Juan Andrés Belgrave: “La improvisación es muy noble”

Puede decirse, con total seguridad, que Juan Andrés Belgrave es un gurú de las artes escénicas. Empezó con el Grupo Teatral Skena haciendo obras de comedia en el colegio, luego hizo algo de televisión en Televen, fue uno de los pioneros de la improvisación en Venezuela y en la actualidad participa en películas de la talla de Papita, Maní y Tostón.

Cuenta Juan Andrés que sus inicios en la improvisación fueron junto a Alejandra Otero y Corina Perera, en un grupo en el que, al principio, no tenían mucha idea de lo que estaban haciendo. Sólo contaban con un libro hecho por los creadores de un famoso show de improvisación estadounidense (‘Whose Line Is It Anyway?’) y con los ejercicios que allí se describían fueron aprendiendo poco a poco gracias a la metodología más antigua de la historia: ensayo y error.

Así fue hasta que escucharon en la radio que el argentino Jorge Parra dictaría un taller sobre improvisación y todo el grupo decidió inscribirse.

Meses más tarde, con las enseñanzas ahí adquiridas y bajo la tutela de Parra, nacería Improvisto, un espectáculo que ya lleva más de una década llenando salas por toda Venezuela y en cuyo elenco actual Juan Andrés tiene el título honorífico de ser el único fundador en tarima.

Con él hablamos sobre los secretos detrás de la improvisación, sobre las diferencias que tiene ese tipo de teatro con el stand-up y sobre algunos de sus proyectos. También descubrimos que su película favorita es toda la saga de Star Wars y que su ídolo, según dijo, es Jesucristo.

–¿Qué hacías antes de llegar a Improvisto?

–Está difícil, porque eso fue hace ya como 12 años. A ver… estaba estudiando Comunicación Social, ya había hecho teatro con Skena, había hecho un poquito de televisión también en Televen (Planeta de 6, Taima) y había estado en otro grupo de improvisación que se llamaba ImproSaurios, en el que estaba Corina Perera, Alejandra Otero y un amigo que está ahorita en Canadá haciendo impro.

Estábamos en la impro y no teníamos idea de qué estábamos haciendo, nada más teníamos un libro en inglés sobre los tipos estos que hacían ‘Whose Line Is It Anyway?’, un programa de Drew Carey en el que hacían improvisaciones por televisión. ¡Era genial! Y con los ejercicios del libro, más o menos de lo que entendíamos, íbamos haciendo la cosa. Ahí apareció Jorge Parra por radio diciendo que iba dar un taller de impro y nos metimos todos. Así empezó Improvisto.

Estuve desde el primer taller con Mondongo, pero me fui desde el 2006 al 2010, porque estaba estudiando cine, impro, stand-up, teatro y clown en Buenos Aires.

–¿Cuándo y por qué empezaste con la comedia?

–Siempre, siempre hice comedia. El primer grupo de teatro, donde aprendí todo, fue con Skena, en el colegio. Se hacía un montaje por año y todas las obras que hacíamos al final eran de comedia. Entonces desde ahí empecé, después hice stand-up y en las obras siempre me llamaban para cosas de comedia. Cuando no era comedia no me iba muy bien.

–Lo tuviste claro desde el principio…

–Yo quería hacer de todo, y trato de formarme para hacer de todo, pero se me da más fácil la comedia, (soy) muy payaso, muy payaso.

–¿Siempre fuiste extrovertido?

–No en el día a día, pero sí en el escenario.

–¿Se puede a ser cómico, a improvisar?

–Claro, claro. Tienes que hacer talleres, tienes que leer, tienes que estudiar, pero lo mejor va a ser estar en el escenario y tener ‘horas de vuelo’, como le llamamos nosotros. Lo que ayuda mucho, para la impro específicamente, es conectarse con la manera como uno era cuando jugaba de chico. No sé si te acuerdas de policía y ladrón: si jugabas con un pana tuyo y sacabas tu pistola de mentira, que era tu mano, y disparabas y tu compañero no se moría, no querías jugar más con él porque no sabía jugar. Pasa lo mismo con la impro. O sea, tienes que meterte en el trip. Si tú lo ves, el público lo ve. Es genial.

