RESEÑA: La conspiración de los 12 golpes – Thays Peñalver

“Comandante” o “Supremo” fueron apodos que el único inmortal que se murió jamás se imaginó llevar cuando, siendo un joven militar, “fue despedido del batallón de comunicaciones, despedido de la cocina, de los blindados y de la dirección de personal de cuartel”; un joven que, incluso, pretendió abandonar la academia castrense en detrimento de la Ingeniería. El mito –que él mismo construyó en sus alocuciones en su programa, Aló Presidente– fue desmontado gracias a la precisión de un cirujano plástico y a la paciencia budista que tuvo Thays Peñalver, autora de La conspiración de los 12 golpes, para detectar el perfil de un hombre que tuvo una formación militar limitada, pero que fue maestro en la improvisación y el escapismo: “Si hay algo que no se podrá negar jamás es la extraordinaria habilidad de Hugo para convertir sus arrebatos irresponsables en gestas heroicas”. En el fondo, Thays Peñalver no sólo permite al lector descubrir un perfil oculto por la inmensa propaganda oficialista, sino también expone la ineficiencia y deslealtad del stablishment político de 1998, que no supo frenar a un candidato golpista que, sin realizar mayores esfuerzos de campaña, ganó votos gracias al juego sucio de sus contrincantes. La conspiración de los 12 golpes es un libro, también, de las Fuerzas Armadas, que históricamente han pretendido ostentar el poder en nuestro país cada vez que un civil se encuentra en la silla presidencial, pese a que a lo largo de la historia han sido el sector que, aun hoy, percibe un porcentaje alto en la repartición del presupuesto nacional. Su lectura –en tiempos de revolución, escasez y Socialismo del siglo XXI– forma parte de una perspectiva distinta a la que la cúpula pretende implantar, en la que la lealtad es mejor recompensada que el mérito y en dónde la ambición de poder castrense se exhibe como quien habla mostrando los dientes después de haber utilizado brakets. La conspiración de los 12 golpes es, en esencia, un libro que muestra las costuras de un país dizque preparado para un conflicto bélico, pero que apenas “estallar la Segunda Guerra Mundial tenía un crucero en dique seco”.

 

Por Juan Pablo Chourio |

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