La inflación los está matando

Es una realidad: desde hace tiempo la gente se está muriendo de hambre en Venezuela. Mientras la oposición resuelve sus desacuerdos y el gobierno aprueba leyes irrisorias, la población del país sufre los embates de una política económica fracasada (malintencionada). El Estado está perdiendo sus riquezas –Amuay, Cardón y las 90 toneladas de oro son un claro ejemplo– y al venezolano le está costando un mundo conseguir y comprar el pan de cada día. Susana Raffalli (Cáritas Venezuela) se ha encargado de explicar la gravedad del problema –no es crisis, sino algo peor: emergencia humanitaria– y de dar cifras escalofriantes –al menos entre 5 y 6 niños mueren semanalmente por desnutrición–, pero no hay quien ataque el problema. Cuenta Marcos Valverde, periodista de Correo del Caroní, que en el Hospital Dr. Raúl Leoni, en San Félix, 41 niños habían muerto de hambre hasta principios de septiembre. “A medida que se incrementa la inflación, se incrementan las muertes por desnutrición. Cada vez hay más casos y cada vez son más severos”, le dijo un médico del centro de salud que apunta a un dato estadístico: en el primer semestre del año fallecieron 24 infantes, y en menos de tres meses (17 de junio – 4 de septiembre) habían contabilizado 17 decesos. “Los niños no aguantan, no esperan. Son muy frágiles: están en desarrollo, en la etapa de adquirir madurez en su sistema inmunológico. Y al verse comprometido el estado nutricional, se ve afectada su salud”, afirmó el mismo doctor al medio de Ciudad Guayana, que publicó la investigación el día de ayer. Con un gobierno experto en manipular y esconder cifras, resulta preocupante pensar en cuál es el número real de venezolanos que desgraciadamente están perdiendo la vida por falta de alimento. Trabajos como el de Cáritas Venezuela e indagaciones puntuales como la de Marcos Valverde son tan sólo la punta del iceberg de lo que está ocurriendo en Venezuela.

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