Cuando la sociedad civil se impuso al poder

Foto: Crónica uno

A principios de agosto de 2018, los caraqueños observaron detrás del obelisco de la Plaza Francia de Altamira, en el extremo que está en dirección a la avenida San Juan Bosco, unas estructuras metálicas y un anuncio blanco con rojo en el que se leía: “Páramo Café. Próximamente”. Todo ocurrió tan rápido que la asociación de vecinos más cercana a la plaza, Arpan, manifestó que no sabía nada. Se le había informado días atrás de un proyecto pero sin ofrecerle detalles: sin fechas específicas, nada. A los pocos días visualizaron que había un local en construcción en la plaza.

El Instituto de Patrimonio Cultural de Venezuela (IPC) declaró la Plaza Francia de Altamira, ubicada en el municipio Chacao, como patrimonio cultural en el 2005. Esto conlleva a que, para la realización de cualquier evento en el espacio o levantamiento de un local, se debe respetar las ordenanzas municipales de uso de parques y espacios públicos, y las ordenanzas que invitan a la conservación del patrimonio cultural. Es decir, se necesita el aval de los vecinos, del concejo municipal y del IPC. Nada de esto se tuvo en cuenta al momento del montaje del kiosco de Páramo Café.

“Nosotros nos enteramos cuando ya era público. Cuando el comercio ya estaba ahí. Nunca vimos el proyecto completo. Le pregunté a las asociaciones de vecinos y ellos tampoco estaban en conocimiento”, dice el presidente del concejo municipal de Chacao, Daniel Godoy.

Como autoridad legislativa del municipio, explica que todo tipo de proyecto debe ser presentado ante el concejo con una planificación clara y específica. “Tenemos que saber bajo qué requisitos se realizan las alianzas, realmente hasta dónde la empresa va a ayudar con el mantenimiento de la plaza, por cuánto tiempo. Se debe justificar desde lo más mínimo; por ejemplo, se va a cambiar la bandera en un mes, se van a conseguir nuevos bombillos, se van a sembrar unas flores. Todo”, agrega.

El alcalde del municipio Chacao, Gustavo Duque, declaró por sus cuentas de redes sociales que la alianza con Páramo Café consistía, principalmente, en que la empresa se encargaría del mantenimiento de la plaza. Luego, anunció la rescisión del acuerdo debido a que el comercio quería evitar polémicas mediáticas e invitó a la reflexión al “pequeño grupo de vecinos que se manifestó de manera agresiva”. Se refería con esto, al parecer, a los chacaoenses que escribieron en sus redes sociales que estaban indignados por la construcción e invitaron a protestar pacíficamente frente al tarantín.

Foto: Globovisión

“Chacao era el municipio per cápita más rico de Venezuela y la crisis pues nos ha afectado bastante. Pero eso no significa que dejaremos de cumplir con los procesos legales y las ordenanzas que guían la conducta de los comerciantes y vecinos que hacemos vida en este municipio.  Chacao es un municipio liberal que siempre ha creído en las alianzas con las empresas privadas, pero la justificación para otorgar la permisología (sic) de un negocio va más allá de que nos digan ‘vamos a regar la grama’. Hay razones por las que a uno se les dice que sí y a otros que no. Entonces, por qué permitir esta instalación si no se habían cumplido los requisitos”, cuestiona Godoy.

Así no lo observa Duque, quien expresó, para Revista Ojo, que este tipo de permisos para “kioscos móviles” se otorga directamente desde el despacho del alcalde en conjunto con la ingeniería municipal y algunos vecinos, ya que lo que se necesita es un “permiso provisional” y, por ende, no se requiere la aprobación de la cámara municipal.

Por su parte, las asociaciones de vecinos Arpan y Aruaca manifestaron que no habían aprobado el proyecto. Así mismo, comentaron que en 24 horas recolectaron las firmas de más de 500 vecinos en desacuerdo con la instalación del local y que el aspecto del kiosco no parecía móvil como puede serlo el de, por ejemplo, un perro calentero.

Luego de la evaluación de cuatro empresas cafetaleras, Duque asevera que Páramo Café era la única con capacidad monetaria para pagar los cuatro años consecutivos de mantenimiento de la plaza. Explicó que el país cada día está más dolarizado y solo un bombillo de la Plaza Francia puede costar entre 25 y 30 dólares. Igualmente, recordó que luego de las protestas opositoras de 2017, el espacio quedó deteriorado y dicha recuperación se ubicó en más de 40 mil dólares.

El problema no es Páramo Café

Se ha especulado con que Páramo Café podría tener algunos vínculos con el Gobierno, debido a los lugares que selecciona la empresa para la instalación de sus locales, ya que los mismos son pertenecientes al Estado: el teleférico de Mérida, en donde es el único comercio abierto; en el hotel Humboldt; en el aeropuerto Maiquetía. No obstante, también tiene sus locales en centros comerciales como el Tolón, ubicado en Las Mercedes; y en la avenida Francisco de Miranda, en el municipio Chacao. Más allá de esto, los vecinos no se atreven a caer en especulaciones. Son otras las razones, dicen, por las que expresaron su disgusto y exigieron procedimientos transparentes.

