La guerra del fútbol – Ryszard Kapuscinsky

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

El gran acierto de La guerra del fútbol y otros reportajes, de Ryszard Kapuscinsky, es juntar lo mejor de dos mundos: el diario personal de un reportero de guerra junto con su producción periodística. Así, en sus páginas se alternan, en perfecto orden cronológico, algunos de los grandes reportajes que el mítico periodista polaco escribiera cuando era corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca (PAP) en África, y también todos los intríngulis que había detrás de ellos (los complicados traslados, por ejemplo, de una ciudad a otra, las detenciones que sufrió, el trato con sus superiores) y alguna de sus opiniones personales. De ese modo, el lector (y más si es o pretende ser colega del autor) queda con un panorama bastante completo tanto de los conflictos como del oficio de narrarlos.

Ese es el gran acierto del libro. Pero su gran mérito es otro: hacer comprensibles, digeribles y atractivos unos sucesos lejanos y remotos (geográfica y temporalmente), que al lector promedio puede que, en principio, no le interesen ni atraigan un poquito. Convertir guerras y conflictos bélicos sucedidos a kilómetros de distancia y media centuria atrás en temas de interés. Y allí, sí, todo el mérito es del autor, Ryszard Kapuscinsky, narrador de pluma prodigiosa y periodista de raza, que no sólo se limitó a contar conflictos sino a darles contexto y explicarlos, lo que ha hecho de sus piezas obras inmortales y de consultas imprescindible.

En total son 16 los textos (no todos reportajes),escritos entre 1958 y 1979, los que componen la selección del libro. En su mayoría, todos tienen a África como escenario, pero es uno que sucede en América Central el que le da el título al libro: “La guerra del fútbol”, un largo reportaje de 28 páginas, escrito en primera persona (como casi todos), sobre la breve guerra de las cien horas entre El Salvador y Honduras, que tuvo entre sus varios detonantes dos partidos de futbol de ambas selecciones. Es uno de los textos más remarcables, aunque puede que no el mejor. Ese honor bien se lo podría llevar“Argelia se cubre el rostro”, un extenso y muy bien contextualizado reportaje sobre el ascenso y caída de Ben Bella, presidente argelino depuesto por un golpe de estado en 1965. En un texto magistral en el que en 33 páginas Kapuscinsky hace de todo: informa, narra, contextualiza, explica, analiza y hasta hace disección psicológica.

La prosa del polaco no deja de ser, en principio, la de un periodista de agencia: sobria y correcta. No destaca precisamente ni por florituras y exuberancias o por imágenes y metáforas muy elaboradas. No. Por allí no va. Su genio está en la casi microscópica destreza descriptiva –no perdía detalle de nada, lo diseccionaba todo y sabía escribirlo al detalle–, así como en la indiscutible maestría narrativa, que lo lleva a salirse de pirámides invertidas, estrictos órdenes cronológicos y demás corsés del oficio, para contar, como todo un escritor de oficio, todas aquellas historias de las que fue un testigo privilegiado y muchas de las cuales se volvieron inmortales, no por su trascendencia sino por cómo ese gran periodista las plasmó.

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