Se mantienen con las uñas

Foto: El Estímulo

21 días han transcurrido desde que las enfermeras alternan su jornada diaria con la protesta. Y es que el gremio de la salud no sólo tiene que combatir contra la insuficiencia de insumos médicos e instalaciones deplorables, sino que también contra salarios que no alcanzan para comprar un kilogramo de café. El último aumento de salario mínimo anunciado por Nicolás Maduro –el cuarto en seis meses– ni siquiera es una medida celebrable por el sector, pues la hiperinflación es un monstruo que no se combate con pistolas de agua. El aumento es una cachetada para el personal sanitario cuando se compara con los honorarios que recibe el sector castrense: en el país de los caudillos, portar armas está mejor remunerado que aplicar inyecciones. Un salario justo y equiparable al de los militares es la petición de un gremio que está en mengua y sobrevive –en algunos casos– gracias a la economía informal, pues tiene que recurrir a ella para sobrevivir y no abandonar su puesto de trabajo de forma permanente. La vocación es el motor para que se mantengan al servicio de un país que necesita más de quien salve a sus enfermos, que de una protección ante la dizque amenaza extranjera. La crisis empeora más rápido de lo que crece una bacteria y la petición básica es una: “Queremos el salario de los militares, la misma indexación. Nosotros salvamos vidas y este Gobierno lo que busca es que renunciemos en masa todas las enfermeras. Llevamos veinte días en conflicto y en ese tiempo no hemos recibido ni una sola llamada del Ministro de Salud, que todavía está buscando un hueco en su agenda para atendernos. A estas alturas, nos estamos preparando para ir a protestar directamente en el despacho de Maduro en Miraflores”, señaló Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas a ‘El País’ de Madrid. Ante ningún correctivo profundo del régimen, los hospitales de Venezuela se mantienen con las uñas.

 

Por JP

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