Embargarán PDVSA

La cifra es prácticamente irrisoria, pero el hecho es de trascendental importancia: ayer miércoles, PDVSA fue demandada en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York por la constructora canadiense SNC-Lavalin, que exige la cancelación de los bonos PDVSA 2019 por $25 millones. A ella se suma la demanda de la petrolera estadounidense Conoco Phillips, la semana pasada, en un tribunal caribeño, lo que deja al desnudo una grave realidad: los acreedores perdieron la paciencia y han comenzado a demandar. “Esto será el inicio de una avalancha de acciones legales [contra PDVSA]”, le adelantó a ‘The Financial Times’ el economista, abogado y analista financiero Russ Dallen, quien no dudo en calificarlo como “la peor pesadilla posible para Caracas”. ¿Por qué? Porque Venezuela debe, en acreencias, $160.000 millones y no tiene forma de pagar. De hecho, no lo hace desde septiembre, lo que en la práctica nos pone en estatus de ‘default’. No lo han llamado así porque en noviembre Maduro ofreció un plan refinanciación –que nunca se concretó– y luego comenzó a cancelar selectivamente algunas –pocas– deudas de PDVSA. Esa fue la estrategia revolucionaria: cancelar estratégicamente algunos bonos de PDVSA y olvidarse de los de la nación. Pero el nivel de deuda es brutal y la plata –y la paciencia de los acreedores– se acabó, por lo que ahora estamos en vísperas de la verdadera catástrofe. “Venezuela da un paso más hacia la implosión” fue, de hecho, la valoración que hizo de la demanda de ayer Jonathan Wheatley del FT’s. ¿Por qué? Porque si lo siguiente es una avalancha de sentencias desfavorables, al no tener cómo cumplirlas terminarán en embargo o congelación de bienes, lo que dejará a PDVSA sin ningún tipo de activo –entiéndase: tanqueros, refinerías, martillos, oficinas etc– en el extranjero, sin la posibilidad de comercializar petróleo y, por ende, el país perderá el 95% de sus ingresos. Imagínese a la Venezuela miserable de ahorita, quítele el 95% de lo poco que hay, y eso es lo que tendremos cuando nos embarguen toda PDVSA, proceso que –sin mucho ruido– comenzó ayer.

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