Erik del Búfalo: “El chavismo es crimen organizado en el poder” (I)

FOTO: Ileana Ramírez | @traficovisual

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

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Son quienes lo adversan los que han aumentado su leyenda. A sus twitts le han atribuido, incluso, derrotas electorales, cosa que a él le produce risa. Jura que nunca ha querido ser un influenciador de la opinión pública (le ha llegado sin buscarlo), sino que lo suyo siempre ha sido procurar atizar y despertar la conciencia de quien lo lee. En esa labor, en ese continuo gritar que los reyes están desnudos, ha ido quedándose solo. Aun perteneciendo a esa rara especie de los que se salen del lugar común para decir algo interesante (o por lo menos distinto), son pocos los medios que lo llaman. No le preocupa ni le importa demasiado: filósofo a fin de cuentas, no es al ostracismo, sino al desprecio, a lo que teme. Y mientras continúe diciendo lo que su conciencia le dicte, mientras no mienta y engañe, se sabe libre de esa condena. Por ello no ceja en su labor, aun a riesgo de aumentar aún más la lista de gente que no lo soporta y adversa, que a estas alturas resulta imposible saber si la encabezan los miembros de la dictadura o los de la oposición, que para él, nadie lo dude, son prácticamente lo mismo: beneficiarios todos de un sistema que gira en torno a la renta y a un montón de negocios ilícitos (y algunos criminales), cuya gesta viene de mucho antes. Eso es apenas un abreboca de las varias y muy interesantes cosas sobre las que hablamos en @RevistaOJO con el filósofo Erik del Búfalo, en una larga, sustanciosa y reveladora conversación sin censura, cuya primera parte puedes leer aquí:

-Erik, si, por poner un caso, alguien que cayó en coma durante las marchas, cuando la calle estaba en su efervescencia, se despierta hoy y te pide que le expliques qué pasó, ¿qué le dirías?

-Caramba. Esa es exactamente una pregunta que yo me hago. Y es muy difícil, porque mi estado de perplejidad es muy grande. Yo todavía estoy tratando de metabolizar qué es lo que está pasando. Lo que es obvio, a nivel político, es que hubo un acuerdo a espaldas del país, y que hay un…la palabra que me viene es contubernio: un contubernio de las fuerzas políticas para mantener la gobernabilidad de sistema.

-¿…y en ese ‘contubernio’ se traicionó a la gente?

-Peor: se usó a la gente para tener capital político para la propia agenda de cierta clase opositora, y negociar con base en ello. Lo cual es mucho peor, es mucho más terrible, es algo infame.

-¿Serviría eso para explicar por qué, entonces, tras unas jornadas de protestas tan duras la dictadura no cayó?

-No cayó porque nunca estuvo destinada a caer. Porque aquellas fuerzas aparentes que estaban movilizando el cambio lo hacían era para tener recurso político, pero no para usar eso como instrumento del cambio.

-Para caracterizar lo que vivimos se han dado diferentes definiciones. Arturo Pereza llegó a hablar de ‘tiranía del pranato’, tú alguna vez de ‘socialismo de anti-sociales’, ¿qué es esto que estamos viviendo?

-Es crimen organizado en el poder. Es un sistema socialista en el sentido más vulgar, pero que no se basa en la producción, en los medios de producción, sino en la repartición de la renta petrolera y en la rapiña de todo recurso natural, como el Arco Minero; y que también se basa en el empobrecimiento absoluto del trabajo. En términos marxistas sería de acumulación originaria del capital para ellos, a partir de la destrucción del trabajo y de la exacerbación del clientelismo a partir de la renta. Pero además se añaden estos negocios criminales que tienen que ver con el narcotráfico, con el contrabando, y con la mafia cambiaria, que es un negocio muy fácil: en los veinte minutos que haces una llamada te dan dólares a 10 BsF, y esos los puedes vender a 60 mil [NDLR: una semana después el dólar llegó a 80 mil]. Entonces, ¿cuánto hiciste en 30 min con riesgo nulo? Porque incluso el narcotráfico tiene riesgos. Pero con la mafia  cambiaria el riesgo es mínimo, lo puedes hacer por WhatsApp, y la tasa de retorno es brutal. No hay un negocio parecido en el mundo. ¿Pero cuál es el costo de eso? Es la destrucción de la sociedad. Es la devastación de la fuerza de trabajo, de la salud de la gente.

