RESEÑA: ‘La vida entera’ – David Grossman

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

“Está llena de ripio”, muy seguramente habría sentenciado Jorge Luis Borges de haber leído ‘La vida entera’, de David Grossman. Y efectivamente es una novela que en sus 807 páginas tiene palabras y frases innecesarias, a veces repetitivas -harto repetitivas, si quieren-, y detalles y descripciones extenuantes, que agotan, pero que también, y por el contrario, cuenta –y muy bien– una historia que posee una fuerza dramática tremenda: la de una madre muerta de miedo ante la posibilidad de que su hijo menor no salga vivo de una operación especial del ejército israelía la que se ha ido como voluntario. Para conjurar esa posibilidad, Ora, que así se llama ella, se lanza a las montañas de Galilea con un viejo amigo a un paseo interminable y sin ruta, en la creencia de que así logrará evitar que la noticia que tanto teme la alcance. Durante todo el trayecto, de más o menos 600 páginas, Ora irá contando toda su vida (o la vida entera, para hacer juego con el título) y la del desmoronamiento de su familia (hijos y esposo), marcada ella por la guerra, la violencia y ese temor muy israelí de tener siempre la muerte a la vuelta de la esquina.

Es una novela ambiciosa, no apta para todo tipo de lector, que requiere empeño y esfuerzo. Baste el dato de que teniendo más de 800 páginas, sus personajes son básicamente seis. Posee como ventaja, esa sí, la pluma extraordinaria de Grossman, que es un señor narrador con una prosa torrencial que fluye velozmente (y que por ello se lee rápido), que además está muy bien soportada por la magnífica traducción de Ana María Bejarano. Lo más sorprendente de Grossman es que logra, prescindiendo de los guiones y de las comillas, engranar perfectamente, solo con puntos y comas, diálogos, recuerdos y reflexiones sin que el lector se pierda. Y eso, en una novela que está narrada básicamente a partir de las conversaciones y pensamientos de Ora, mujer dispersa, distraída, y con tendencia a disgregar constantemente, es un mérito. No obstante, he allí también su mayor problema: si bien Grossman logra que uno no se pierda con la narración de Ora, no consigue que uno no se aburra y fastidie con ella. Y he allí el punto débil del libro: que el exceso de cavilaciones de Ora lo llega a volver soporífero. Y a veces insoportable. Y allí no queda sino tenerle fe y esperar la siguiente gran revelación de Grossman, que las administra en dosis muy bien calculadas (otro mérito suyo).

Ahora bien, el fondo de la novela, ¿de qué va? Del poder destructor de la violencia y de la muerte. Todos los personajes, de un modo u otro, están atravesados y determinados por ella. Y la familia, como colectivo, también. Hay un momento en el que Ora lo ve claro, cuando reflexiona sobre lo que le está contando a su amigo Abram: “Le está recitando el responso por una familia que fue y no será más”. Y esa familia es la suya. No por el temido desenlace sobre su hijo, sino por todo lo que pasó antes y la forma sibilina en la que estas dos cosas, violencia y muerte, se fueron apoderando de sus miembros hasta hacerla saltar por los aires. “En este momento estaban cayendo en el abismo y seguirían cayendo sin fin, porque la vida se había terminado, la vida que hasta entonces habían llevado”, se lee en otra parte. De allí que, más allá de la sinopsis de la madre que intenta supersticiosamente huir de una noticia que no quiere que la alcance, bien se pueda resumir el libro como la dura (durísima) historia de una familia y unas vidas perseguidas y azotadas por la muerte y la violencia.

Que no es, tampoco, una historia muy distinta a la del mismo autor: mientras escribía el libro, Uri, uno de sus tres hijos, murió en combate en el sur del Líbano, cuando un misil antitanque disparado por Hezzbolá le dio a la unidad en la que él se encontraba. “Tras los siete días de duelo volví al libro, que ya estaba escrito en su mayor parte. Lo que más cambió fue la caja de resonancia de la realidad en la que fue revisada la versión definitiva”, dice Grossman en una carta que se encuentra al final de esta novela tremenda, tanto de forma como de fondo, ideal para aquel lector disciplinado y paciente que ande en busca de un sacudón emocional.

La vida entera

Autor: David Grossman

Año: 2007

Páginas: 807

Calificación: 8,5/10

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