RESEÑA: ‘The Incredibles 2’

 [Sin spoiler] 14 años pasaron desde que observamos como Mr. Incredible dejó su trabajo de oficinista en ‘Seguritas’ para volver a utilizar su traje de súper. Parece costumbre que los productores de películas animadas dejen huérfanos a sus infantes espectadores para que después –cuando las responsabilidades y la vida adulta atacan– los aborden con una secuela que debió estrenarse mucho antes. La misma receta que utilizó ‘Toy Story’ (con la tercera entrega) y también replicó ‘Monsters Inc’ (con ‘Monsters University’), sucede con ‘The Incredibles 2’. Y es que hace 14 años todos sabíamos que la película podía continuar, pero el director Brad Bird prefirió engavetar el proyecto (y lo súper que puede ser Jack Jack) para estrenarla mucho tiempo después: “Creo que no podría haber hecho esta película inmediatamente después. Ni habría querido. Siempre quiero analizar las cosas antes de seguir con algo más”, comentó Bird en 2015. Una película animada, pero enfocada principalmente para un público adulto genera una expectativa tremenda, por lo que puede ser contraproducente. “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” dijo una vez Gabriel García Márquez. La memoria es aquel espacio en donde, por ejemplo, un gol se convierte en un golazo y una rumba se transforma en un rumbón inolvidable. Es así como Pixar apela a la nostalgia de la niñez para que sus espectadores desborden las salas de cine en 2018.
En la primera entrega observamos a Bob (Mr. Incredible) y Hellen Parr (Elastigirl) como los súper de closet que anhelan la gloria del pasado en contraste de la realidad del presente: una vida atrincherada a las obligaciones dependiente de un salario. Aun así, Mr. Incredible hace lo que debe hacer para mantener a su familia sin olvidar sus orígenes, sus poderes. Lo interesante de la secuela es el nuevo enfoque. Si bien Pixar nos tiene acostumbrados a que sus películas animadas tengan un mensaje para el público adulto, The Incredible 2 no olvida su procedencia, pero le permite al niño que no vio la primera entrega emocionarse como nosotros hace 14 años.

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