Jardín Botánico en peligro de extinción

En 1945 comenzaron las gestiones para la creación del que es en la actualidad uno de los dos jardines botánicos –en todo el mundo– en ser declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fundado por el Doctor Tobías Lasser en 1958, y con 70 hectáreas de extensión, el Jardín Botánico de Caracas (JBC) es considerado el segundo pulmón natural de la capital, además de ser la mayor reserva de flora tropical del país. La institución ha sido referente internacional por preservar alrededor de 2500 especies vegetales, algunas autóctonas y otras provenientes de Centroamérica, Oceanía, África y Asia.

Pero el Jardín Botánico no solo alberga árboles místicos, gruesos cactus y flores llamativas, en sus instalaciones acobija al Herbario Nacional –que posee 450 mil muestras de plantas– y a la Biblioteca Henri Pittier, en cuyos estantes reposan libros del siglo XVIII. Los tres entes están agrupados bajo la figura de Instituto Experimental Jardín Botánico Dr. Tobías Lasser, cuya tutela es de la UCV.

El museo ecológico está ubicado al lado de la entrada universitaria Tamanaco, dirección Plaza Venezuela. Su colina da al norte con las comunidades San Agustín y La Charneca, lo que ha forjado una relación bosquebarrio por décadas que, según autoridades, no ha sido del todo buena. Pero más allá de lo que puedan hacer o no estos vecinos, existen problemas mayores que, si no se atienden a tiempo, serán como aquel gusano que devora al chaguaramo lentamente hasta acabar con él y dejarlo muerto de pie… Hasta dejar un patrimonio marchito.

A un año del 2017: la fase cero

En abril del año pasado al JBC le fue removida la custodia de la Guardia Nacional Bolivariana, presuntamente para cumplir funciones de control público. Al estar el jardín completamente desprotegido fue blanco de masivos robos que ocurrieron de manera sucesiva; hurtaron desde lápices y engrapadoras, hasta computadoras, sillas, lámparas, escritorios, impresoras, scanner, vigas, aires acondicionados, piezas sanitarias, colecciones vegetales, herramientas científicas y de jardinería y hasta vehículos fueron desvalijados.

Acceso bloqueado del auditorio del edificio principal Salón adyacente al auditorio
del edificio principal.

 

Lo más grave del saqueo fue la sustracción y pérdida total del cableado eléctrico, aún no repuesto por falta de presupuesto. La directora del instituto en ese entonces, Ana Herrera, denunció –a través de distintos medios– un ataque sistemático contra el patrimonio natural.

A falta de electricidad en la actualidad, funcionarios de la Guardia del Pueblo –vigilancia restituida en diciembre pasado– se las han ingeniado con un fogón improvisado –un recipiente con gasolina y madera puesto en el suelo con una plancha oxidada encima– para cocinar por las noches, además de armar varios mechuzos para iluminar algunas áreas.

Fogón improvisado utilizado por La Guardia del Pueblo para cocinar.

El auditorio del edificio principal –con aforo de 350 asientos–  no ha sido utilizado desde los hurtos. Los baños no están aptos para el aseo humano y ya no existen las duchas para los jardineros, el orquideario fue desmantelado y la mayoría de los equipos resguardados fuera del JBC no han sido restablecidos por miedo a nuevos robos.

La Guardería Ambiental quedó en ruinas al igual que los galpones de los obreros, en cuyas paredes curtidas se lee dos veces “este galpón ya fue saqueado”, graffiteado con pintura roja.

En 18 años de experiencia profesional en el instituto botánico, Neida Avendaño, curadora principal del Herbario Nacional, declaró nunca haber vivido una situación tan crítica, con un nivel de destrucción tan grande. “Aquí no hay luz, solo se puede hacer el trabajo manual”, expresó. El horario de trabajo de todo el personal pasó de ser el habitual a tener el carácter de ‘emergencia’, ahora se labora solo en las mañanas, obligando a continuar los deberes en casa.

En 2017 se sembró ausencia de funcionarios de seguridad y se cosechó –de manera abundante– saqueos, de los que un año después el Jardín Botánico no se recupera.

Galpón de descanso para obreros y jardineros, saqueado.

Inventario de arbitrariedades  

Algunos habitantes de los barrios La Charneca y San Agustín no han encontrado la mejor manera de compartir la montaña con el Jardín Botánico de Caracas y de coexistir respetando las reglas y normas del área de conservación.

Aunque el director encargado de jardinería, Jean Tillet, no catalogó como mala la relación con estas zonas populares, reconoció que ocurren con frecuencia ciertos tipos de abusos; como la existencia de puertas en la cerca colindante para tomar atajos, o la instalación de pequeños conucos de plantas aromáticas, de aguacate o de sábila, que propician la deforestación de la superficie protegida para sembrar vegetación ajena al jardín.

