#MemoriasDeLaRevolución: Memoria de mis tristes prepagos

pran Foto: Cristian Hernández | Crónica.Uno

La revolución llegó y dijo ¡Ha muerto la Cuarta República, hoy comienza la historia de la Quinta! Prometieron independencia, soberanía nacional, poder popular. La revolución cumplió su mayoría de edad. Su niñez fue violenta, su adolescencia violenta y cuando cruzó el umbral hacia la adultez, ¿qué cualidad la empezó a caracterizar?

Han surgido criaturas que antes no existieron. Una de ellas son los “pranes”. Los mandamases en las cárceles, jefes del crimen organizado. Desde las celdas controlan las ciudades, ordenan secuestros, extorsiones, asaltos; todos lo saben, pero nadie denuncia nada. La Quinta ha dado independencia y soberanía a la delincuencia. Pero un momento, no pretendo hacer un ensayo.

Virginia Mendoza nació con la revolución. Ella es parte del nuevo hombre, el prototipo humano que la revolución ha prometido como protagonista del renacimiento de una sociedad más consciente de su condición colectiva. Nació en el seno de una familia humilde, que vive en una zona rural. Su niñez fue violenta; su padre murió víctima de la delincuencia cuando ella tenía siete años. Su adolescencia fue violenta; cuando tenía trece años hubo una fuga de la cárcel de la ciudad más cercana a la zona, los prófugos decidieron esconderse en el área rural unos días: una noche, uno de ellos se metió en su casa, golpeó a su madre y a ella, se llevó algunas cosas, dejándole la frustración de saberse indefensa. A los diecisiete se cansó de ser víctima y se convirtió en una prepago al servicio exclusivo del pran de la cárcel de la ciudad. Una de tantas prepagos.

Los pranes, por increíble que parezca, pueden salir algunas noches de la cárcel e incluso llevan consigo dos o tres policías como escoltas. En sus salidas clandestinas suelen visitar algún bar, reunirse con familiares o pasarla en un hotel con una o varias de las chicas llamadas prepagos, cuya obligación es ofrecerles placer sexual.

Para Virginia no fue fácil, pero era eso o resignarse a pasar la vida comiendo sobras de la basura, hacia allí la llevaba el destino. Una amiga le habló de los servicios como prostituta en la cárcel de la ciudad. Le aseguró que el pago valía el riesgo y esfuerzo, podría adaptarse rápidamente. Si lograba pegar con el pran no solamente tendría buen billete, también protección.

Tomó la decisión y en seis meses ya era propiedad exclusiva del pran. Mientras el país se hundía en crisis financiera, Virginia disfrutaba de alimentos en abundancia, buenos teléfonos, buena ropa; no solo se ayudó a sí misma y a su madre, eventualmente se solidarizó con algunos vecinos, quienes comentaban en susurros las sospechas sobre Virginia, sin ofenderla porque estaban conscientes de que la muchacha que no tuvo una vida fácil vio una oportunidad y la aprovechó.

Aunque las fuerzas policiales no son una amenaza para los pranes, corren el peligro de la competencia. Siempre hay otros delincuentes que quieren el control. Los medios de comunicación del país no dicen nada al respecto, pero han ocurrido enfrentamientos con decenas de muertos en la guerra desde la cárcel por el control del crimen.

La prensa no publicó lo que sucedió esa noche. El pran de la cárcel Uribana mandó a buscar a Virginia y a tres chicas más. Salió a la una de la mañana escoltado por tres policías y dos reclusos. Se reuniría con una banda que se dedicaba a robar autos para luego pasar un par de horas en un motel. Fue interceptado en el punto de reunión, desde la misma cárcel uno de los que aspiraba a tomar su lugar organizó el golpe. En el enfrentamiento murieron cuatro mujeres, los dos secuaces, el pran, uno de los policías y dos de la banda que ejecutó el golpe.

Los periódicos, al día siguiente o a los dos días, reseñaron que gracias a un trabajo de inteligencia las fuerzas de seguridad lograron capturar a tres reclusos que se fugaron en la medianoche, y desmantelaron una banda de delincuentes que se dedicaba al robo de vehículos en la ciudad, conformada por cuatro jovencitas y dos hombres de casi cuarenta años de edad. En el enfrentamiento, decían las reseñas, resultó muerto un policía.

Esta es la Quinta República.

 

 

Por Gusmar Carleix Sosa | @gusmarsosa

*Algunos datos fueron cambiados por seguridad.

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