RESEÑA: ‘La ciudad automática’ – Julio Camba

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Julio Camba es un gusto, más bien delicia, que todo lector debería darse por lo menos una vez en la vida. Periodista español (Villanueva de Arosa, 1884 – Madrid, 1962) fue uno de los pioneros y artífices de ese género híbrido y casi literario que tan bien se practica en España llamado columnismo, y que es tan sabroso de leer. ‘La ciudad automática’, editada por Espasa, recoge 54 columnas breves (auténticas obras de arte) que Camba escribió desde Nueva York, donde era corresponsal, entre 1929 y 1930. En ellas analiza, disecciona y cuenta aquella ciudad en crisisde un modo verdaderamente magistral: cada texto está lleno de ironía y mordacidad, así como de infinitas y muy agudas paradojas, construcciones en las cuales Camba era un maestro.

Los textos de ‘La ciudad automática’ abordan prácticamente todos los temas posibles que la Nueva York de los años treinta daba:los gangsters, las pandillas, los mafiosos, la prohibición de alcohol, la crisis financiera, los rascacielos, los millonarios, los restaurantes y cafeterías, la producción en serie de las cosas (desde los trajes hasta la literatura, pasando por el humor e incluso los crímenes), la moral, la instrucción, los trenes y las chicas. Todo. Agudo observador y hombre con dotes de psicólogo social, Camba era capaz de hallar siempre,en cada una de esas cosas, el detalle diferenciador por el que se podía explicar el carácter de una sociedad o de un grupo específico, cosa que haceconstantemente en cada texto.Genio del humor inteligente, se valía también de ese recurso para parodiar –y criticar– de modo implacable todo lo que no le gustaba de aquella ciudad y sociedad.

Y para muestra, seis botones:

Del WoolworthBuilding, el que fuera el rascacielos más alto de la ciudad hasta la construcción del EmpireState, dice, por ejemplo, que “empezaba a presumir de pirámide de Egipto, esto es, de cosa definitiva y eterna”.

A Hollywood la describe con cierta aversión como “la ciudad donde todos los hombres son guapos y elegantes y todas las mujeres irresistibles, la ciudad donde hay que divertirse a la fuerza y donde se pagarían sumas fabulosas por un rato de aburrimiento”.

De la comida gringa señala que “no empieza a ser mala más que de los dos dólares y medio para arriba, cuando los cocineros se consideran obligados a hacer fantasías con la condimentación; pero de dos dólares para abajo es siempre sana, buena y hasta creo que algo alimenticia”.

Tras visitar una cárcel americana se pregunta en voz alta “¿cuál es el objeto de ser un hombre honrado en este país y pagar seis o siete dólares diarios para vivir en un hotel que parece una cárcel, cuando, siendo un bandido, se puede vivir en una cárcel que parece un hotel?”.

De Arthur Brisbane, el archi-célebre Arthur Brisbane, editor de mil medios, escribe con mordacidad que “su talento consiste en no tener ninguno y su originalidad en no chocar nunca con las opiniones del lector en cualquier lugar del planeta donde el lector se encuentre (…) gana 800 mil dólares al año, y huelga decir que si alguna vez se le ocurre alguna idea inteligente –lo que es muy posible porque ningún tonto podría llegar nunca a industrializar la tontería de la forma en la que él lo ha hecho– se guardará muy bien de escribirla. Su labor no consiste en agradar a todos sino en no desagradar a ninguno”.

Y de Nueva York, su protagonista, escribe al arribar que: “al llegar aquí, la primera sensación no es la de haber dejado atrás otros países, sino otras épocas, épocas probablemente muy superiores a ésta, pero en las cuales nuestra vida constituiría una ficción porque ninguna de ellas era realmente nuestra época. Nuestra época sólo Nueva York ha acertado a encarnarla, y probablemente ésta es la verdadera causa de que la gran ciudad nos atraiga y nos rechace a la vez de un modo tan poderoso: nos atrae porque uno no puede vivir al margen del tiempo, y nos rechaza por la estupidez enorme del tiempo en que nos ha tocado vivir”

Eso era y así era Julio Camba, ese genio, un autor que los amantes de Nueva York y los periodistas deberían tener como lectura obligatoria, lo mismo que cualquier lector que quiera disfrutar una buena prosa y que ande buscando una lectura amena, divertida y, sobre todo, inteligente.

La ciudad automática

Autor: Julio Camba

Año: 2003

Páginas: 170

Calificación: 10/10

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