-¿Qué es el sistema?

-Es un sistema de rapiña bien particular, que favorece élites entorno al control cambiario, los contratos con el Estado, el situado constitucional y tal vez negocios más oscuros. No estoy acusando a nadie, pero hay que recordar que el narcotráfico es un negocio que permea muy fácil en todos los sectores de la sociedad: es el negocio que más fácilmente permea porque su capacidad de apalancamiento es muy grande. Y la extorsión también, de la cual hay muchas formas. Yo creo que parte de la clase política está extorsionada y la otra es cómplice manifiesta por las acciones que toma. Uno puede pensar que ciertos presos políticos que están en prisión en sus domicilios están extorsionados, pero hay otros políticos que están a sus anchas, libres y todo lo que hacen es para mantener la gobernabilidad.

Ahora, el hablar de sistema sugiere que no es algo coyuntural, sino estructural, y si es así eso toma tiempo, ¿desde cuándo impera este sistema?

-El sistema viene gestándose desde antes del chavismo. Lo que pasa es que con el chavismo transmutó en una cosa peor. Pero viene gestándose desde la caída de CAP II. Yo creo que la situación actual comienza en ese momento: allí empieza una reacción muy virulenta de las élites. No del pueblo: de las élites. La reacción popular se había dado en el 89, al principio, pero después estaban asumiendo la agenda. Sin embargo, las élites comienzan a reaccionar, en el 90-91, cuando se ven amenazadas por la apertura económica. Entonces, esas élites, que son económicas y financieras esencialmente, que estaban acostumbradas a parasitar en torno al Estado, empiezan a conspirar contra Carlos Andrés Pérez. Cae CAP, hay una necesidad política, y surge una cosa que la gente no suele tomar en cuenta, pero que era muy pre-chavista: el chiripero. Y allí comienzan a gestarse todas las bases por las cuales la gente votó por Chávez, porque allí están todas las promesas que volvían otra vez a un socialismo exacerbado.

Si como Zavalita, al inicio de ‘Conversación en La Catedral’, nos pusiéramos a buscar ese momento en el que se ‘jode’ el país. ¿Sería la salida de CAP II?

-Sí. Pero no tanto por la figura particular de CAP, sino por las reformas, que yo pienso que eran las que había que hacer, y que, dicho sea, él las hace muy mal: con engaño electoral. Entonces, aunque poner un origen en la historia es una cosa muy complicada, creo que el momento puntual en el que hay una línea más o menos clara, un vector, es allí en el 92: se paran las reformas, se restituye el Estado rentista al máximo, incluso más populista de lo que era antes, y eso va llevando a la lógica que desemboca en Chávez.

-Y allí está también el muy controversial papel jugado por Caldera…

-Pero hay que distinguir dos cosas: a CAP lo tumba su propio partido. Escobar Salón, Ramos Allup, todos ellos, que le quitan el apoyo político y lo mandan a la piqueta. Entonces Caldera, que un político de la vieja guardia, de los de antes, que no era, digamos, Freddy Guevara, vio su oportunidad, lo cual no era ilegítimo. El problema es que para llegar al poder se tiene que montar en un discurso que no le pertenecía, mucho más populista que el que había tenido. Caldera representaba la centro derecha en Venezuela, simbólicamente, porque en verdad nunca funcionó así. Pero se monta en ese discurso populista, que sienta las bases de que eso está bien. Y es, además, un gobierno que se llena de muchos oportunistas. Y luego, todo ese oportunismo venezolano ve el chance de Chávez, y militares, empresarios y dueños de medios, gente muy poderosa, lo consienten, le prestan aviones, le financian la campaña. Eso hay que tenerlo en cuenta: Chávez no fue tampoco un ‘outsider’ que llegó solito de la nada.

