El canciller humillado

Foto: Tal Cual

La intervención del canciller Jorge Arreaza en la Asamblea General de la OEA sólo sirvió para exponer ante diplomáticos internacionales el vacío argumentativo del régimen para explicar la situación de Venezuela, el cual se arreguinda del discurso antiimperialista para explicar lo inexplicable: “Esta corporación en la que se ha convertido la OEA con Donald Trump a la cabeza no tiene autoridad alguna para cuestionar la voluntad de nuestro pueblo”, fue una de las sentencias de Arreaza para rechazar la inclusión del tema Venezuela en la sesión de la OEA. La edición 48 tiene entre sus tópicos centrales la suspensión del país de la organización tras la fraudulenta elección llevada a cabo el #20M. El camino de la vergüenza del canciller inició cuando su discurso empezó a ser cuestionado con una dialéctica que fungió como un derechazo a la mandíbula de parte del ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Roberto Ampuero: “Si esta es la forma en la que el canciller Arreaza trata a personas diplomáticas, que representan a otros estados, a otros gobiernos y, que están en un tercer país, imagínense ustedes cómo trata a los venezolanos que están bajo su poder, que no tienen un pasaporte distinto y están dentro del país sufriendo hambre, la penuria y la represión de Venezuela”. Ampuero no tuvo condescendía alguna para quien despotrica a homólogos: “Se refiere al secretario general de la OEA como sicario, se refiere a la OEA como un circo. Habla de que los están aquí están cumpliendo una orden impartida por alguien y no considera ni cree por un minuto que las personas tienen dignidad y convicciones democráticas por las cuales se mueven”, fue el golpe final para humillar a un canciller que no encontró soportes lógicos que lo salvarán del fondo a donde lo llevo el ministro chileno.

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