Caracas se llena de perreras

FOTO: EFE

No solo los servicios básicos de electricidad y agua se han visto notablemente afectados en la Venezuela del 2018, sino también el transporte urbano y rural, por las malas políticas aplicadas en torno a las dificultades que tiene para operar y que no se han resuelto por la poca atención gubernamental.

El transporte público terrestre de Caracas ha venido presentado fallas en su funcionamiento desde el 2017, circunstancia dada al incrementarse una situación país que cada vez más impide el desarrollo social. Solo el 10% de las unidades de transporte están habilitadas para prestar servicio, según el presidente de la Central Única de Carros Libres y Por Puestos: José Luis Montoya.

Dayanes Suáres, habitante de El Junquito, tiene cinco horas en una larga y mal organizada fila, al igual que otras 400 personas. Todos tienen el mismo propósito: regresar a casa. Dayana aguarda bajo el sol de La Yaguara y confiesa que evita las perreras, si puede hacerlo. Muchos de los usuarios se refieren de esta forma a los vehículos que destinó para el transporte, como medida de contingencia, la alcaldesa del municipio Libertador de Caracas, Erika Farías. Buscando, de esta manera, mejorar un panorama en el que en promedio aparece un autobús cada dos horas y cuya tarifa está entre 15 y 30 mil bolívares en efectivo (0,004 centavos de dólar paralelo).

FOTO: Efecto Cocuyo

La alcaldesa anunció a través de su cuenta de Twitter, el 26 de noviembre del 2017, el implemento de esta “política pública”.  Los vehículos, que no cobran a los usuarios, tienen el nombre oficial de “cuadrilleras”: son de metal y están pintadas de blanco, con graffitis que o muestran el rostro de Chávez o el logo de la Alcaldía de El Libertador.

Manuela Bolívar, diputada opositora de la Asamblea Nacional y especializada en políticas públicas, consideró que con este servicio estatal se violentan los derechos fundamentales de los venezolanos. “El país tiene una industria de autoparques paralizada, por culpa del modelo comunista, no solo es un viraje económico sino también político”, opinó.

“Lo gratis sale caro”

Las personas ingresan al chasis o parte trasera del camión, el cual está techado y tiene dos asientos planos de lado y lado –que algunas veces quitan para tener más espacio–. No tiene barandas, ni verticales ni horizontales, de las cuales los pasajeros puedan sostenerse para lograr alguna estabilidad una vez iniciado el recorrido, que en la ruta La Yaguara-El Junquito está comprendida de una pendiente.

“Si eres alto, puedes con tu mano hacer presión en el techo para agarrar equilibrio, si alguien no alcanza entonces se aferra de alguien que sí”, expresa Suáres, profesora universitaria. Para anunciar la parada tienes que golpear la carrocería fuerte, para que el chófer atienda y se detenga. Miguel Vázquez, estudiante universitario,  confiesa que más de una decena de veces, al no hacerse escuchar por el conductor, lo han dejado hasta cinco kilómetros lejos de su vivienda.

Pasa una hora y ya las cinco de la tarde impacienta a muchos que ahora ocupan en su totalidad los dos canales de la calle: ningún carro se puede estacionar. Ya en la acera de toda una cuadra no hay espacios para nadie más. Un señor sentado encima de una lámina de cartón grita: “¿Y nos piensan tener aquí hasta las seis de la tarde como ayer?”. Su reclamo va dirigido a los operadores del Metrobús de Caracas, a cargo del proyecto de emergencia (o “proyecto perreras”), que se ubican diariamente del otro lado de la Calle Principal de La Yaguara.

La fila de personas es un orden que dura hasta que finalmente llega una perrera: todos corren incluso antes de que se estacione. Suben lo más jóvenes, adolescentes con uniformes escolares; le siguen los hombres, hay uno que carga una bombona de gas y otro que se monta con una bicicleta. Pocas mujeres y ancianos pueden imitar los saltos de los más fuertes. En un espacio de tres metros de largo por tres de ancho, apróximamente, hay más de 60 usuarios. Dos militares, con cara de fastidio y chorreando sudor, intentan poner orden. Tienen tanto éxito como Nicolás Maduro garantizando un país potencia.

Autoridades hacen caso omiso

La inspectora y jefe del turno tarde-noche de la medida de contingencia, Alen Vargas, declaró que en un principio les otorgaron 20 unidades, pero que ahora solo tienen nueve: insuficientes para cubrir la demanda. Las 11 restantes las reubicaron en otras zonas donde, según Vargas, “hacían más falta”. Es probable que las 400 personas que hacían cola en La Yaguara tengan otra opinión.

Foto: Radio Fe y Alegría

Para no dejar tan descompensada la mencionada ruta, se propuso reemplazar a las perreras por metrobuses. Esto fue rechazado: la Alcaldía alegó que hay déficit de metrobuses.

La realidad está plagada de anarquía, irrespeto y violencia. “Uno quiere hacer el trabajo bien, pero los usuarios son muy salvajes, yo he visto de todo aquí”, anunció Vargas. “Las lista de horrores”, como le llama, va desde gente que permanece en los estribos del camión hasta una señora de 87 años que se cayó en la vía y se fracturó el fémur. El sistema Metro de Caracas, según la inspectora, cubrió con la mitad de los gastos de la anciana: una víctima más de la “medida de contingencia”. Otros usuarios aclaran que ha habido más accidentes.