–¿Cómo es tu día a día y cómo es un día de función?

–El día a día depende porque no tengo un trabajo fijo. Si no que lo que hago es, como quien dice, matar tigres siempre en lo mismo: aparte de Improvisto hago otras obras de teatro, hago funciones de stand-up, ahorita estoy grabando una película, hace poco estrené Solteras Indisponibles, ahorita se estrena Papita, Maní y Tostón 2 y normalmente estoy en ensayos, o en grabaciones o en funciones. No hay una rutina fija, pero normalmente es salir a ensayar o a una función o a una grabación. Es básicamente eso.

Los días de función tengo que llegar para acá (Centro Cultural BOD) una hora antes. Nos preparamos un poco, salimos a repartir los papelitos, nos ponemos las bragas, calentamos y a función.

–¿Tienes un ritual específico antes de cada función?

–Tengo como una manera de calentar, que es la que me ayuda a estar listo, que incluye un poco de yoga y de activar la mente y el juego. Nos gusta mucho cuando empieza el show, mientras está sonando la canción de Improvisto de entrada, ponernos locos y hacer el típico grito con la mano arriba y después nos abrazamos y nos damos una nalgada.

Han pasado muchos grupos en Improvisto y con cada grupo van como mutando los rituales. En otras épocas, te podría decir que del 2010 al 2015, a juro teníamos que jugar fuchi y éramos unos duros.

Los cambios de grupo tienen que ver con la dinámica de lo que está pasando en el país. La gente se va y si no se va, crece y va a hacer otras cosas. Viene mucha gente que hace stand-up comedy y para el stand-up tú tienes tu cosa muy cuadrada, tus chistes preparados, los pruebas, los preparas, los pruebas, los preparas y también te falta un poquito de impro. Entonces muchos comediantes vienen y hacen improvisación, pero como para tener la técnica. Es como un camino y no un fin.

Hay actores de teatro que también lo hacen. Ahorita en Los Ángeles la impro es lo que está como de moda. Todo el mundo, actores de toda la vida como Kevin Spacey, descubrieron que en la impro está el rush y la adrenalina de inventar y de crear en el momento y de mantener el personaje y de adherirle cosas al personaje con lo que pasa con el público, que es una energía que no puede obviar.

–¿Qué es lo más difícil a la hora de improvisar?

–El contigo mismo. A nosotros nos inculcó (Domingo) Mondongo la idea de ver la impro como un deporte. Nosotros ensayamos toda la semana, pero en realidad no ensayamos, no hay ningún texto que ensayar. ¿Entonces qué se hace? Se entrena. Así como en el fútbol, el entrenamiento no es solo jugar el partido, el entrenamiento es pelota parada, tiro de esquina, cabezazo, centros, y pasa un poco lo mismo acá. Entonces nosotros decimos que somos un equipo que sale a la cancha a jugar. Y la gente se pregunta: ajá y ¿cuál es el equipo contrario? Nosotros mismos. Si nosotros logramos vencer nuestros prejuicios y nuestros miedos para simplemente jugar y disfrutar, la gente va a disfrutar. Es muy noble la impro, no como el stand-up, en el que a veces tienes todo planeado y lo probaste en la Quinta Bar, en Teatro Bar, en una casa de familia y llegas a las Risas Azules y no hay ni una risa.

–¿Hace cuánto no haces stand-up?

–Como un año, un año (noviembre 2017). Yo tenía una rutina de stand-up de media hora y a veces me pedían que la llevara a 40-45 minutos, entonces yo la llenaba con impro y funcionaba mucho más la impro que el stand-up. Así que le quitaba diez minutos al stand-up y se los ponía a la impro y después le quitaba diez minutos más y, al final, mi show es todo impro ahora.

