Elías Pino Iturrieta 

Tras más de cien días de protestas y 135 asesinados, un día la calle se apagó, la vida en Venezuela volvió a su normal anormalidad y la dictadura siguió allí. La pregunta, entonces, se hizo inevitable: ‘¿Por qué no cayó?’. Con la premisa de que el periodismo no solo consiste en contar lo que pasa, sino también en ayudar a darle sentido y comprenderlo, el equipo de @RevistaOJO decidió buscar a un grupo de expertos para hacerles la pregunta. Son voces autorizadas a las que les daremos cabida en esta trinchera digital con frecuencia diaria para que nos ayuden a descifrar el enigma que tanto atormenta a los venezolanos:

-¿Por qué no cayó la dictadura?

Aquí, nuestra primera entrega, con Elías Pino Iturrieta*

-Porque todavía es fuerte, pese a los desencantos cada vez más hondos que ha producido. En especial, por el apoyo de las Fuerzas Armadas. Los uniformados, de acuerdo con la información que se observa a simple vista, forman un bloque compacto al servicio de la dictadura. Ninguna reacción de los opositores puede contar, ni siquiera, con el débil aliento de un solo cuartel. El dominio ejercido por el Ejecutivo sobre el Poder Judicial complica las cosas.  Todas las ventanas del sistema cierran la entrada de oxígeno vivificante. No para dar un golpe de estado, lo cual no es deseable, sino apenas para sentirse acompañados.  Si se agrega el hecho, nada desestimable, de que la cúpula no parece interesada sino en la imposición de sus intereses, las alternativas de una transición se hacen arduas. Pero, para no ver la situación apenas por uno de sus lados, es evidente que la heterogeneidad de la oposición y los tumbos de la MUD colaboran en el mantenimiento de la dictadura. Hay que mirar hacia la fragmentación de los partidos políticos para explicar la razón de que un régimen abominado por la mayoría de la sociedad continúe en las alturas.

*Elías Pino Iturrieta es historiador y escritor. Pertenece a la Academia Nacional de la Historia, es Presidente del Instituto de Investigaciones Históricas de la UCAB y Editor Adjunto de El Nacional.

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