¡Perdimos Amuay y Cardón!

“[PDVSA] está a punto de colapsar. Dependiendo de la naturaleza del colapso puede ser tomada en un año por los rusos o por los chinos. Aunque puede ser en menos tiempo”. Así lo publicamos el 14 de marzo, citando una entrevista que Steve Hanke, economista y profesor de la Universidad de Hopkins, concedió a @ElEstimulo. “PDVSA se llamará  ПДYСА”, titulamos, y aunque no faltó quién nos llamara exagerados, los hechos, que son tercos e incontrovertibles, han terminado por darnos la razón: el pasado 30 de octubre la revolución le entregó el Complejo Refinador Paraguaná (el segundo más grande del mundo) a los gobiernos de Rusia y China. Lo hizo sin mucho ruido y sin dar ningún tipo de explicación, bajo lo que sería (en condicional, porque los contratos, que deberían ser públicos, no los muestran) una figura de arrendamiento a 10 años, que no es más que una fachada para ponerle un nombre bonito a la ilegal entrega de esa parte importante de los activos de PDVSA, prohibida por la Ley de Hidrocarburos (promulgada por Chávez, dicho sea), que expresamente impide la venta, enajenación traspaso y operación de las refinerías. Letra muerta, ya se sabe: la petrolera rusa Rosneft opera ya Amuay (con capacidad de procesar 650.000 barriles diarios), y Petrochina, Cardón (con capacidad de 310.000 b/d). Y lo hacen en su ley y con su gente: según denuncian los sindicatos petroleros de Falcón, ambas empresas han traído su propio personal administrativo y de planta (técnicos y obreros incluidos) y han exigido que 80% de los trabajadores sean connacionales de ellos y sólo 20% venezolanos. Más aún, según publicó ‘La Razón’: “el personal local que permanezca en Cardón deberá adecuarse al uso del idioma mandarín. Igual situación podría darse en Amuay con el idioma ruso, situación que ni siquiera ocurrió cuando Cardón estuvo en manos de la angloholandesa royal Dutch Scheel y Amuay era propiedad de la trasnacional Creole Petroleum, antes de la nacionalización”. Y no se olvide que diariamente, como forma de pago, les enviamos 450 mil barriles de crudo a Rusia y 200 mil a China, nuestros verdaderos dueños.

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