RESEÑA – El gran Gatsby

Por: Ezequiel Abdala |  @eaa17

“He escrito la mejor novela de los Estados Unidos de América”. Así cuenta la leyenda que le dijo Fitzgerald a su editor cuando terminó ‘El gran Gatsby’. ¿Lo creía ciertamente o era producto de la emoción del momento? Leída 90 años después de su publicación, la respuesta parece clara: Fitzgerald estaba realmente emocionado. Y no, que no se me malentienda: es una novela notable, pero está lejos de ser la mejor de la historia de los USA.

Su protagonista es probablemente uno de los personajes más populares y emblemáticos de la literatura estadounidense del siglo pasado. Su nombre es sinónimo de fiesta, fastuosidad, pompa y boato. Y su historia, no obstante, es exactamente lo contrario: triste, muy triste. De algún modo, con esta novela Fitzgerald desmonta uno de los grandes mitos de su tiempo y marca la frontera entre la felicidad real y la producida con dinero y  fiesta. Sin caer en los clichés de los ricos infelices y los pobres plenos, o los fiesteros tristes y los tranquilos alegres, Fitzgeralt hace un poderoso alegato en favor de la autenticidad: sólo en lo verdaderamente auténtico –lo que Gatsby siente por Daisy– está la plenitud.

La mayoría de los personajes viven una doble vida, en la que una cosa es lo que aparentan y otra lo que verdaderamente son. Quedan muy bien en las fotos, saben estar en los eventos sociales, en cada fiesta son notables y hasta envidiados, pero en sus vidas reales no hay más que vicio, mentira, infelicidad e insatisfacción. En medio de ellos, indomable, aparece un loco, o uno de los últimos locos, que movido por un sentimiento puro, por un anhelo idealista, se lanza a perseguir un sueño a costa de lo que sea. Lo que para otros es un fin en sí mismo, para él no es más que un medio. Se vale de la fiesta y el lujo para perseguir y conseguir eso que busca. Aunque su final sea trágico.

Es interesante en esta novela el manejo del tiempo: pasada la mitad del libro parece que no pasa nada, y uno, incluso, comienza a preguntarse adónde va todo. Y de repente, en pocas páginas, con palabras casi contada, se desencadenan una serie de acontecimientos que terminan por definir la historia, pero a un ritmo tan vertiginoso que uno, lector, se queda pasmado. La narración, además, es fragmentada. Quien narra no es el protagonista, sino un personaje secundario, y Fitzgeralt hace gala de un buen sentido de la economía y la intriga para cortar los hechos cuando lo considera conveniente, pasando rápidamente de un acontecimiento a otro, de un plano a otro. La riqueza técnica de esta novela es también bastante considerable, de allí que tanto por la forma como por el fondo sea un libro altamente recomendable.

El gran Gatsby

Autor: Scott Fitzgerald

Año: 1925

Páginas: 218

Calificación: 9/10

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