Reds, romance y revolución en 1917

Warren Beatty presentó Reds en 1981, trabajo cinematográfico que supuso un verdadero reto para su realización no sólo por todo el esfuerzo técnico, artístico y actoral que conlleva hacer una película con pretensiones históricas, sino, también, por el contexto político en el que fue lanzada: la tensión global ante el ocaso del bolchevismo, que terminó con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Aunque la Guerra Fría determinó, en gran medida, la cultura popular durante la segunda mitad del siglo XX, con esta película no se intentó criticar banalmente al comunismo, al contrario, se buscó revivir la Revolución Rusa en una mirada en retrospectiva para recordar su impacto.

En líneas generales, el guion nos cuenta la historia de John Reed, un periodista socialista que vive en los Estados Unidos y se enamora de Louise Bryant, de esa misma ideología. Ambos se van a vivir a Rusia en 1917 y forman parte de la Revolución Bolchevique que lleva a Vladimir Lenin al poder. Luego regresan a los Estados Unidos pero el gobierno conservador del demócrata Woodrow Wilson los persigue. En una misión para conseguir el reconocimiento de su partido por parte de la Unión Soviética, Reed abandona Nueva York y se va Petrogrado, en medio de un escenario que contextualiza la convulsa situación frente a la Primera Guerra Mundial y el nacimiento de la URSS.

La película está protagonizada por Warren Beatty como John Reed y Diane Keaton como Louise Bryant, y con ellos un elenco de importantes figuras de la actuación, entre quienes destacan: Jack Nicholson, Paul Sorvino, Maureen Stapleton y Edward Herrmann. Está inspirada en la vida del periodista John Reed y su esposa, fue estrenada en 1981 y obtuvo tres galardones de la Academia. Es una historia de amor y drama, acompañada de elementos históricos y de las ideas políticas que se enfrentaron en el mundo durante el siglo pasado, reflejando una clara crítica al tiempo en el que se estrenó: el fin de la Guerra Fría.

Reds y la historia

El estallido de la Revolución de Octubre, donde Lenin tomó el poder con los bolcheviques, irradió al mundo en todos los sentidos y eso puede verse representado en el largometraje. Las causas del acto revolucionario dentro de la trama apuntan a que el gobierno de Alexander Kerensky no acabó con la guerra ni con el hambre, posición que concuerda con las nociones que muchos historiadores señalan en trabajos sobre la temática. Dentro del film podemos apreciar la aparición de personajes históricos como Lenin, León Trotsky y el burócrata Grigori Zinóviev, que jugaron un papel importante en el hecho histórico real. La entrada de los bolcheviques al Palacio de Invierno –antigua residencia de los zares, que era utilizado por Kerensky como sede gubernamental– es recreada en su totalidad por la película, lo que le da al film un valor histórico para comprender esa revolución.

Hablar de la existencia de un partido comunista en los Estados Unidos pareciera imposible, por lo que consideramos que constituye uno de los motivos que movieron Beatty para realizar la cinta. Otro elemento histórico es la campaña presidencial de 1916 presentada a través de las escenas donde se discute sobre los candidatos Woodrow Wilson, demócrata; y Charles Evans Hughes, republicano, y su posición ante la contienda bélica que se libraba en Europa.

A pesar de que la película no menciona nada relativo a Joseph Stalin ni sobre el sistema que se implantó Rusia después de la muerte de Lenin, sí suelta algunas pistas sobre la desviación de los aparentes ideales revolucionarios, cosa que podemos apreciar en la discusión que tienen Reed y Zinóviev, cuando este último cambia la traducción de una frase escrita por el periodista en su alocución en el I Congreso de los Pueblos del Este en Bakú. La burocracia estatal, las purgas y la disidencia de la revolución son mostradas al final del largometraje, sobre todo con el personaje de Emma Goldman (Maureen Stapleton).

Más que una crítica

La película constituye una evidente crítica al comunismo soviético. Pero no es una crítica banal, propagandística, que busca exaltar un sistema por encima del otro. No. Es una detracción desde la historia, de lo desvirtuado que terminaron siendo los ideales puestos en práctica a partir de 1917. Es importante comprender estas nociones dentro del momento histórico en el que la película fue lanzada y el impacto que trajo para la opinión pública.

Reds desmantela la idea de que en los Estados Unidos nunca existieron movimientos de izquierda revolucionaria, pues exhibe cómo la irradiación de la Revolución Bolchevique impregnó a la sociedad estadounidense y la manera en que esta reaccionó ante la posibilidad de una revolución socialista que era inviable por las circunstancias que acompañaron al movimiento obrero americano. Es una película que evoca a la historia en todos los sentidos, pero esto no quiere decir que sea un documental exacto: es una producción de entretenimiento con especificidades y carencias históricas como cualquier otra cinta sobre épocas pasadas. La exactitud de los acontecimientos históricos jamás será conseguida en un film, pues el cine siempre tendrá algo de ficción por más real que intente parecer.

 

Por Jesús Piñero | @jesus_pinero

Deja tu comentario

You May Also Like