Daniel López: “La clave es saber qué pasa en el escenario para apoyar y proponer desde la música”

Por, Juan Sanoja | @JuanSanoja

A Daniel López también le toca improvisar, pero no con la braga en tarima, sino con la guitarra y el sintetizador que controla a un lado del escenario. Él es el encargado de hacer todos los sonidos que los actores representan durante el espectáculo –abrir una puerta, tocar un timbre, revisar una gaveta– y de ponerle el ambiente musical a cada escena.

Estudió bastantes años guitarra y desde ahí se puso a jammear con varios de sus mejores amigos, quienes veían clases con el mismo profesor. Observando shows de Improvisto, admirando a los actores y realizando talleres, Daniel se fue preparando hasta que le llegó la oportunidad.

En esta entrevista nos explica cómo desde la música incidental puede apoyar a los actores para darle mayor emoción a lo que está ocurriendo en tarima, nos comenta cómo se comunica con el elenco en plena función, nos echa el cuento de cuando le tocó ponerse la braga para subirse al escenario y nos declara, entre otras cosas, que su serie favorita es Stranger Things.

–¿Cómo aprendiste a improvisar desde la música?

–Junto a mis mejores amigos estudié bastantes años guitarra. Todos veíamos clases con el mismo profesor y llegó un punto en el que parte del entrenamiento era jammear (improvisar musicalmente) entre nosotros y cuando nos íbamos para nuestras casas seguíamos practicando lo mismo.

También fue importante entender qué pasaba sobre el escenario gracias a los talleres de improvisación que realicé, además de estar viendo shows y admirando mucho lo que pasaba sobre las tablas. Todo esto me hizo entender cómo funciona la impro y cómo la música apoya eso.

Antes de estar en Improvisto estaba en otro show que se llamaba ‘El cumpleaños de fulanito’ y digamos que fue gran parte de mi training para ver de qué manera apoyaba. Descubrí que en la música incidental si un actor propone una escena que va por algo triste, ciertos acordes pueden hacer que se sienta más lo que él quiere mostrar.

Uno también puede ser el que proponga algo triste y que los actores se vayan por ahí. Por ejemplo, ayer estábamos tocando y hubo un momento como que un actor muerde una cosa y yo con el teclado marqué como unas voces todas angelicales y el actor se enamoró de lo que estaba probando.

–¿A veces ellos se acoplan a ti y a veces tú a ellos?

–Exacto. Las propuestas van de lado y lado. La clave es saber entender qué pasa en el escenario para uno apoyar y proponer desde ahí. Además de mucha comunicación y mucha sinergia entre los actores y el músico.

–Desde tu punto de vista, ¿qué es lo más difícil de improvisar?

–Para los actores es lo que llamamos el vértigo, que es como no saber para dónde va la cosa. Digamos que el músico está en un punto medio entre externo a lo que está pasando, pero no llega a ser parte del público. Es alguien que puede ver la situación desde afuera y desde afuera apoya. Entonces cuando uno sabe que empieza a haber vértigo en los actores, uno también se empieza a llenar de esa energía porque es como, bueno, ¿qué tanto puedo proponer para que no haya más vértigo? ¿De qué manera puedo ayudar para que esto fluya?

Desde la música es muy complicado cuando no hay muy buen entendimiento o cuando un actor se va y está cantando sobre lo que tú estás tocando y pierde la rima. Uno tiene que acoplarse a él en vez de que él se acople a uno. Tienes como que reacoplarte y empezar a tocar para volver a estar en sintonía.

Lo otro es manejar códigos visuales a la hora de yo ver qué me están pidiendo. Si es tocar una puerta o tocar un timbre…

–¿Tienen algunas señas?

–Las señas son más que todo con la visión o desde la pata que me dicen: Mira, aguanta un pelo la música que vamos a hacer tal cosa. Me hacen una seña y yo veo qué carrizo entendí y le entrompo.

–¿Se puede aprender a improvisar?

–Totalmente. Es un músculo, hay que entrenarlo, pero todo el mundo puede improvisar. Hace mucho tiempo entrené bastante impro, inclusive creo que esa es una de las cualidades que más me ha ayudado a hacer música.

Hice muchos talleres. Mi primer básico de impro duró como dos meses con Corina Perera, que estuvo en Improvisto hace mucho tiempo. Luego hice un básico con Ron Chávez y luego hice un taller con Nadie de improvisación deportiva. Y eso me ha ayudado mucho a entender la parte de la tarima.