“Muchísima de la basura como línea blanca desechada y escombros diarios han terminado del lado del Jardín Botánico… El cerro está tachonado de basura de décadas que no se ve porque hay un bosque encima”, confesó Tillet. Al tiempo que también admitió que no hay políticas persistentes con esas comunidades para concienciar sobre la mala práctica.

El sargento mayor en jefe de la Guardia del Pueblo, Yorfran Rodríguez, que custodia el parque agregó que han encontrado personas aseándose dentro de los tanques que se ubican en la colina y que surten con agua al Hospital Universitario.

Una realidad de anarquía que fue ratificada por el director del Instituto JBC, Mauricio Krivoy, que a su vez denunció que en el territorio del patrimonio natural hay una invasión de un par de viviendas, a pocos metros de un cuartel de la Organización Nacional Antidrogas. Lo han informado a las autoridades más de una vez: no han hecho nada.

Invernadero en total abandono.

El presupuesto no alcanza

Gladys Vergel, administradora de la institución, aclaró que el pago del sueldo de los 80 trabajadores del jardín lo hace directamente la OPSU. El Vicerrectorado Administrativo de la UCV les asigna 200 millones de bolívares anuales (40 dólares paralelos) para cubrir costos de mantenimientos, reparaciones de infraestructura, así como cualquier adquisición de nuevas herramientas, lo cual resulta tremendamente irrisorio. “En un día se nos puede ir todo el dinero en la compra de una podadora”, lamentó.

La entrada general al recinto cuesta 500 Bs. (0,0001 dólar paralelo). En efectivo, porque la excesiva burocracia impide la instalación de un punto de venta. El precio no ha sido aumentando, pues la autoridades consideran que aún no tienen un Jardín Botánico a la altura de un mayor costo.

En comparación, el presupuesto del Real Jardín Botánico de Kew, Reino Unido, el único que comparte junto con el de Caracas el título de Patrimonio de la Humanidad, tuvo un presupuesto de 65 millones de euros para el 2016, según una nota del diario ABC. De los cuales el gobierno británico aportó 25 millones, lo restante fue recolectado gracias a donaciones y al millón de turistas que lo visitó ese año.

En cambio, del este lado del mundo: “no hay dinero”. Eso es lo que dicen las autoridades para responder a las problemáticas visibles del Jardín Botánico de Caracas: como el reforzamiento con alambres de púas de la cerca fronteriza con la autopista para evitar robos, o la compra de agroquímicos y pesticidas que combatan los hongos y gusanos que están exterminando la colección de palmeras –que era una de las más grandes de Latinoamérica–.

La Dirección del instituto ha esquivado la extinción del parque al recibir la ayuda de empresas y particulares, que han donado desde guantes y bolsas de basura hasta cisternas para mantener con agua a algunas áreas. “Ya le hemos metidos 200 mil litros de agua donadas a la Laguna Venezuela gracias a la empresa privada”, comunicó Krivoy. Regularmente dos o tres sábados al mes hay voluntariado.

Palmeras taladas que obstaculizan el camino
principal del jardín. Muertas a causa de hongos y gusanos.

Contactos e influencias                   

El 18 de abril una comisión de la Misión Árbol encabezada por su presidente, Henryck Rangel, visitó el JBC, así se anunció a través de la cuenta oficial en twitter @fundamiarbol. Asimismo, el 23 de abril un representante de la OPSU –que se negó a dar declaraciones al no estar autorizado– también inspeccionó el patrimonio. Ambas visitas con el motivo de tomar acciones y solucionar los problemas que azotan como plaga al reservorio natural.

Estas son las dos visitas oficiales gubernamentales en más de un año que ha tenido el JBC, a pesar de que en el 2017 se solicitaran formalmente más de una veintena de veces. Krivoy confesó que ambos encuentros con el Estado se lograron gracias a movimientos realizados por “debajo de cuerdas” y el cobro de deudas acumuladas en los 18 años que estuvo al frente del Centro Médico de Caracas.

Hasta la fecha ninguno de los dos entes ha actuado significativamente en la recuperación del Jardín Botánico.

Guardería Ambiental en
pérdida total.

FUTURO

El jardín botánico ha mejorado notablemente gracias a la presencia de funcionarios de seguridad y actividades de voluntariado. Luego del ‘año cero 2017’ los trabajadores no conciben una situación peor, han salido de un hueco que casi los lleva a renunciar, afirman.

La dirección del instituto planea desarrollar una campaña de recaudación de fondos, una ciclovía, la recuperación de una segunda laguna, la construcción de una nueva Guardería Ambiental, el restablecimiento de la energía eléctrica, la sustitución de las viejas tuberías de agua y alianzas con centros internacionales para continuar con investigación vegetal… pero una cosa queda claro: sin recursos no hay paraíso.

 

 

 

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