La decadencia del Teatro Teresa Carreño

Foto: José Gregorio Ferrer

El principal Complejo Cultural del país, y uno de los teatros más importantes de América Latina,  bajó el telón y tiene un año sin realizar  presentaciones en sus famosas salas: la Ríos Reyna y la José Félix Ribas. La situación del país hunde al teatro Teresa Carreño en la sombra; por lo que ahora, la función no puede continuar.

Los protagonistas del Teresa Carreño hoy son distintos: la oscuridad es la reina de los pasillos que solo se iluminan con los rayos de sol que entran del exterior; las jardinerías perdieron su color verdoso, ahora están descoloridas; el piso está cubierto por una gran capa de polvo, ya no brilla como antes; los robos son los antihéroes y el abandono, el tema central.

A 35 años de fundación, la época dorada del teatro quedó atrás. El deterioro lleva años acumulándose y se intensificó desde que el gobierno de Nicolás Maduro ordenó su intervención en 2014 y nombró a una junta interventora que estaría a cargo del teatro solo por seis meses, con la finalidad de hacer una reestructuración. Sin embargo, la realidad es que a cinco años de eso la junta sigue allí y no hay rastro de que se haya hecho mantenimiento a las instalaciones; por el contrario, la política de mantenimiento que existía desapareció.

La mala gestión: la obra más exitosa

“No hay una política de mantenimiento sino que de repente viene el presidente y  manda a pintar una pared o a limpiar. Anteriormente había una gerencia de mantenimiento que se encargaba de esas cosas. Pero desde la llegada de la junta interventora el lema es como vaya viniendo vamos viendo”, expresó el  historiador, investigador y director del Centro de Documentación y Archivo del Teatro Teresa Carreño, Jesús  Gutiérrez.

En noviembre de 2014, el presidente de la junta interventora, Gustavo Arreaza, manifestó en una entrevista para el Correo del Orinoco que se realizaría una rehabilitación integral de toda la institución: “La junta se ha dedicado a recuperar las salas y los espacios que rodean al edificio .El presidente Maduro nos pidió que se levantaran los diagnósticos para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y al mismo tiempo rehabilitar integralmente la estructura”.

Sin embargo, la renovación nunca se realizó, basta con caminar por los pasillos que están sucios, oscuros y manchados. Incluso sin entrar, la decadencia de los jardines, de esa integración con el Parque los Caobos, con la fachada de concreto y naturaleza que desde su fundación caracterizó la edificación, se ha perdido: Los jardines, no existen, dejaron que se convirtieran  en basurero, ahorita no hay nada”, manifestó Gutiérrez.

Las taquillas del teatro ya no tienen programación que ofrecer, los baños están cerrados por la falta de agua, luz y continuos robos y las veces que los habilitan permanecen en muy mal estado. “El plan de gestión de la junta han sido puras declaraciones, nunca se llevó a cabo nada, era puro papeleo y la realidad lo demuestra”, dijo el historiador. Pero el cambio notorio que sí realizó la directiva del segundo teatro más importante de América del Sur fue la programación: sustituyó  los espectáculos culturales por actos de un partido político.

“El poco mantenimiento realizado en los últimos cuatro años son pañitos calientes, lo hacen cuando hay grandes eventos políticos para que funcionen medianamente mientras estos duren. Pero el mantenimiento para una estructura como esta tiene que ser permanente, como antes. Ahorita existe una coordinación que en teoría debe encargarse de eso pero no tiene recursos, y es como si no existiera”, declaró Gutiérrez.

Cristian Hernández – Climax

Sin funciones no hay ingresos

Parte importante de los ingresos del teatro que servían para su mantenimiento provenían  de las funciones que se realizaban  en la sala Ríos Reyna y la José Félix Ribas. Pero la falta de mantenimiento del aire de Parque Central que surte el aire acondicionado ha causado que las salas, que en un tiempo albergaron más de 1.900 eventos entre internacionales y nacionales, tengan un año cerradas.

“Los recursos económicos provienen, mayormente, de dos fuentes básicas: lo que asigna el Ministerio de Cultura y los ingresos propios. Pero, ¿qué pasa?, no hay programación y  por lo tanto no hay ingresos. Es  un ciclo: si no se generan ingresos, no se puede hacer mantenimiento y tener las condiciones adecuadas; y si deja de funcionar… ¿de dónde se obtienen esos recursos económicos?”, declaró el también profesor de historia, Jesús Gutiérrez.

