El primer capítulo de la historia que no termina

“Se acabó”, “Chávez se rinde”, “Cayó Chávez” fueron los titulares de los principales diarios del país para retratar lo que fue el 11 de abril de 2002. La presión originada por el sector privado -que mantuvo a la empresa petrolera paralizada- para lograr la dimisión de Chávez terminó con una gran marcha convocada entre Parque del Este y PDVSA Chuao, pero que fue desviada hacia Miraflores. La movilización, que tendría su “batalla final” (como titularía la edición extra de ‘El Nacional’ esa tarde) en la casa de Gobierno, no llegó a su destino, sino que se topó con un grupo de manifestantes oficialistas en el centro y varios francotiradores. Puente Llaguno fue el epicentro de los sucesos violentos que dejaron 19 fallecidos, y (todavía hoy) muchas incógnitas. Las televisoras, entonces libres e independientes, rompieron la cadena que se transmitía en ese momento y con pantalla dividida mostraron lo que pasaba en el centro: las imágenes de pistoleros y heridos le dieron la vuelta al mundo. Chávez ordenó sacar a todos los canales del aire, y la consternación llegó a los hogares venezolanos ante la expectativa de lo que podía suceder. La hora del clímax político venezolano (la madrugada) encabezó las portadas de los periódicos: en la voz del Inspector General de las Fuerzas Armadas, Lucas Rincón Romero, el Alto Mando Militar le solicitó la renuncia “al Señor Presidente de la República (…) la cual aceptó”. Chávez había sido derrocado y su lugar lo ocuparía (hasta el 14) Pedro Carmona Estanga. La historia contemporánea de Venezuela quedó retratada para la posteridad con ese acontecimiento que fue el primer capítulo de una película que todavía no termina.

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