-¿Tú votaste por Chávez?

-No. Yo voté por Claudio Fermín, lo cual no me llena de ningún orgullo jajaja.

-Entones a ti Chávez nunca te sedujo…

No. Todos mis amigos en la universidad eran chavistas. Parte de mi familia y mi familia política. Pero yo no. De hecho yo escribía en ‘Economía Hoy’, y era muy duro con Chávez.

-…aun cuando todo el país se le rendía.

-Es que el Chávez del principio, aunque era un tipo muy ignorante, tenía mucho carisma. Mi esposa tiene una imagen muy buena, porque dice que Chávez tenía todas las voces de Venezuela: hablaba como un evangélico, como un narrador de deporte, como un beisbolero, como un militar. Tenía todas esas voces arquetipales venezolanas. Era como un pastor. Yo creo que él nunca supo muy bien donde estaba metido.

-¿Cómo así?

-Chávez siempre fue un monigote llevado por intereses que él no dominaba. Él no era ningún Comandante Supremo ni ningún líder. Hay un artículo que yo escribí en Aporrea en el que decía que era un globo: un monigote inflable llevado por una masa criminal.

-¿Y eso no es exculparlo?

-No, no: él es culpable. De eso no hay duda. Pero, digamos: en el chavismo, el menos culpable es Chávez. ¿En qué sentido? En que todos los jala-mecates de Chávez, los oportunistas, las élites que lo apoyaron, toda la mediocridad del país, lo sostuvo. Él era un pobre loquito inflado a nivel de César, con todo lo peor del país alrededor, que le jaló mecate sin parar y hasta lo llamó Comandante Supremo siendo un pobre diablo. Y al final de su gobierno se ve: él es llevado por ese sistema, muy armado por los cubanos, muy de Fidel, y de hecho cuando Chávez muere ponen  a Maduro, y la gente subestima a Maduro, pero Maduro en su visión del mundo, que es nefasta, ha sido más eficaz que Chávez en transformar al país.

-Para el mal…

-Para el mal para nosotros, pero exitosamente para ellos.

-¿Entonces, esto era algo premeditado?

-Mira, al chavismo se le puede ver y entender de dos maneras: La primera, como algo que se coleó en la historia: ese señor charlatán, con mucho carisma, coleado en la historia, que hace un gran desastre. La segunda: como algo que se instaló y se escapó de las manos. Yo pienso que es la segunda hipótesis: porque si Chávez hubiera durado 6 meses, un año, cinco, hubiese sido eso: un señor que se coleó en la historia. Además que la lógica, tras la muerte de Chávez, de mantener a Maduro, por las fuerzas decadentes de la IV, me refiero a AD y a otros partidos, demuestran que hay una continuidad. Además, son los mismos protagonistas que tumbaron a CAP, que conspiraron contra él. Eso demuestras que hay una continuidad de actores, de política y de orientación de lo que debe ser la vida pública en Venezuela, que hace pensar que no es que Chávez se coleó, sino que fue llevado allí, se escapó de las manos, y después, cuando muere, se trata de mantener la herencia, lo que entre comillas se llama ‘el legado’, que es este sistema muy mafioso, muy criminal, que estamos padeciendo los venezolanos.

-¿Los pueblos tienen destinos manifiesto? ¿Estamos destinados a ser este gran fracaso?

