. En una de las zonas yo vi a unos hombres armados sacando restos de cuerpos. Cuando me vieron, ellos me apuntaron con una kalashnikov. Yo lo que hice fue darles la espalda. ¿Qué hubiese ganado si me pongo a levantar la cámara? Podía perder la vida.

-¿Y tú cuando estás en medio de estos conflictos tienes cabeza para pensar en lo que es una buena foto?

-Es que antes de llegar al lugar digo: ‘quiero hacer tal imagen. Hoy me voy a dedicar a hacer esto’. Y te vas acercando. Vas pensando. Hay momentos en los que dices: la tengo. O no la tengo. Pero te vas con un patrón.

-¿Tras tantos días de protesta te era posible hacer una foto original?

-Mira, aunque parecía que era siempre lo mismo, siempre había algo diferente. La gente no era igual: señoras, señores, muchachas. Eso le daba otro matiz. Sin dejar de hacer lo que pasaba. Buscar la diferencia. Te ibas reinventando poco a poco. De repente decías: ‘hoy va a ser tranquilo’ y resultaba que todo se salía de control, y decías: ‘guao’. Era lo que pasaba: uno pensaba que iba a ser tranquilo y cambiaba de tono en segundos. Podías tener 8 horas y los últimos 10 minutos eran los que te daban la imagen. Y tú decías: todo tan tranquilo y vino este tipo y cambió todo. Por eso tampoco hay que minimizar la protesta.

-¿Te afectó toda esa realidad que cubriste?

-Sí afecta, siempre afecta. Cuando haces algún muchacho que lo viste caer y luego te enteras de que murió, dices: ‘coño, ¿por qué pasa esto?’. O si ves a un policía pegándole a una señora, dices: ‘coño, ¿por qué hace esto?’. Es imposible que no te afecte.

-¿Llegaste a llorar?                     

-No, no, pero sí me preocupa adónde vamos a parar como país. Y no lo sé.

-¿Cuál ha sido tu mejor foto?

-Para mí la mejor foto es la que a la gente le gusta. Si tú me preguntas de todos estos días cuál es la que me ha impactado visualmente, creo que fue el chico quemándose. Para mí esa ha sido la más fuerte de las que he tomado. Tengo detenidos, gente muerta. Pero para mí ha sido esa.

-¿Y cómo llegaste a ella?

-En el momento de la protesta, luego de que la tanqueta le pasa por encima a la gente y hace desastres, yo iba caminando donde estaba el fotógrafo de AFP para coordinar la cobertura, cómo íbamos a cambiarle la tónica, y en ese momento explotó la moto. Pero explotó a metros. Yo de hecho pensé que quien se quemaba era mi compañero. Lo vi tan cerca que pensé que se quemaba él. Yo sentí el calor. Y cuando me doy cuenta, viene este chico corriendo encima de mí. Es una cuestión de instinto: la cámara, disparar, disparar y ya. Para mí ese fue el momento más fuerte.

-¿Y la de la señora con la tanqueta?

-En realidad yo la vi allí y le hice la imagen porque me pareció que era importante. La mandé, pero no había caído en cuenta de la importancia que tenía, porque había piedras, gases, muchas cosas. Cuando terminó el día y la vi, dije: está fuerte.

¿Y la del militar disparando una pistola de frente a los manifestantes?

-Cuando tú empiezas a ver los ánimos dices: voy para adelante, para atrás. Los vi corriendo hacia adelante a manifestar donde estaba la Guardia y me fui a un costado porque dije: aquí va a pasar algo. Y lo vi. Luego, el GNB dispara hacia donde estábamos nosotros. Cuando yo veo que él apunta, me agacho y escucho las detonaciones.

-¿Eso es un sexto sentido o algo así?

-Eso se va ganando con la calle. Uno más o menos sabe cómo puede terminar todo.

-¿Cuál es la foto que te hubiera gustado hacer?

-Creo que he hecho todas las que he querido. Si estoy allí es por algo. Y si no estoy, también. No juego con el destino.

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