RESEÑA: La Cartuja de Parma – Sthendal

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Balzac, deslumbrado tras su lectura, le dedicó un estudio de 72 páginas en el que no dudó en considerarla la novela más importante de su tiempo. André Guidé fue un paso más allá en el elogio y dijo que no sólo del suyo, sino de todos los tiempos. Y Tolstoi confesó que en lo que a guerra se refería (y vaya si sabía algo de eso el autor de ‘Guerra y paz’) todo lo había aprendido de ella, porque fue la primera novela en la que un conflicto bélico se describió “tal y como es realmente”. A ‘La Cartuja de Parma’ no le ha faltado (ni le faltará) quien la defienda, aunque tampoco lo necesita: ella misma lo hace sola. Es un novelón de más de 500 páginas en el que sucede prácticamente de todo. Ambientada en la Italia del siglo XVIII, la novela sigue los pasos de Fabricio Del Dongo, un joven burgués ávido de vivir y experimentar cosas, y de su tía-protectora, la Duquesa de Sanseverina, que, presa de un amor más o menos imposible por su sobrino, está siempre tras sus pasos en la complicada labor de procurarle una carrera eclesiástica en la corte de Parma (nada menos que de arzobispo) que le garantice una existencia cómoda, desahogada y privilegiada, pero que Fabricio, puro idealismo y sueños, pone constantemente en riesgo junto con su propia vida.

Esa es, a muy gran escala, la sinopsis de esta novela, en cuyo ínterin suceden mil y un cosas más, todas ellas acompañadas siempre por otras mil y un reflexiones y cavilaciones de los personajes, que son finalmente lo que le da categoría a ‘La Cartuja de Parma’: que sus personajes no solo viven y sienten de manera apasionada, sino que en la misma medida reflexionan. Son intensos, como se diría ahora. El mayor de todos, Fabrizio, que luego de estar en Waterloo (y no enterarse de nada) pasa páginas y páginas preguntándose si había estado o no en una verdadera batalla y reflexionando sobre lo que había vivido; quien después de cada desenamoramiento (y varios le suceden), teoriza sobre el amor y la incapacidad que tiene él de sentirlo por nadie; o que cuando está preso se examina rigurosamente para ver si no será una persona de gran carácter por estarlo y no sentirse triste. Menos reflexiva pero mucho más astuta es la Duquesa, quien a lo largo de la novela va dando cátedra de cómo se consiguen favores y se sobrevive en una corte italiana (la descripción de éstas y su ambiente, pero sobre todo la de su funcionamiento es verdaderamente excepcional) a punta de manipulaciones e intrigas. Lo mismo pasa con el Conde Mosca, amante de la duquesa: un funcionario de carrera que sabe muy bien cómo mover a conveniencia los hilos del poder en la corte (nuevamente, esto queda excepcionalmente descrito en el libro).

Con respecto a la prosa y la estructura, hay que decir que es muy de su época. El dato de que Sthendal escribió (o dictó) casi 800 páginas en 42 días (al final, a petición del editor, que se negaba a publicar en 3 tomos, tuvo que suprimir 300 páginas) da una idea exacta de cómo fue que lo hizo: como le salió. Y no le salió mal (buen escritor era), a pesar de que no se evidencia ningún tipo de interés estilístico en la prosa (abundan las frases ingeniosas, pero casi ninguna muy bonita o elaborada). Lo suyo era contar, contar y seguir contando. Una explosión de genio que tenía ocho años latente (el tiempo que pasó sin escribir), pero que, como toda explosión, a la par que avasallante, es también caótica y desordenada: el ritmo es irregular, las divisiones de capítulos son artificiales, el narrador aparece y desaparece a su antojo, y el final lo despacha en apenas cuatro páginas (puede que esto sea consecuencia de la abreviación obligada). Muy de su época, nuevamente.

El punto más flaco, no obstante, es el inexplicable (y mal) título, que poco tiene que ver con la novela (hace referencia a un lugar que apenas y aparece en la última de las más de quinientas páginas que la componen, y que no es determinante en la historia) y que probablemente habrá alejado a unos cuantos lectores de ella. No se le juzgue por allí. Júzguesele, si se quiere, por el extraordinario primer párrafo con que arranca (no debería faltar en una antología), y téngase presente que a pesar de llamarse ‘La Cartuja de Parma’, es una gran y apasionante novela, con personajes extraordinarios e inolvidables, repleta de intrigas, política de principado, aventuras y mucho ingenio, ideal para quien guste de los clásicos y quiera pasarse un buen tiempo con alguno.

La Cartuja de Parma

Autor: Sthendal

Fecha: 1835

Páginas: 436

Calificación: 8,5 /10

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