No es mundial de quinielas

No es Mundial de quinielas, tampoco de pulpos pronosticadores, la Copa del Mundo Rusia 2018 emociona por lo sorprendente, lo inesperado. Y es que si el fútbol de clubes fuera como el de selecciones, la élite dominante fuese inalcanzable para la clase media; sin embargo, los juegos de selecciones son otro asunto. Cuando el patriotismo se acrecienta exponencialmente, el país con una de las mayores tasas de asesinatos de periodistas (México) vence a la nación del orden (Alemania). La consecución del éxito promueve el análisis de quienes lo anhelan. De esa manera, se enaltecen todas las prácticas del vencedor: los “10 tips para (…)” y artículos ‘how to’ abundan en la web. Que Alemania haya permitido a sus jugadores tardes libres que incluyeron golf, piscina, sol e incluso excursiones a tribus del Amazonas en Brasil fueron –según exitistas– las claves para el título en 2014. Asimismo, –y de acuerdo a la  recopilación del periodista Ezequiel Fernandez Moores– la selección holandesa que alcanzó dos finales del mundo en la década de 1970 permitió que los jugadores estuvieran acompañados por sus parejas en las concentraciones. En ese orden, también se aplaude (o aplauden) la decisión de futbolistas argentinos que ganaron el Mundial en 1986, quienes tenían reuniones del plante sin incluir al técnico, pues dentro del equipo había quienes tenían diferencias con el entrenador Carlos Bilardo. A final de Rusia, y pese a que la sobriedad venza a la sorpresa, el trabajo de desmenuzar las proezas deportivas ya inició. Nadie se podrá jactarse de decir que la actual campeona iba a quedar eliminada, o que España le costaría tanto avanzar de grupo ni que Argentina estuviese a cuatro minutos de estar eliminada. Mundial de sorpresas que (re)afirman al fútbol como un deporte movilizador de masas inigualable.

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