El resucitado de Barcelona

Con 50 días de duración, la fiesta de Pascua, en la que se celebra la resurrección de Cristo, es la más larga de toda la cristiandad. En el Consulado de Venezuela en Barcelona, sin embargo, tiene una duración mucho mayor, diríase eterna. Y es que contra todo pronóstico allí hay un resucitado, un muerto que volvió a la vida. Luis Antonio Martínez Uzcátegui se llama, es abogado de la ULA, hombre cercano a de Tarek El Aissami y según el Seguro Social para abril de 2016 había fallecido. ¿Error del sistema, desliz del pasante subpagado, o movida premeditada para ocultar a alguien? Con Martínez Uzcátegui nunca se sabe. Imperturbable y sombrío, de los que se guardan las cosas siempre, sus mismos compañeros lo ven con sospecha. Hasta los fantasmas le temen. “El paco”, le dicen con reserva. “Es un espía”, conjeturan. “Hace labores de inteligencia”, murmuran. “Cuenta todo lo que hacemos”, se asustan. “Pasa revista y reporta”, suponen. Pero nadie sabe a ciencia cierta qué hace. Tampoco en qué cree. Dicen que fue el responsable de la aparición por unos meses del Comandante Teodoro (ver entrega anterior) en aquella oficina, y que es el que operador político que une los puntos de la revolución con el independentismo catalán. Lo han visto reunirse repetidamente con los líderes de PODEMOS, amén de intentar armar redes con algunos medios para posicionar y difundir mensajes a favor de Venezuela. Lo más curioso, comentan, es que para ser tan rojo-rojito gusta de la buena ropa y los mejores carros. Para muestra, el Audi negro de placa diplomática que ronda la plaza Urquinaona y que le pertenece a él. Un hombre que, dirían los españoles, está siempre hecho una Pascua.

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