Gobernadores (f)raudulentos

Coherencia es una palabra de diez letras y cuatro sílabas que, por extraño que parezca, no conoce la mayoría de nuestra oposición, pero sí (y bien) la dictadura, que si alguna virtud ha tenido (prestada para el mal, por supuesto) ha sido esa. Basta volver la vista atrás para cerciorarse de que la dictadura siempre ha sido lo mismo, y que lo que ha variado ha sido la interpretación que de ella se ha hecho desde la acera contraria, donde se le ha tratado, y a veces (no siempre) combatido, como una democracia populista, un sistema presidencialista exacerbado, un despotismo caribeño, un caciquismo latinoamericano, una dicta-blanda con guaguancó y pare usted de contar. Hace más de un año, cuando el Revocatorio fue suspendido por un carpetazo judicial, cerrándose así la vía electoral, nosotros abiertamente lanzamos la propuesta: ‘¿Y si nos sinceramos y lo llamamos dictadura?’, y desde entonces esa fue la palabra que usamos para nombrar esto (aunque de vez en cuando, será la fuerza de la costumbre, se nos siga escapado algún ‘gobierno’). Casi antes de iniciar las protestas, cuando las ambiciones presidenciables saltaban a la opinión pública, se lo gritamos (recordamos) a los líderes: ‘Maduren, que estamos en dictadura’. No lo hicieron, es evidente, y terminamos en unas elecciones que ocuparán un lugar en el atlas de las grandes debacles políticas de la historia universal. De allí han surgido cuatro gobernadores adecos que se han juramentado ante la (f) Asamblea Nacional Constituyente. Esa (f), que significa ‘fraudulenta’ en atención al origen viciado de dicha Asamblea y que por cuestión de estilo preferimos antes que la palabra completa, será la que acompañe a partir de ahora, en todas nuestras publicaciones, a los nombres y cargos de Laidy Gómez, Ramón Guevara, Alfredo Díaz y Antonio Barreto Sira, quienes, en atención al acto que ejecutaron ayer, son para nosotros tan (f)raudulentos como el organismo ante el que decidieron juramentarse. Es la manera que como medio tenemos para ser lo que ellos no: coherentes. Y esta vez, lo prometemos, no habrá costumbre que nos lo haga olvidar.

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