Soluciones de plastilina

Desde que Venezuela entró en un proceso hiperinflacionario en noviembre de 2017, la crisis económica se devoró (y devora) cada medida que implementó el Gobierno con el mismo ímpetu de un niño que se atraganta de chucherías. Ningún control de precios, aumento de salario mínimo ni bonos son correctivos suficientes para detener a un enfermo que necesita tratamiento clínico especializado en detrimento de las gotas mágicas que recetó la abuela. Si por el presidente Nicolás Maduro hubiese sido, Wolverine tendría garras de plastilina en vez de adamantium. La reconversión monetaria, que fue anunciada en marzo, y ya lleva dos prórrogas, es una medida cosmética según expertos en economía: “[La reconversión] Jamás va a bajar la inflación”, comentó el diputado a la Asamblea Nacional, José Guerra, en Twitter. “El cambio estético de la moneda no afectará de ninguna manera el crecimiento de los precios”, sentenció el equipo de Ecoanalítica en un análisis para Prodavinci. El nuevo cono monetario, que debe entrar en circulación el 20 de agosto, comprende una nueva familia de billetes (2; 5; 10; 100; 200 y 500) y la eliminación de cinco ceros al bolívar en vez de tres, como se había anuncia en marzo; es decir, el salario mínimo, que se ubica en Bs. 5.196.000, quedará en 51,96 bolívares soberanos. La convivencia de ambas familias de billetes sería tan complicada como leer un libro al revés, pero retirar de sopetón todos los billetes del cono actual produciría colas que, en comparación, harían ver como ínfimas a las que se hicieron para depositar el billete de 100 (de la familia de 2008) en diciembre de 2016; un billete que, cabe destacar, todavía tiene valor. La medida –que anclará el bolívar a una criptomoneda (el petro) que carece de transparencia y confianza– también conlleva a aumentos de precios, debido a que los servicios de bajo costo no podrán ser costeados, por lo que no habrá manera de cancelar la gasolina de 95 octanos, que pasará de Bs. 6 a 0,000006 bolívares soberanos. La devaluación has come.

 

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

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