Vargas también compartió que, cuando los ciudadanos empiezan a insultar a los trabajadores e intentan formar una protesta, ella pasa de inspectora a verdugo: tarda en autorizar la puesta en servicio de los vehículos. Es un castigo que utiliza cuando las quejas superan su paciencia. “A cada momento fastidio para que venga la Policía y me ayude con esto que es muy difícil, pero siempre llegan tarde”, confesó.

No hay ruedas para tantos

Ya a las seis de la tarde todas las cuadrilleras van vía El Junquito. No hay más hasta dentro de una hora, que es lo que suele durar en promedio el viaje.

De repente, un camión de construcción, expuesto y sin jaulas irrumpe en medio de la carretera. Un chamo, con la ropa más sucia que los indigentes del Guaire, grita desde la parte trasera del vehículo: “A cuatro mil bolos y se montan”. En menos de dos minutos, un enjambre de 30 adultos –entre ellos una mujer embarazada– lo acometen como abejas sobre un mango podrido.

Si son las ocho de la noche y aún quedan personas esperando llegar a El Junquito, se habilitan unidades de la Guardia Nacional Bolivariana hasta agotar la demanda. Una hora y media dura el proceso. Una medida de contingencia sobre otra medida de contingencia.

FOTO: Venezuela al día

Hay más rutas

Carlos Julio Rojas, integrante de la organización no gubernamental, Caracas Ciudad Plural, recordó que en el estado Carabobo dos señoras sufrieron lesiones dentro de las perreras. Aseguró que hay una total indiferencia que permite que proliferen estos camiones, sin ningún tipo de regulaciones, vigilancia o monitoreo por parte de las autoridades del Ministerio del Transporte o el Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTT).

Informó que la ONG, en 2014, protestó frente al El Ministerio de Transporte junto con la Federación de Centros Universitarios de la UCV. La acción invitaba a la creación de mesas de trabajos, precisamente para evitar que la sociedad caraqueña llegase a un punto de inflexión con respecto a la movilidad urbana. La propuesta no se materializó.

Desde Petare, a poca distancia de su estación de Metro, hay paradas improvisadas donde las “cochineras” –el sustantivo cambia con la zona– ofrecen llevar a los que esperan por cualquier cosa que ruede para que los acerquen a los barrios donde residen. San Isidro es una de las rutas. “Nos tratan como ganados”, se quejó Graciela Peña, vecina de la comunidad. “Nos maltratan y no nos dejan pagar el pasaje preferencial”, agregó un estudiante de bachillerato.

Aquí aparecen camiones modelo 350 y 750, para el transporte de materiales de construcción o animales, usados para contener arena o gallinas. Están sucios y son muy demandados. La crisis de transporte público afecta más a las zonas rurales de la capital y hay quienes se aprovechan de la situación, cobran entre 20 mil y 30 mil bolívares, en efectivo y por encima de la tarifa establecida de 15 mil bolívares. “Son unos abusadores, y eso que son gente que vive al lado de uno y te saludan todos los días”, añadió una maestra del Banco de la Mujer, que prefirió no revelar su identidad.

Los lugareños no han protestado o denunciado esta modalidad de viaje en ninguna instancia. Creen que con eso no se logra nada y se pierde tiempo. “El gobierno nunca hará nada”, gritó un buhonero desde su puesto de trabajo.

Dos señoras en la cola de la ruta para San Isidro tomaban el asunto con humor, al compararse en el viaje con sardinas en latas. Lo que es una referencia del nivel de hacinamiento que padecen.

En Petare no hay fiscales de tránsito y el uso de una grúa para estos fines ya ha sido institucionalizado. Su chófer dice ayudar con la crisis del sector automotriz y, al mismo tiempo, tener ingresos económicos extras.

En la zona de Los Chaguaramos, el Metrobús comparte el sitio de espera con las “chivas”, pero hay usuarios que se niegan a optar por ellas, prefieren caminar. En el barrio La Vega y El Valle se ha replicado ese transporte alternativo.

Sin contacto

Funcionaros del Ministerio de Transporte y del INTT tienen prohibido dar declaraciones sobre esta problemática, alegan que sus autoridades dentro de la institución no se lo permiten. “No está el que sí puede hablar”, se excusa en cuatro oportunidades un trabajador mediante la línea telefónica del Departamento de Control Urbano de la Alcaldía en Libertador, Caracas.

Manuela Bolívar dice que no hay posibilidad de mejorar el sistema urbano a corto plazo, pues se requiere mucha inversión y ayuda de entes internacionales para ello. Mientras desde Petare hasta La Yaguara el caraqueño solo espera por algo que ruede. Lo que sea. Así vayan y sean tratados como perros, cochinos o chivos. Caracas es ahora una ciudad que va en la parte trasera de un camión, quién sabe adónde.

 

Por Otto Michelena

Deja tu comentario

You May Also Like