RESEÑA – Sense8 (serie más capítulo final)

“¿Pero es que no hay nadie feo en esa serie?”, pregunté a una de las amigas que me había recomendado Sense8. Acababa de finalizar la segunda temporada y mi duda, claro, hacía alusión a lo que al final terminó siendo una de mis críticas a la serie: el exceso de guapura, de rostros artificiales, de gente con una piel demasiado cuidada en contextos en donde la resequedad sería lo más normal. Eso no impidió, debo decir, que me enganchara con esta hermosa –y técnicamente ambiciosa– producción de las hermanas Wachowski. La serie narra un mundo donde cada tanto ocho personas que nacen el mismo día, en diferentes lugares del planeta, comparten una conexión que les permitirá ser uno con sus “hermanos”. Así, un policía estadounidense puede expresarse a millones de kilómetros de distancia a través del cuerpo de la hija de un empresario surcoreano, mientras disfruta de la sensación de un masaje que está recibiendo un actor mexicano en su país natal.

Lo sé: no tiene sentido tratar de comprenderlo.

La única forma de hacerse una idea de cómo funciona esto es viendo la serie. Y he ahí uno de los logros de las Wachowski: construir una realidad absolutamente verosímil, que se explica a sí misma indistintamente de si se comprenden o no las teorías típicas de la ciencia ficción. Y no solo eso, sino que la estructura narrativa está tan bien lograda, que podemos seguir las vicisitudes de ocho protagonistas –aunque es cierto que no todos tienen la misma relevancia simbólica– sin extraviarnos en los vericuetos de la historia. El acierto en el guion es notable, pero nada supera lo hecho con la cámara: las escenas son verdaderas coreografías en las que una misma persona es ocho en realidad; y nunca, pero nunca, nos confundimos, sino que, por el contrario, quedamos boquiabiertos ante la mezcolanza de personajes y situaciones.

Sense8 es una serie cuchi, con grandes logros de producción (es una de las más costosas de Netflix), llena de momentos edulcorados y que pretende transmitir un mensaje que se dice con claridad en uno de los parlamentos: “El amor es un puente y no un muro”. Por eso no duda en mostrar, con naturalidad, la diversidad sexual del mundo a través de personajes cuyos dramas, al saberse sensate, recuerdan por momentos a los de una telenovela que bien podría hacer llorar a los X-Men.

“—Ellos te tienen miedo y te lastimarán si se enteran de lo que eres

—¿Qué soy?

—El futuro.”

Tras dos temporadas que lograron un importante alcance entre algún público, la serie fue cancelada debido al alto costo. Alguien debió prever que eso sucedería: grabar en ocho puntos distintos del globo terráqueo no es nada barato. Los dolientes mostraron su indignación ante el anuncio y, como respuesta, Nextflix y las Wachowski decidieron hacer un capítulo final que durase más de dos horas.

El cierre estuvo destinado a la complacencia. Se regodeó en los elementos que más aceptación causaron en la serie –haciendo un buen uso de la elipsis– y mostró un desarrollo no demasiado dramático y poco irreverente. Como si no se quisiese herir más a ningún fan (ya era suficiente con cancelar la serie, ¿no?). Por esto, a mi parecer, el final estuvo bastante por debajo de lo hecho en las dos únicas temporadas, aunque vale acotar que los golazos técnicos y las tomas impresionantes se mantuvieron.

En general, es una serie que recomiendo bastante. Con la que es fácil sorprenderse y emocionarse. El guion está lleno de frases hermosas y coquetea con dramas cotidianos. Me decepcionó, eso sí, que toda la serie estuviese filmada en inglés: esperaba que cada personaje hablase en su lengua materna. Asimismo, como ya transmití, me resultó un poco artificial la apariencia de los mismos: todos son estéticamente perfectos hasta en sus peores horas. Nadie es feo, ni desarreglado: parece un Instagram interactivo. Y, por último, debo decir que por instantes se rozan los lugares comunes. Algo que se ve muy marcado en la primera temporada, pero que en el capítulo final pudiese resultar demasiado desagradable para quien lo viera sin estar previamente enamorado de la historia.

De ahí en más, debo decir que disfruté bastante con esta realización.

“¿Pero es que no hay nadie feo en esa serie?”, pregunté. “Es que si fuese de otro modo, las escenas de sexo no se vieran tan arrechísimas”, me respondieron.

PD: quiero ser como Sun Bak cuando sea grande.

 

Por Lizandro Samuel | @LizandroSamuel

Deja tu comentario

You May Also Like