Carlos Pereira, desde la cárcel: “Extraño mi libertad y cada noche pido a Dios fuerzas para mantenerme vivo”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

El viernes pasado, familiares y abogados esperaban la liberación plena de los 19 estudiantes detenidos el 12 de junio en Chacao, en las inmediaciones de la DEM. Tras ser diferida varias veces la audiencia de presentación, había señales positivas que hacían prever un resultado favorable para los detenidos. Y al inicio de la audiencia, cuando la jueza les quitó todos los cargos que les imputaba, parecía que por fin la tan ansiada libertad estaba a la vuelta de la esquina. Pero entonces la Fiscalía, la nueva Fiscalía de Tarek, dio un giro inesperado y pidió 30 días más para obtener pruebas que demostraran la culpabilidad de los detenidos, entre los que se encuentra Carlos Pereira (19). Diagnosticado con hipertensión arterial en estadio II, orquiepididimitis (inflamación en un testículo), crisis de pánico recurrentes con alucinaciones auditivas y depresión severa con ideas suicidas, trastornos, todos, de los que ha empezado a sufrir desde que está en prisión, Pereira no ha dejado de escribir. “El desequilibrio en mi mente va en aumento, y ruego a Dios que me ayude a seguir soportando esta carga tan pesada que me ha tocado arrastrar (…) siento desespero y desolación, pero aun así no guardo rencor en mi ser”, dice en una carta escrita de su puño y letra a la que @RevistaOJO tuvo acceso. “Extraño salir, caminar, sentirme libre, trotar, subir el Ávila cada domingo, compartir con mis amigos y mi familia, reír y hasta llorar. Extraño mi libertad y cada noche pido a Dios que me dé fuerzas para mantenerme vivo, pues no nací para estar encerrado”, se lee en el escrito, un testimonio implacable, sincero y desgarrador sobre lo que es ser un preso político en Venezuela, que ofrecemos a continuación

Querida Venezuela,

Fui arrestado una tarde de lunes, el 12 de junio de este año, por efectivos de la GNB. Desde entonces, tuve casi una semana sin saber de mi familia, del mundo exterior y sin que éstos a su vez supieran de mí; casi una semana probando uno que otro bocado, sin poder asearme, despidiendo olores insoportables, que me iban degradando cada vez más en mi esencia. Regresando continuamente a los infernales calabozos del TSJ, tras el continuo diferimiento de mi audiencia, hasta que el viernes 16 de junio, en horas de la tarde, la Fiscalía decidió presentarme ante el juzgado con competencia en cargos asociados al terrorismo.

Tras una ardua defensa por parte de los abogados del Foro Penal, la juez en ejercicio y competencia dio a conocer la decisión: 45 días de investigación por presuntamente incurrir en delitos criminales, como intento de homicidio intencional, asociación para delinquir, agavillamiento, porte de sustancias incendiarias, terrorismo y quema de instituciones públicas. Oír cada uno de los 6 delitos imputados por la Fiscalía era como recibir un disparo tras otro directo al corazón.

Solo Dios Nuestro Señor sabe lo mucho que he sufrido y sufro tras esta errada decisión que ha marcado mi vida y la llena de desesperanza cada vez que recuerdo las acusaciones viles que apuntan contra mi persona.

¿Es que acaso el hecho de ir por las calles de mi ciudad, portando un bolígrafo y una libreta me convierten en un asesino, un terrorista, un incendiario?

Un día decidí salir de casa a recorrer las calles de mi ciudad, sumida en caos y división como el resto de la nación, portando en mis manos lo que siempre he considerado mi arma letal y mi escudo protector: un bolígrafo y una libreta que se expandía como una sabana, mientras mi pluma cabalgaba entre y sobre sus líneas, dejando a su paso y plasmado en tinta los acontecimientos que, buenos o malo, perduran en el tiempo, narrando nuestro presente, que se ha de convertir en nuestra historia futura. Viendo siempre con realismo y objetividad, y viviendo en primera persona cada cuento, manifestación, concentración y enfrentamiento entre una sociedad civil desarmada contra otra uniformada y armada; en resumidas cuentas, una batalla entre hermanos de la misma tierra como consecuencia de la carencia de un diálogo honesto con soluciones.

Si escribir es un delito, pido perdón por amor a mi arte.

Escribir es lo que le da significado a mi existencia, valor e importancia a mi vida, sin ello nada soy. No sé si quizás el hecho de haber tomado la difícil y arriesgada tarea de escribir sobre estos cuentos, que desafortunadamente son parte de la realidad, me haya condenado este yugo que hoy padezco, a estos interminables días de desasosiego para mi familia, mi hermano, mi madre y para mí. Desde aquella infortunada tarde, la vida mía comenzó a carecer de aire fresco, de la luz del sol, de voluntad, de mi preciada libertad.

Llevo 3 meses tras las rejas, agonizando en la eternidad de las horas, de días que parecen meses, aparentando ser fuerte cuando es todo lo contrario. Y mientras los días transcurren y me enfrento a diario con los demonios de la depresión que cada día visitan mi mente y se apoderan de mis sentidos, me aferro a mis recuerdos, de la vida que tuve y sé he de recuperar pronto,

Extraño salir, caminar, sentirme libre, trotar, subir el Ávila cada domingo, compartir con mis amigos y mi familia, reír y hasta llorar. Extraño mi libertad y cada noche pido a Dios que me dé fuerzas para mantenerme vivo en cuerpo y alma, pues no nací para estar encerrado; y duele, duele mucho, más cuando sabes que eres inocente de los crímenes que te acusan y aun así sigues encerrado.

El desequilibrio en mi mente va en aumento, y ruego a Dios me ayude a seguir soportando esta carga tan pesada que me ha tocado arrastrar por la subida más empinada. No es justo este yugo que me oprime. Siento desespero y desolación, pero aun así no guardo rencor en mi ser. He decidido ver esto como un equívoco acto realizado por la Fiscalía y el Tribunal: soy inocente y eso nadie podrá ocultarlo. Jamás podrán probar lo contrario.

Hoy clamo a la Fiscalía del Ministerio Público una rectificación sobre las acusaciones en nuestra contra. Hoy solicito con respeto y humildad a aquellos con el poder de acabar con esta pesadilla hacerlo pronto, pues cada día que transcurre se vuelve más eterno y la calamidad crece en nuestros familiares.

El 28 de agosto mi madre estuvo de cumpleaños y ese no fue el mejor de los días de aniversario de su vida, pues un hijo suyo está injustamente encerrado. Perdón, mamá, por ser amante de mis sueños, que me han procurado esta injusta sumisión al parecer.

Quisiera aprovechar la misiva para agradecer toda la solidaridad que se ha desbordado para conmigo y mi familia y a su vez quisiera solicitar una audiencia personal con el Fiscal General o el Presidente de la República, a quien confío que el pueblo haga llegar este mensaje que desde el confinamiento de la prisión envío.

Por favor envía esta misiva a cualquier medio dispuesto a publicarla sin alteración alguna. Mi libertad depende en parte de la difusión masiva de esta misiva y de tu esfuerzo que tanto valoro. Gracias por tanto.

Carlos Pereira

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