 “El teatro va a estar en mes y medio entre los cinco mejores del mundo, se harán otros cambios como la iluminación de las salas con luces led y el reemplazo de las butacas”, fue la promesa de Arreaza en 2016, pero la realidad es que nunca llegó luz nueva al teatro. Cuando aún las salas estaban en funcionamiento, Jonitza Castillo,  estudiante de la escuela de música José Ángel Lamas, se presentó con la Ópera del Teresa Carreño en la sala Ríos Reyna, en unas condiciones que no eran las adecuadas: “Las salas de ensayos estaban muy oscuras, a mis compañeros y a mí se nos dificultaba la lectura de las partituras”.

La política debe continuar

Las entradas por taquillas representaban un ingreso importante para el teatro; pero el deterioro, las malas condiciones y la escasa gestión han ahuyentado a los mejores representantes artísticos. A eso se suma la mala reputación que ganó el teatro por incumplir con las fechas debido a las constantes cancelaciones por eventos políticos que siempre tienen prioridad.  “Los artistas solicitaban la reserva de las salas, se daba la fecha y ¿qué pasaba?, llegaba una solicitud del presidente, y tenía que cambiarse la fecha o cancelarla”, dijo Gutiérrez.

“No, nunca ha habido interrupción de ningún espectáculo por actos oficiales. La Ríos Reyna no quedó para esos eventos”, declaró el presidente del Teresa Carreño a Contrapunto. Sin embargo, Gutiérrez resalta que si la directiva se negaba a cancelarle a los artistas que ya habían reservado, se jugaban su puesto de trabajo: “Si decían que no, les cortaban la cabeza. Entonces esto llevó a que muchos artistas no se presentaran aquí porque el teatro se había ganado la fama de que no cumplía. Claro, eso no sale en la prensa, eso no se dice”.

La actualidad es diferente a los mejores años del teatro donde la política no entraba en los recintos culturales. Leonardo Azparren, ex director del teatro desde 1995 hasta 1999, declaró que durante sus años de gestión no se realizaron actos favorables a partidos políticos: “Estas instituciones no deben contaminarse de esa manera. Es oportunismo político porque el Estado no tiene un espacio para esos eventos”.

Obra estelar: el abandono

Los pasillos en los que intentan hacer vida las pocas personas que aún visitan el teatro, están desolados y oscuros, y allí el hampa es el nuevo personaje que protagoniza la obra con función permanente llamada: inseguridad. Apenas un pequeño grupo de vigilantes se concentran en el lobby del teatro, desde donde tienen una visibilidad reducida y regalan a los amantes de lo ajeno el resto de los más de veinte mil metros que ocupa el teatro más importante del país.

Músicos, cantantes, bailarines, actores y distintos artistas optan por ensayar en otros lugares por miedo a ser víctimas del hampa. De acuerdo con Gutiérrez, son pocas las agrupaciones que aún se mantienen en el teatro: “Se fue la Orquesta Filarmónica de Caracas, la Orquesta Simón Bolívar, Danza Hoy, el Coro Simón Bolívar,  la sede la  Organización Nacional de Teatro, la Compañía Nacional de Música… solo quedan la Compañía  Nacional de Ballet que es un esqueleto y agrupaciones independientes“.

Esta situación cambia totalmente la esencia que menciona Azparren sobre la magia que tenía el teatro cuando él era director: “A mí siempre me gusta decir que lo más valioso e importante del teatro es su gente. El personal de la gerencia de producción de ese teatro era el mejor, podía ser comparado con el personal del Teatro Colón de Buenos Aires, que es  uno de los cinco mejores del mundo”.

Si la magia del teatro era su gente, el Teresa Carreño se ha quedado sin su “algo” especial. Apenas diez personas son las encargadas del mantenimiento de los 22.586 metros cuadrados que ocupa el complejo, quienes intentan hacer milagros con los limitados recursos de los que disponen. La falta de personal y la inseguridad han sumido al teatro en un rincón oscuro y abandonado, mientras que los encargados y las autoridades pertinentes hacen poco o nada por salvarlo.

 

Por Luis Quiaro y Aylihanys Vargas | @luisQuiaro1510  –  @aylihanysm

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