“A nosotros no nos incumbe la procedencia del dinero de los negocios que se instalen en Chacao. Eso no nos corresponde a nosotros, le corresponde a la alcaldía. La realidad es que la alteración de los vecinos no fue porque era Páramo Café, ya que preferimos mantenernos en el terreno de la certeza, y no guiarnos de la opinión pública. Es la alcaldía la que se debe cuidar y estar atenta a que las inversiones provengan de gente con buena reputación”, dice Gustavo Torres, vecino del lugar y miembro del consejo comunal Norce.

Para Melin Nava, profesora de Facultad de Arquitectura y Urbanismo, en el área de gestión y rehabilitación del patrimonio cultural, y, además, vecina del municipio desde hace casi 20 años, las irregularidades se han presentado a lo largo de los últimos meses. Según ella, son varios los grupos de accionistas de “procedencia dudosa” que están invirtiendo en el municipio Chacao. Resalta, entre ellos, al Grupo Wolf, que recientemente compró el edificio Atlantic e hizo unas construcciones prohibidas en su último piso.

Foto: Construido en Caracas

“Hay varios elementos dudosos. Primero, esta empresa compra uno de los edificios más relevantes del municipio. Luego, se le otorga un permiso sin consultar a los de Páramo Café, que además son conocidos del Grupo Wolf. Yo creo que se debe hacer una investigación minuciosa. La realidad es que el alcalde no le pasó el convenio a nadie y a nosotros no nos interesa si es Páramo Café o Movistar o McDonalds. Nos interesa la transparencia. Además, Chacao siempre ha sido incluyente con sus propios comerciantes. Por qué no se buscaron otros métodos, un concurso abierto. En fin, son tantas cosas. Y, en lo particular, sí me hace dudar. Porque para cualquier negociante es muy difícil costear un espacio en el Humboldt o en el teleférico de Mérida, y esta cadena en tan poco tiempo ha logrado tanto. Repito, nosotros simplemente queremos transparencia”, asevera.

Claudio Gamboa es ingeniero. Entre sus labores se encuentra el asesoramiento en temas de ingeniería y arquitectura al Grupo Wolf y al grupo que lleva la marca de Páramo Café, del que no quiso facilitar un contacto, ni revelar los nombres de los dueños; solo comentó que son alrededor de veinte socios que representan varias marcas.

“El grupo está obstinado. Dicen que los ciudadanos en vez de aportar, solo critican. Ellos querían atender la necesidad de los usuarios que utilizan ese espacio de la plaza. Capaz detrás del obelisco no era el lugar adecuado; pero no por ello es que es incorrecto que se instale un comercio de café”, opinó.

Apunta que Páramo Café es una marca que comenzó hace cinco años y sigue en desarrollo mediante un “trabajo de hormiguita”. Además, dice que son muy pocos los empresarios que están haciendo nuevos proyectos y Páramo Café está aprovechado oportunidades que otros no.

“Si los analizas, Páramo Café es una marca que está posicionando el café venezolano. Como un Starbucks en Estados Unidos. Ellos invirtieron en una hacienda cafetalera que estaba expropiada y a partir de allí comenzaron con el negocio. Hay varias marcas que han surgido por la crisis. En todo tipo de negocios. Desde productos de limpieza hasta comercios como Balú, que trae ropa de Zara y Bershka. Antes estaban presentes muchas más cadenas de comercios internacionales, ahora observamos marcas nacionales. Es muy poca la importación y eso ha beneficiado a algunos en la producción nacional”, agrega.

Municipio protegido

La profesora Nava explica que la instalación, más que una solución, se convertiría en un problema, ya que el local se estaba construyendo dentro de las jardineras originales de la plaza, deteriorando los brocales de piedra. “Eso es un abuso de uso del espacio. Además, entorpece la condición integral de la plaza como patrimonio”, asevera.

Foto: Jesús Medina Ezaine

Tanto Navas, como Godoy y Torres rechazan las acusaciones del alcalde en las que los tildó de vecinos agresivos. Todos manifiestan que lo que más les interesa es la preservación de sus espacios y la transparencia en el municipio. No comprenden el trato despectivo hacia ellos.

Cada vecino de Chacao identifica la Plaza Altamira con alguna época o costumbre específica. Ya sea una celebración de fin de año, alguna marcha opositora, un concierto o feria del libro. Por ende, defienden su territorio. Todos coinciden en que Caracas es una ciudad maltratada, mientras que Altamira busca la modernidad y el auge bajo los principios correspondientes.

“La Plaza Francia es un espacio simbólicamente muy significativo. ¿Cuál es el mensaje desde el punto de vista simbólico? ¿Quieren colonizar? El vecino de Chacao es muy sensibilizado a proteger sus iconos, su patrimonio cultural. Estamos cansados de las situaciones de atropello que desean eliminar nuestros recuerdos. Nuestra memoria. Este mensaje deben comprenderlo tanto funcionarios públicos como empresarios ambiciosos que buscan ganar dinero a costilla de deteriorar nuestra calidad de vida”, opina Nava.

La aspiración de ella, como muchos de su junta vecinal, es la activación de un plan de desarrollo urbano local que reduzca los niveles de discrecionalidades por parte de las autoridades locales al momento de tomar decisiones.

“Hubiésemos reaccionado así sea cual sea el local. Nos quieren despojar de nuestra memoria cultural agrediendo el patrimonio material y como vecinos no lo permitiremos”, sostuvo Navas.

 

Por Claudia Smolansky@clausmolansky 

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