Una charla magistral de Vargas Llosa sobre Borges

El año pasado, en la Universidad Complutense de Madrid, Mario Vargas Llosa ofreció una conferencia –más bien charla magistral– sobre Jorge Luis Borges y su obra. Comenzó reconociendo que al principio, siendo él un sartreano convicto y confeso, aquella literatura “artepurista”, “irreal” y nada comprometida del argentino, le chocaba un poco; que lo leyó al principio con cierta vergüenza, de manera conflictiva, pero con una admiración que no dejó de crecer con los años, y que aumentó luego de conocerlo. Fue en Francia, en el año 64: “Borges comenzó a hablar en un francés diechiocesco, antiquísimo, perfecto, elegante, con una desenvoltura total y dijo cosas tan originales que los franceses lo escuchaban deslumbrado”. Luego de la conferencia le tocó entrevistarlo: “sentí gran emoción al verlo en vivo, estuve intimidado frente a esta figura que parecía tan inofensiva: veía poco y mal, era tímido, tenía mucha inhibición al responder preguntas”.

Ese es apenas del abrebocas de la conferencia, ya que después del anecdotario, Vargas Llosa comienza a realizar una disección profunda de la figura del argentino –“es uno de los grandes escritores de nuestros tiempos, el único contemporáneo de nuestra época equivalente a los grandes clásico”–, su trascendencia –“la gran revolución que ha producido en la lengua es tan importante como la de los grandes clásicos”–, su estilo –“es uno de los más personales y admirables: se le puede admirar por los adjetivos” –, e incluso de su vida –“la vida de Borges estuvo llena de muchísimas frustraciones, y uno entiende muy bien que su verdadera vida haya sido la lectura, la fantasía”–, y de su personalidad –“Borges se inventó una persona, una figura detrás de la cual él se escondió para disimular su timidez y el enorme escepticismo que le produjo el éxito y el reconocimiento”–. Una autopsia deliciosa que le hace un genio a otro, y que pueden ver a continuación:

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