–Te retiraste ya…

–No me retiré. Muchos amigos me llaman para reunirme con ellos y rebotar material. Con eso me va súper bien. De hecho, me llamó Marcel Rasquin y estamos escribiendo una peli de comedia súper chévere, porque me va bien escribiendo, pero con material que ya está ahí. Pero crear de la nada, sentado en mi casa, no me funciona. Necesito estar ahí con la adrenalina y…

–¿Nunca llegaste al nivel en stand-up que tienes en la impro?

–No llegué, pero ojo: no me he muerto todavía, vamos a ver si hay chance de llegar más adelante.

–¿Mejor y peor momento en escenario?

–De los dos hay muchos. Recuerdo que el viernes había un título que se llamaba ‘Cuando tú quieras me llamas’ y esa improvisación salió genial. Era un tipo que se enamoraba de una mujer en una telenovela y va a consultarse con una bruja y la bruja también se enamora de él y le saca las cartas, que eran: un reloj, un ladrón y un fuego. Entonces la bruja lo interpreta todo mal y sigue la impro y la gente como que ‘pero bueno, ¿dónde está el título?’ y al final el tipo ve las cartas y dice: ‘Ya lo entiendo. El reloj es el cuando, el ladrón es el tuki y el fuego son las llamas. Cuando tuki eras me llamas’. Pfff. A veces esas cosas salen y yo digo que es el Dios de la impro que te deja tener esos momentos de gloria.

A los momentos chimbos creo que uno los deja pasar, no los registro. Registro qué salió mal para no volverlo a hacer. Lo chimbo es que tus panas se vayan y tengas que jugar con gente nueva y entonces al principio no tienes muchas ganas y después les agarras cariño y se te van otra vez y es como ‘Nooooo’.

–¿Tu género favorito y uno que no te guste tanto?

–Me encantan todos, pero siempre estoy esperando que llegue ‘Musical’. Y uno que no me gusta tanto es ‘Extranjero con traducción’ o ‘Contrarreloj’. Además de que hay como maldiciones del Dios de la impro. En ‘Contrarreloj’ nosotros sufrimos y cuando no sale es diez mil veces peor. Tienes poco tiempo, entonces no quieres que se pierdan los chistes y hay vértigo y el vértigo es difícil de controlar en la impro, pero ese ya es otro tema.

–¿Cómo se controla?

–El vértigo es tu peor enemigo en la impro. Es cuando tienes la sensación de que no estás bien parado y el tiempo se ralentiza y todo lo escuchas raro y ves a la gente del público y empieza a darte como nervios y quieres irte. A mí no me pasa hace diez años, pero cuando la función no está fluyendo… porque la función de impro sube, baja, sube, baja, pero cuando tiene mucho rato abajo y todos tus compañeros y tú están mal y la función no está fluyendo ahí sí empiezas a sentir el vértigo de ‘¿Cómo nos salimos de este hueco? ¿Cómo?’. Entonces está el peligro de que empieces a hacer chistes de culo, pipí, totona y eso puede ser totalmente contraproducente, pero uno está buscando el chiste fácil para tratar de salir del hueco. Ese momento es horrible. Pero casi siempre sale uno que se pone la banda de capitán y saca la función adelante.

–¿Improvisto en una palabra?

–Jugar.

–¿Algún hobby?

–Me gusta cocinar, me gusta estar con la familia, viajar y jugar PlayStation.

–¿Canción?

–Scatmans World.

–¿Artista?

–Fito Páez.

–¿Película?

–¿Tiene que ser una sola? Lo que pasa es que me gusta mucho la saga de Star Wars, entonces como son muchas películas.

–¿Serie?

–Curb your enthusiasm.

–¿Actor?

–Robert Downey Jr.

–¿Frase?

–Lo importante no es mear mucho, sino hacer espuma.

–¿Ídolo?

–Jesucristo. Te quedaste loco, ¿no?

–¿Alter ego?

–Rastafari.

–¿Comida?

–Hamburguesa.

–¿Algún libro?

–Del salto al vuelo.

 

 

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