Alessandra Hamdan: “Es mejor ser chévere que ser grande”

Alessandra Hamdan estudió Derecho (UCV), tiene alma de profesora, aprendió a bailar hip hop y ahora se gana la vida, entre otras cosas, improvisando cada fin de semana. Y decimos que tiene alma de profesora no porque imparta talleres en La Escuela de Humor, que también, sino por la cantidad de conceptos, explicaciones y ejemplos que soltó en tan poco tiempo y respondiendo a tan pocas preguntas.

Hamdan cree que Héctor Lavoe tenía razón y simplifica la mítica frase del cantante puertorriqueño: es mejor ser chévere que ser grande. Su alter ego, dice, podría ser algo así como Missy Elliott y su película favorita es esa que le dio el segundo Oscar a Tom Hanks por allá en 1995: Forrest Gump.

En esta entrevista nos cuenta, además, el momento más incómodo (y gracioso) que ha vivido durante función alguna: un episodio que involucra a Juan Andrés Belgrave, un desodorante aerosol y una braga que ‘olía malísimo’.

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Bueno, estudié Derecho en la Universidad Central de Venezuela, estaba haciendo producción de teatro en el grupo Skena y participaba esporádicamente en el match de improvisación, que es un formato deportivo. También formé parte de otro grupo que se llamaba ‘Perdón, ahí vamos de nuevo’, que lo dirigía Freddy Merentes, pero no seguimos porque muchos se fueron a estudiar impro a Chicago. Además de eso estuve bailando hip hop, hasta que me llamaron de Improvisto hace tres años y todavía pertenezco al elenco.

–Te llamó Domingo y te dijo…

–Salió una muchacha llamada Marianna Michinel del elenco y creo que en ese caso al grupo le estaba faltando una actriz que fuese muy física.

Improvisto es como el fútbol. Digamos que el director, Domingo Mondongo, veía quién tenía el talento y qué podía aportar cada uno al escenario. Dentro del equipo hay muchas personas que hacen comedia y que hacen impro, pero cada uno tiene un fuerte. En mi caso es el cuerpo, lo físico, el baile: yo sé bailar locking, waacking, que son géneros del funk style y el hip hop. Eso en la improvisación quizás es una mezcla muy atípica y creo que por esa razón me llamaron.

Obviamente ya cuando entras al show vas cambiando según lo que tú sabes aportar. También hago clown: estuve recibiendo talleres en España, en Argentina, con Tomate, con Walter Velázquez, que son como mi formación. Una mezcla de todas esas cosas fue lo que intenté aportar al show. En Improvisto ya manejaban la técnica del clown y creo que fue por eso que pensaron que podía estar en el elenco.

–¿Se puede aprender a ser cómico, a improvisar?

–A improvisar por supuesto: tiene sus técnicas, tiene sus fundamentos. Todas las personas que tienen el interés pueden hacerlo. No necesitas ni siquiera ser actor. Evidentemente si lo eres y quieres aprender la técnica de la impro vas a tener más herramientas que alguien que no tiene el fogueo sobre las tablas, pero cualquiera puede hacerlo. Por supuesto, tener muchas horas de vuelo en el escenario y muchísimas presentaciones y ensayos, te permite ir entendiéndote.

Ojo, en la improvisación no es necesario ser todo el tiempo cómico: no por el hecho de improvisar vas a hacer comedia. De hecho, hay muchos formatos de improvisación que son de drama y que son muy interesantes, que tienen que ver con lo que se llama long-form.

–¿Cómo definirías el formato de Improvisto?

–En Improvisto hay una mezcla de cosas: improvisación, clown e incluso técnicas de stand-up comedy; pero no es el único formato. Hay muchos en el mundo: solos de impro, catch, match, está el formato de maestro en donde se eliminan competitivamente cuatro actores…

Nosotros hacemos improvisaciones que duran 8-10 minutos y que son historias que armamos según el título que nos dé el público. Con la técnica del payaso, que usa la exageración, la mimetización y el juego, de pronto en el escenario podemos, por ejemplo, abrir una puerta como en las comiquitas, tal cual como en Tom y Jerry. Con ese tipo de juegos se puede construir una historia que sea una telenovela. Eso nada más lo puedes ver en Improvisto.

Ahora, si en un formato de long-form tú ves que hay un conflicto en una familia y de pronto sale un extraterrestre, te parece raro, porque no es tan real. Hay formatos que son más realistas. En Improvisto, por ejemplo, se vale todo. Y es fino jugar en el show por eso: es muy caricaturesco, debido a que se apuntó a que fuese así hace doce años, cuando había muchos actores que dominaban la técnica del circo y la del payaso.

–¿Tienes algún ritual prefunción?

–Calentamiento del cuerpo y un ritual de siempre que hacemos nosotros que es vernos a las caras y gritar antes de entrar al escenario para tener la energía de un equipo de fútbol. Es una locura porque la gente quizás no lo entiende. Compartimos camerino con otros y se quedan y que: “Oye, estos están locos”. En este ritual nos tenemos que ver a los ojos. Hacemos como un círculo de energía y de allí arranca el show.

–¿Cuáles han sido tu mejor y tu peor momento en el escenario?

–El mejor fue en una función que hicimos en la Universidad Metropolitana. Yo estaba entrando, era nueva y me tocó entrompar. Digamos que en Improvisto tú vas escalando: al principio tienes más pena, sabes menos, te dejas guiar por los demás porque tú no le quieres arruinar las propuestas a ellos. Al principio tú eres como una persona que sirve a los demás. En mi caso fui in crescendo: en lo que me sentía más cómoda jugaba más y así iba. Pero, bueno, en la Metropolitana me tocó protagonizar y tocó como un baile de hip hop. Recuerdo que ese día le di con todo y el público se volvió realmente loco, loco, loco. Y fue como uff.

Y el peor momento fue cuando tuve que jugar toda una función con una braga que olía malísimo, al punto de que Juan Andrés tuvo que buscar un desodorante aerosol para echarme. Parecía una cucaracha (risas). Era muy incómodo, porque obviamente es muy físico el trabajo de los actores. Para mí fue incomodísimo. Yo decía: ‘¡Dios mío, qué vergüenza!’. Y ojo: me bañé, quiero que lo sepan (risas).

–¿Cuál es el género que más te gusta y el que menos?

–Mis favoritos son ‘Contrarreloj’, ‘Musical’ y ‘Telenovela’. Y los que menos: ‘Dos sílabas’, que es muy difícil, y ‘¿Qué dijiste?’.

–¿Improvisto en una frase?

–Ser tú mismo.

–¿Un hobby?

–Bailar o hacer stand-up.

–¿Una canción?

–Sex Machine.

–¿Un artista?

–James Brown.

–Película.

–Forrest Gump.

–Serie.

–No soy una persona de serie nuevas: me gusta mucho Friends.

–Actor o actriz

–De improvisación, Charo López, que es una argentina que me parece una dura. Y me gusta Emma Stone, Natalie Portman…

–¿Una frase?

–Es mejor ser chévere que ser grande, algo así, como la de Héctor Lavoe.

–¿Ídolo o modelo a seguir?

–Malena Pichot, Charo López… son muy fieles a su trabajo y me gustaría seguir ese camino.

–¿Un alter ego?

–Algo así como Missy Elliott.

–¿Plato de comida?

–Cualquier tipo de pizza.

–¿Libro?

–Cualquier poemario de Mario Benedetti.

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