‘Robando azules’ o aquellos ojos que conquistaron a Yordano

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Caer rendido ante unos ojos. Sucumbir a una mirada. Que dos pupilas paren el mundo. Todos lo hemos experimentado alguna vez. Todos hemos sido víctimas del hechizo. Pero nadie lo ha cantado como Yordano, que es, definitivamente, uno de los más grandes compositores que ha tenido nunca Venezuela. Y aunque letras sobran para demostrarlo, baste la de hoy para reforzar esa verdad: se llama “Robando azules”, fue el tercer sencillo de ‘Finales de siglo’ (1990), su quinto álbum de estudio, durante 5 meses sonó a las 9 de la noche en RCTV como tema de la telenovela ‘Caribe’ y es una auténtica joya. ¿Por qué? Porque sin caer en clichés y lugares comunes, sin repetir los tópicos de siempre, adjetivando de una manera notable, cuenta de modo sublime la experiencia del arrobamiento por una mirada.

“Vida hay una sola y yo / yo quiero perderla / en la insostenible brevedad de su mirada”. Es un comienzo de entregado, de rendido. Desde la primera línea entramos en el hechizo de esos ojos, dignos del sacrificio de una vida entera, esa que solo hay una y que no se repite. Es notable el hecho de que Yordano prescinda del relato: no es un tema narrativo –en el sentido de contar una historia– sino descriptivo: de una emoción, de un de un sentimiento, de la conmoción y el estremecimiento provocado por una mirada.

“El lugar común que hay / en las historias de amantes / yo lo vi en la inaguantable calidad de su mirada”. Una línea que vale oro, quizás la mejor del tema. “El lugar común que hay / en las historias de amantes”. Es una frase preciosa, que remite a un espacio sentimental feliz: complicidad, atracción, encanto. Las mariposas en el estómago que te genera la otra persona y, sobre todo, esa fortuna tremenda, esa alegría inconmensurable que se siente al ser correspondido por ella. Ese es el lugar común que hay en las historias de amantes, el que durante siglos, durante la historia entera, ha unido a dos personas. Lo que ha hecho felices y plenos a hombres y mujeres de todos los tiempos. Y, qué dicha, él lo vio en esos ojos.

Tras esa primera estrofa viene el coro: “Cuando ella va / por ahí / robando azules / de corazones / Destrozados / maltratados / abandonados / embrujados”. Nuevamente no hay mucho que contar, sino que sentir: va por la calle enamorando gente que está en situaciones mejorables. Allí aparece la enigmática expresión que le da título al tema: robando azules. Durante muchísimo tiempo el robar azules fue objeto de mil y un interpretaciones, cada una más disparatada que otra, hasta que recientemente el mismo Yordano develó el misterio en un twitt: “Me han preguntado qué significa Robando Azules: es para la mujer que amo, que cuando sale a la calle y camina se roba el azul del cielo”. Quedémonos, pues, con la explicación más que con la dedicatoria: esa mujer cuya mirada eclipsa el cielo de los corazones “destrozados, maltratados, abandonados, embrujados”.

Le sigue la segunda y última estrofa: “Y si yo alguna vez / yo tengo la suerte de llegar / a la inalcanzable soledad de su mirada / Yo podré decir que hoy /hoy comienza mi historia / en la imposible lucidez de su mirada…”. Es la expresión de un anhelo: llegar a ella. ¿Y si llegas qué, Yordano? “Yo podré decir que hoy comienza mi historia”. Vaya. Otra línea absoluta. Si en la primera estrofa era capaz de sacrificar toda la vida, aquí dice que tan definitiva sería la experiencia de tenerla, de llegar a alcanzarla, que marcaría un nuevo comienzo, un antes y un después. Otra vez: una línea de entregado.

Ahora bien, no estaría completo este texto sin una mención a la forma tan particular que tiene Yordano de adjetivar la mirada, lo que hace con un virtuosismo tal que roza con la auténtica poesía:

la insostenible brevedad de su mirada

la inaguantable calidad de su mirada

la inalcanzable soledad de su mirada

la imposible lucidez de su mirada

Son cuatro construcciones preciosas, similares en estructura. Todas de una calidad que se hace difícil encontrar en un tema musical, y a las que cualquier explicación no haría otra cosa que dañar. No está demás, sin embargo, buscar las correspondencias, para entenderlas en plenitud

“La insostenible brevedad de su mirada” es para perderse en ella.

“La inaguantable calidad de su mirada” es donde vio el lugar común que hay en las historias de amantes.

“La inalcanzable soledad de su mirada” es adonde quiere llegar.

“La imposible lucidez de su mirada” es para comenzar la nueva vida.

¿Explicar cada una? Sería dañarlas, repito. Hay, sencillamente, que sentirlas, saborearlas, deleitarse con ellas y disfrutar la melodía.

Quién hubiera visto esos ojos, Yordano, que te impulsaron a escribir este temazo.

 

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