El humor y la crueldad

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cosa curiosa esta del humor. Ahora resulta que lo que no pasa de ser, sencillamente, un acto de crueldad bastante elemental –que alguien sano y en todas sus facultades se burle en público de personas con discapacidad y enfermos– es una pieza de humor negro, y como tal debe ser, si no aplaudida, por lo menos defendida y tolerada. Se la ponen difícil a uno los humoristas de esta generación Mega, hay que decirlo. Si por un lado ellos se quejan de la dictadura de lo políticamente correcto, que les impide hacer chistes sin consecuencia sobre todo lo que les dé la gana; no puede uno decir menos de la militancia en la doctrina de la impunidad humorística, que es algo así como el socialismo latinoamericano de los sesenta: una cosa chévere y de avanzada, con la que hay que estar de acuerdo siempre, así estén por allí Fidel y el Che –o Nacho y La Vero– fusilando inocentes, porque la historia (el humor) obligatoriamente los absolverá. Y allí es donde yo dudo. La censura, por principio, me parece horrible; pero la burla a los débiles, por mera humanidad, también. Dicen que eso es humor negro y que por ello debe defenderse. Yo el humor negro se lo leí a Heinrich Böll en ‘Opiniones de un payaso’ y no se me pareció mucho a lo de Nacho. Pero vamos a lo fundamental: ya que dentro del saco del humor entran desde la genialidad más aguda hasta la crueldad más siniestra, ¿debe todo humor, sólo por el hecho de serlo, ser defendido siempre a capa y espada? Los dictadores de lo políticamente correcto lanzarán un no rotundo, y los militantes de la impunidad humorística dirán, como el salsero cubano, que sí y siempre sí. Yo, simple periodista y a veces opinador, lo matizaré con un ‘depende’ y lanzaré un principio muy básico, que se lo debo a Laureano, que fue el que rescató del olvido la anécdota de Soublette, aquel primer mandatario que dijo que el país no se perdería cuando el pueblo se burlara del presidente sino cuando el presidente se burlara del pueblo. Pues eso: el humor no se perderá cuando desafíe al poder –sea de la índole que sea–, sino cuando se vuelva poder y excusa para cebarse impunemente con el débil y con el que no puede defenderse.

Deja tu comentario

You May Also Like