El victimismo del régimen

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Marca de la casa, muletilla familiar, sello institucional: la epopeya es una de las composiciones literarias que más le gusta al régimen. Fue gracias al poder de la oratoria que el único inmortal que se murió logró convertir sus arrebatos irresponsables en gestas heroicas, tal como dice Thays Peñalver. Y es que las causas del incidente del sábado 4 de agosto (un supuesto atentado durante el acto presidencial), tal como las del apagón en pleno Congreso del PSUV en el Hotel Alba, o las de la escasez de comida, el oficialismo las enmarca dentro de la misma narrativa bélica: saboteadores contratados por el Imperio-Uribe-Ultraderecha pretenden arruinar “la revolución”.

Uno de los principales objetivos del régimen, una vez se asentó en el poder hace 20 años, fue construir una hegemonía comunicacional que pudiera contar, a través de medios oficiales, la verdad que ellos querían difundir. Es así como el control de la comunicación fue total hasta el punto que los ancianos aprendieron a utilizar Twitter y luego Instagram para, a veces, (mal) enterarse de lo que sucede en Venezuela.

Pero la realidad superó a la epopeya bolivariana y el cuento de la guerra económica no se cree con el estómago vacío. El discurso oficialista –ese victimismo que convierte al régimen en el David que vence a Goliat, pero le gusta pasar roncha– no calza con el hecho de que un Mayor General es ministro de Energía Eléctrica y aun así, según el Gobierno, ocurren “sabotajes” a cada rato.

La pirámide de naipes construida con cartas se derrumbó por el peso de la realidad; sin embargo, la manera de informarse cambió de manera radical en Venezuela. De encender la televisión para consumir las noticias, se pasó al mensaje que envían desde el grupo de WhatsApp. Ante la falta de oportunidad para consumir información verídica por parte de los medios tradicionales, estas cadenas –que constituyen una forma de tergiversación por sí mismas– generan zozobra hasta en el pana que se fue a Francia hace cinco años, pero tiene la jerga criolla actualizada.

El antagonismo invade las charlas acerca de política. Y es que mientras unos miran al régimen  como una cúpula tan indestructible como el martillo de Thor, capaz de simular una explosión y ensayar que militares rompan filas y corran despavoridos, otros piensan en el intervencionismo extranjero. El chavismo hizo escasear la credibilidad, pero abunda el rumor que motiva (si es que todavía se puede) las compras nerviosas.

La falta de confianza y credibilidad ante cualquier suceso que aqueja a la sociedad impulsan más teorías que el final de Game Of Thrones. La (des)información en tiempos de revolución, y redes sociales, es tan invasiva como personas hay en el Metro en hora pico. La misión, para quienes escribimos, y para quienes leen, es tener un OJO crítico como el de un cirujano y la virtud de la pausa: masticar es mejor que atragantarse.

Por Juan Pablo Chourio | @JuanPa_Ch

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