-Guao. Es muy duro como lo pones tú. A ver. Vamos a matizar un poco. Venezuela no ha sido un gran fracaso. Venezuela ha sido un campo de batalla, siempre, entre fuerzas distintas. En Venezuela se han dado cosas maravillosas, que no se han dado en Latinoamérica, y se dieron aquí primero. Y se han dado cosas terribles, que también se han dado aquí primero. Tuvimos a Boves, pero también a Francisco de Miranda, a Bolívar, a Bello. Es también la tierra de Zamora y de esa gente, claro. Pero es la tierra que logra modernizar un país en poco tiempo, mientras el resto de la comunidad andina estaba muy atrasada; es un país que inventó la vacuna contra la Lepra, es un país de gente muy buena y muy maravillosa. Venezuela es un país que siempre ha sido progresista, en el sentido que llamaríamos hoy: siempre dejó que las clases bajas accedieran de algún modo a la riqueza y al poder. En Colombia, por ejemplo, nunca fue así. La oligarquía bogotana, que es casi feudal y terrateniente, nunca permitió esa movilidad que nosotros tuvimos: cada vez que había movimiento democrático, mataron. Siempre taponaron. Y de hecho, los venezolanos nunca le perdonaron eso a Bolívar: que quisiera entregar el país a la oligarquía cachaca, que era muy reaccionaria y feudal, y con razón. Y no porque el proyecto de la Gran Colombia fuera malo (era muy bueno), sino porque justamente, para hacerlo, tenía que darle poder a Santander, etc, que no veían las cosas como Bolívar, y veían a Venezuela con gran desprecio. Pero Venezuela es un país visionario, de relaciones muy horizontales. En Latinoamérica es muy raro eso. Eso nada más se puede ver en países como Argentina y unos pocos más. Venezuela fue muy moderna en eso. Pero al lado de eso, tenías…¿cómo lo simbolizamos en una imagen que se entienda? Tenías un campo petrolero, que tiene todos los servicios adentro, una cerca y un montón de gente mendigando trabajo en el campo petrolero. Esa es la forma para mí estructural del chavismo: tienes una modernidad cercada y un poco de masa que no saben cómo acceder a esa modernidad. Las élites se empantuflan, se acomodan con la renta, cortan el flujo del proyecto modernizador, que no aparece nada más con la generación del 28, esa es la segunda parte, siendo la primera Guzmán Blanco, que la gente lo desprecia y tal…

-…porque quería convertir Caracas en Paris…

-…no. Él no quiere convertir esto en un pequeño París. Ese es el discurso resentido. Fíjate que hay siempre como dos historias en Venezuela, y una siempre de resentimiento: pelucón, afrancesado,  pitiyanqui. Siempre hay ese bajo continuo, esa voz dolorida de gente que no supo nunca cómo llegar a la modernidad, y de élites que no fueron lo suficientemente inteligente para maximizar eso.

-Pero a ver: tuvimos la guerra de independencia más sangrienta de Latinoamérica. Bolívar muere exiliado y pobre, Miranda desembarca y no consigue a nadie, muere preso en una cárcel…

-…Miranda era hijo de comerciantes, de una panadera. Un tipo que estuvo en Rusia, en la corte Rusa, que está en el Arco del Triunfo. Era un hombre que además tenía una visión de lo que iba a ser la modernidad. El mundo pensaba en reyes, y él en repúblicas, incluso globalizadas. Un visionario. ¿Qué hijo de la panadera en Perú, por ejemplo, que es muy vertical, iba a poder hacer algo así? Eso te dice a ti que en Venezuela, incluso el hijo de la panadera podía tener esas posibilidades. Aquí hay una visión más horizontal de la realidad, más moderna, y eso es milagroso. Más allá de los errores de la existencia humana.

-¿Pero de qué le sirve al país esa horizontalidad y producir gente extraordinaria si al final el país le da la espalda y no pueden llevar a cabo sus planes…?

-Ya va. Lo que pasa es que este es un momento muy oscuro de Venezuela, y los seres humanos tendemos a proyectar en la historia el presente: si el presente es muy bueno, tendemos a pensar que todo ha sido maravilloso; si el presente es muy malo, tendemos a pensar que todo ha sido una porquería siempre. Y no es así: esto es un momento. Entonces no exageremos las cosas. Esto es un momento demasiado grave, demasiado triste, demasiado innecesario, que a la vez conecta con lo peor del país. Los países todos tienen una parte mejor y una parte peor. El problema es que la parte mejor tiene que prevalecer, porque, si no, todos la pasan mal. En Venezuela, y eso también es un defecto nuestro, somos muy tolerantes con lo que no tenemos que ser tolerantes. Aquí se alcahuetearon muchas cosas que no se debían alcahuetear, se fue muy laxo con la moral pública, con la corrupción, los guisos, la matraca y el chanchullo…yo pienso que a esto todavía le falta, pero que eventualmente Venezuela va a salir de esta pesadilla y volverá también a su situación luminosa, porque las ha tenido. Esto es más oscuro que Gómez, ¿eh? Gómez era, cuando yo estudiaba en el colegio, lo más oscuro que había pasado en Venezuela en la modernidad, después de la Guerra Federal. Y sin embargo, uno estudia a Gómez y sí, un campesino campechano y un poco brutazo, pero modernizador. Esto ni siquiera: es una destrucción, una devastación como nunca hemos visto. Es pre-gomecista.