–¿Tú vas a los entrenamientos con ellos?

–Fijo. Inclusive a veces ni siquiera practicamos cosas de música sino que hago yo cosas de impro con los actores y eso nos permite generar conexión, entender qué es lo que pasa, generar códigos.

–¿Te ha tocado montarte en tarima?

–Me tocó montarme hace poquito por un percance: a uno de los actores se le complicó y tuvimos que hacer un resuelve de última hora. A Ron le sobraba una braga azul y bueno, nada, me mandaron a ponérmela y resolver el trabajo. Gracias a Dios ya tenía bastante training de impro: cuatro talleres, más el entrenamiento diario de Improvisto y conocer el juego de los actores.

Me tocó más que todo jugar al servicio, que es ayudar a las propuestas de mis compañeros y dejarme guiar por ellos, estar ahí para lo que necesiten. Fue bastante divertido, una adrenalina que nunca había sentido como músico del show. Cumplí mis dos funciones: fui músico mientras no estaba en el escenario y cuando estaba en tarima improvisaba y hacía parte de las historias. Creo que entre nosotros hay una sinergia que va mucho más allá de lo que la gente puede ver y que de verdad no importa si eres músico o actor: perteneces a la misma energía. Todos nos comunicamos de la misma manera y eso nos permite jugar y divertirnos, sea cual sea el rol.

No dudo que en algún futuro se repita, capaz bajo otras circunstancias. Sin duda alguna me divirtió muchísimo. Siempre estuve pendiente y siempre estuve claro que el día que tocara resolver el trabajo lo iba hacer con la mejor disposición. Cuando ocurra nuevamente le echaré el doble de ganas que le pude haber echado.

–¿Tienes algún ritual específico que hagas antes de la función?

–Bueno, cuando pruebo sonido me gusta repasar todo lo que puedo hacer. Tengo guitarra, sintetizador y unas secuencias de batería, entonces mientras pruebo los sonidos pruebo los acordes. También si practiqué algo en casa que quiero traer, hago alguna pasada sin que los actores estén, como para también buscar sorprenderlos en el escenario a ellos, que es algo sabroso de la improvisación.

Con la guitarra me gusta calentar, practicar escalas, revisar la afinación y eso también me ayuda a conseguir cosas para la función. Como ritual grupal, me gusta mucho jugar fuchi.

–¿Mejor y peor momento que te ha tocado en improvisto?

–Sinceramente, en esta temporada hubo un musical que fue perfecto. Casi como Broadway. De pana hubo como tres canciones que las pegamos entre todos. Fue un momento muy top.

El peor momento creo que fue una función de la gira que estuve yo bastante bajito y las propuestas musicales que lanzaba no iban para ningún lado o sentía que los actores se perdían. También es que estaba mal posicionado hacia el escenario. Esa es otra cosa: el músico siempre tiene que estar lo más hacia el escenario para poder ver todo lo que pasa. Yo estaba arrimado para atrás, entonces lo que veía eran las espaldas. Era difícil verlos. Desde ese momento aprendí que siempre tenía que estar bien posicionado.

–Tu género favorito y uno que no te guste tanto.

–El que más me gusta es musical, obviamente, porque es el que más tengo para hacer. El otro es contrarreloj, porque puedo hacer muchos efecticos.

El que menos me gusta es extranjero con traducción, porque a veces desde la música, como los actores hablan un idioma y otros actores traducen lo que pasó, quedan como poquitos incisos como para uno jugar.

–¿Improvisto en una palabra o frase?

–Alegría.

–¿Canción?

–Mi canción favorita del año se llama ‘Break de Fever’ de Mutemath. Es increíble y es como lo que quiero llegar a hacer yo como productor musical.

–¿Artista?

–Liam Gallagher.

–¿Película?

–Pulp Fiction.

–¿Serie?

–Stranger Things. Cegado.

–¿Actor?

–El que hace de James Gordon en la serie Gotham: Ben McKenzie

–¿Frase?

–La música es vida (risas).

–¿Ídolo?

–Tengo dos en mente: Paul Meany y Roy Mitchell-Cárdenas, los dos de la banda que te nombré anteriormente. Musicalmente son unos genios. En el proceso de efectos y como componen. Me vuelan la mente cada vez que escucho algo de ellos.

–¿Comida?

–Tacos mexicanos.

–¿Algún libro?

–Me gusta mucho la serie de ‘Percy Jackson and the Olympians’. La leí hace mucho tiempo y todavía me encanta.

 

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