“Pan y fiesta mantienen al pueblo quieto”

Príncipe de Florencia, mecenas de las artes, diplomático, banquero, poeta y filósofo renacentista. No fueron pocos los oficios que Lorenzo di Médici (o ‘il Magnífico’, como se le llegó a conocer) desempeñó en su vida. Considerado el más inteligente de sus cinco hermanos, recibió de su familia (la poderosa dinastía florentina de la que él fue orgullo y digno miembro) una educación privilegiada que lo llevó a ser, con apenas 20 años, gobernador de Florencia en una gran época artística (la de la cumbre del Renacimiento italiano) y una pésima época política (la del pulso permanente, y muchas veces bélico, que Florencia mantenía con el reino de Nápoles, al que le declaró la guerra y con quien finalmente alcanzó la paz). Hombre de carácter, astuto diplomático, sobreviviente de mil conspiraciones y de dos atentados graves, consiguió imponerse a todos sus enemigos. Se casó con una de las mujeres más nobles de la aristocracia romana (Clarissa Orsini), con quien tuvo una prole de diez vástagos, todos bien ubicados en la carrera eclesiástica. Baste decir que fue padre de un Papa (Leon X), padrastro de otro (Clemente VII), bisabuelo de otro (Leon XI), y que tuvo tres nietos cardenales. Padrino del Renacimiento –así lo consideran algunos historiadores–, gustó siempre de estar rodeado de lo más selecto de su época: artistas, filósofos y científicos. A diferencia de su abuelo, Cosme el Viejo, el gran mecenas y financista de decenas de genios, Lorenzo se dedicó a ubicarlos –Botticelli, Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel los más destacado– en diversas cortes, lo que sirvió para expandir el arte renacentista italiano por Europa. Humanista irredento, fue el fundador de la Biblioteca Laurenciana, una de las más importantes del viejo continente, que hoy conserva, entre otros, 11 mil manuscritos y 2 mil papiros. Aparte de todo ello, dejó para la posteridad una frase que en sí misma es un tratado de realismo y pragmatismo que sirve para demostrar que por más siglos que nos diferencien los principios de control social se mantienen incólumes: “Pan y fiestas mantienen al pueblo quieto”.

Deja tu comentario

You May Also Like