-¿De los presidentes de la democracia cuál fue el mejor?

-El más importante fue Betancourt. No sé si el mejor, pero el fundamental es Betancourt. Fue el más claro de su generación.

-¿Era el pacto de Punto Fijo tan vituperable como el chavismo lo ha hecho ver?

-No. Punto Fijo fue lo más moderno que tuvimos en Venezuela. Fue el momento más lúcido durante el siglo XX. Lo que pasa es que la gente siempre le atribuye a la política la derrota. Lo que pasa es que el sistema fue secuestrado por la sustitución de importaciones. Se volvió una especie de paternalismo, de relación simbiótica con el Estado muy grave.

-¿Fue un error excluir al PCV de Punto Fijo?

-Lo que pasa es que en el momento estábamos en plena guerra fría. Si no se le hubiera excluido el PCV no hubiésemos, a lo mejor, tenido el apoyo de Estados Unidos. Estábamos en pleno macartismo y hubiera sido muy difícil que EEUU hubiera apoyado el golpe contra Pérez Jiménez si después se hubiese metido al PCV. Quizás hubieran apoyado después un golpe de militares perezjimenistas. Entonces tácticamente tuvo sentido.

-Erik, tú has sido más crítico con la intelectualidad venezolana…

-¿Te parece?

-…y quisiera preguntarte: ¿por qué?

-Es que en Venezuela los intelectuales son como un círculo de amigos, lo cual es un fiasco. El amiguismo intelectual es peor que el político, porque te estupidiza. Tienes 4 o 5 amigos que te aplauden todo, haces libros y los presentas ante esos 4 o 5 amigos que te aplauden, y eso te vuelve idiota. Tiene que ver, también, con esta idea de Ateneo, que es una casita en la que todos compartimos, luego se vuelve CONAC, viene el subsidio. Entonces el intelectual venezolano, que es el intelectual del subsidio, está destinado, está preso, por esa misma mentalidad de subsidio y clientelar. Y terminas viendo intelectuales que son operadores políticos, y eso es nefasto. Yo tengo mis preferencias políticas, pero no hablo desde allí. Si yo hablara desde allí perdería mucho prestigio, porque estaría ejerciendo otra función.

-¿Y esto ha sido así siempre?

-Ha pasado desde hace mucho tiempo. Además que en los 60 pasaba que si no eras de izquierda entonces eras un bicho raro, un fascista, un reaccionario. Luego había intelectuales adecos, intelectuales de partido, y eso era nefasto.

-¿A qué intelectual venezolano rescatarías del olvido?

-A Mariano Picón Salas.

-¿Y de los actuales?

-Yo con Colette Capriles estoy muy distanciado en el momento actual, pero ha escrito una obra importante. ‘La revolución como espectáculo’ es un libro que hay que leer. A Gisela Kozac la rescataría. Rescataría a Aura Palermo. A Ana Teresa Torres, que tiene una obra importante. Todos han hecho cosas interesantes. A Carlos Rangel hay que rescatarlo también, porque además vivió una época horrible en la que era él solo en un desierto, un liberal en medio del colectivismo exacerbado de su época. Y lo bueno de él es que muestra muy bien las resistencias más profundas que existen en el momento histórico, de por qué Venezuela es un país muy miedoso al liberalismo.

[PARTE II: AQUÍ]

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