RESEÑA: ‘Misery’

Su actuación está considerada como una de las mejores interpretaciones femeninas de todos los tiempos y es, para muchos, la villana más dantesca de la historia. Su papel produjo un personaje de culto, rompió barreras estereotípicas y protagonizó una de las escenas más terroríficas de los últimos 30 años: a fin de cuentas, los tobillos de Paul Sheldon estarán por siempre en nuestra memoria.

Si existiese un Salón de la Fama del séptimo arte norteamericano, Kathy Bates tendría una placa asegurada por hacer de Annie Wilkes en la adaptación cinematográfica de ‘Misery’, una de las tantas novelas de Stephen King que han sido llevadas a la gran pantalla.

‘Misery’ se centra en un afamado escritor que decide recluirse en una cabaña en Colorado con la intención de terminar la novela en la que está trabajando. Una vez escrita la última página, se dispone emprender su viaje de regreso a Nueva York. Debido al mal estado de la carretera por culpa de la nieve, pierde el control de su vehículo y termina cayendo por un barranco, inconsciente y malherido.

Cuando despierta de la conmoción, Paul Sheldon se encuentra con la cara de una mujer que dice ser, con orgullo, su fanática número uno. Wilkes le explica al escritor que debido al choque ha perdido la movilidad de sus piernas y que ella se ha encargado de atenderlo hasta el momento, que no se preocupe, pues apenas la nieve se vaya de las vías y los teléfonos vuelvan a funcionar, llamará a una ambulancia y a sus seres queridos.

Así empieza el martirio para Sheldon, quien a medida que van pasando los días comienza a darse cuenta de la naturaleza psicópata de su rescatista y su desesperación se va volviendo cada vez más latente: inmóvil en una cama y sin la posibilidad de poder comunicarse con nadie fuera de la casa, el novelista teme por su futuro.

La interpretación de Bates por momentos hiela la sangre, paraliza la respiración y pone al espectador a rezar por la vida del novelista: Annie Wilkes infunde más terror que cualquier monstruo o fantasma. Junto a James Caan –Sonny en ‘El Padrino’–, sus caras de dolor infernal y sus miradas impregnadas de miedo, creó una de las películas con mejor manejo de tensión que Hollywood haya producido.

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